Edición 598
20/07/2008

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Los frutos actuales, por anteriores impulsos
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Tema de la Semana

Edificantes ejemplos
Los frutos actuales, por anteriores impulsos


Testigo de los festejos por el 400º Aniversario del Obispado de Guadalajara, de hace 60 años, el Padre José Gracián Ordaz rememora aquellos hechos y describe, a grandes rasgos, el caminar post-conciliar de la Arquidiócesis



• José de Jesús Parada Tovar

 

A casi 57 años de haber sido ordenado sacerdote en Roma, el Padre José Gracián Ordaz ha presenciado y formado parte de las transformaciones, de los grandes acontecimientos, de las alegrías y tristezas experimentadas por la Arquidiócesis de Guadalajara en la segunda mitad del Siglo XX, marcada por los cambios que trajo consigo el Concilio Vaticano II.

“En el caminar de la Iglesia, la asistencia de Dios es evidente; no puede negarse, aunque cometamos errores y haya tantos problemas”, dice con humildad y firmeza quien, sin pretenderlo, pasó a la historia como el único mexicano, no Cardenal, que asistió a los preparativos de un Cónclave (para la elección de Paulo VI), acompañando entonces al Cardenal José Garibi Rivera como su secretario personal. Se suprimió, por cierto, esa modalidad de dar privilegiado aunque limitado acceso a los asistentes privados de los electores.

Con 80 años recién cumplidos, ya jubilado pero adscrito a la Parroquia de San Martín de Tours, y delicado de salud, el Padre Gracián –hermano mayor de otro sacerdote, Ignacio- recuerda con gusto que en julio de 1948, muy próximo ya a dirigirse a Roma para terminar sus estudios de Teología y emprender los de Sagradas Escrituras, el Sr. Arzobispo Garibi promovió con entusiasmo “una serie de celebraciones, propias de aquel tiempo: Misas Pontificales, eventos artísticos y culturales, festejos, mucho jolgorio, pero poco estudio”.

Destacados pastores de almas

Incluso desde antes del Concilio Vaticano II hubo sacerdotes que se adelantaron a esos tiempos de renovación, trabajando en la promoción humana y social, como el Sr. Canónigo José Toral Moreno, animador del deporte para la juventud, así como otros que se preocuparon por los obreros y empleados, por el desarrollo integral de la mujer, sobre todo a través de la Acción Católica, según apunta el entrevistado.


“El sacerdote de hoy debe asumir las palabras de San Pablo: ‘Argue, obsecra, increpa in omni patientia et doctrina’; esto es, no hay tiempo de descansar, porque mientras más difícil la tarea, más hay que trabajar, sin rendirnos”.
P. José Gracián O.

“Todavía hay muchísimos Padres muy buenos, párrocos ejemplares, grandes beneméritos de sus pueblos y comunidades, tal como los hubo muy notables en otros tiempos, como los Señores Curas Rafael Meza Ledesma (quien lo envió al Seminario), José Villaseñor Plancarte, Telésforo de Alba de la Mora, Ambrosio González Gallo, Arturo Sánchez Espinoza, J. Guadalupe Padilla Lozano y, más recientes, Federico Gutiérrez Contreras y Loreto Gómez Álvarez, sólo por mencionar a unos pocos que me vienen a la mente”, comenta el Padre Gracián. Y explica su advertencia:

“A muchos de esos clérigos se les admiraba por su celo pastoral, por generosos, serviciales, preocupados por su gente y cercanos a ella… Porque al Pueblo de Dios le gusta que lo traten bien”.

Sin embargo, enfatiza: “Claro, en el fondo de todo ese auge eclesial influía la mano de los Obispos. Tanto el Sr. Francisco Orozco y Jiménez como Don José Garibi Rivera impulsaron enormemente la Diócesis con su obra callada y constante, a pesar de tiempos de persecución, de destierros y de limitaciones de toda clase”.

Los tiempos de adecuación

Con admirable precisión, enseguida describe: “Le observé y aprendí al Sr. Garibi su manera de gobernar. Era muy dueño de su autoridad; acataba las disposiciones de la Santa Sede, pero las normaba aquí; sentía el derecho y la obligación de señalar y de hacerse obedecer. Por ejemplo, para aplicar los cambios del Concilio, él estableció tiempos y formas, sin dejar lugar a ocurrencias o improvisaciones, pues tampoco le marcaban plazos para cumplir las órdenes o recomendaciones.

“Gracias a esa dosificación y personal supervisión, aquí no hubo crisis post-conciliar, a excepción de algunos Padres inquietos y otros pocos que dejaron el ministerio. El Cardenal Garibi Rivera, en 33 años de regir la Arquidiócesis, supo custodiar su rebaño con prudencia. Como Padre Conciliar que fue, estaba convencido de que quien manda es Dios, y de que la necesaria actualización de la Iglesia, orientada por el Papa, debía ser gradual”.


Trayectoria ministerial

Tapatío de nacimiento, el Pbro. José Gracián Ordaz es Licenciado en Teología y en Sagradas Escrituras. En el Seminario Diocesano Menor fue Prefecto y Director Espiritual, además de que impartió clases de Latín, Griego Bíblico y Hebreo. Fue sucesivamente Capellán de la Cruz Roja local, de Nuestra Señora de la Piedad, de Nuestra Señora del Pilar y de Capuchinas, así como Capellán y Confesor de Religiosas.

Vicario de la Parroquia de San Luis Gonzaga y Adscrito a la de San Martín de Tours.

Por 11 años, Director Diocesano de las Obras Pontificias Misionales, y dos años Secretario Auxiliar de la Delegación Apostólica, en México, D.F.

 

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