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“Todavía hay muchísimos Padres muy buenos, párrocos ejemplares, grandes beneméritos de sus pueblos y comunidades, tal como los hubo muy notables en otros tiempos, como los Señores Curas Rafael Meza Ledesma (quien lo envió al Seminario), José Villaseñor Plancarte, Telésforo de Alba de la Mora, Ambrosio González Gallo, Arturo Sánchez Espinoza, J. Guadalupe Padilla Lozano y, más recientes, Federico Gutiérrez Contreras y Loreto Gómez Álvarez, sólo por mencionar a unos pocos que me vienen a la mente”, comenta el Padre Gracián. Y explica su advertencia: “A muchos de esos clérigos se les admiraba por su celo pastoral, por generosos, serviciales, preocupados por su gente y cercanos a ella… Porque al Pueblo de Dios le gusta que lo traten bien”. Sin embargo, enfatiza: “Claro, en el fondo de todo ese auge eclesial influía la mano de los Obispos. Tanto el Sr. Francisco Orozco y Jiménez como Don José Garibi Rivera impulsaron enormemente la Diócesis con su obra callada y constante, a pesar de tiempos de persecución, de destierros y de limitaciones de toda clase”. Los tiempos de adecuación Con admirable precisión, enseguida describe: “Le observé y aprendí al Sr. Garibi su manera de gobernar. Era muy dueño de su autoridad; acataba las disposiciones de la Santa Sede, pero las normaba aquí; sentía el derecho y la obligación de señalar y de hacerse obedecer. Por ejemplo, para aplicar los cambios del Concilio, él estableció tiempos y formas, sin dejar lugar a ocurrencias o improvisaciones, pues tampoco le marcaban plazos para cumplir las órdenes o recomendaciones. “Gracias a esa dosificación y personal supervisión, aquí no hubo crisis post-conciliar, a excepción de algunos Padres inquietos y otros pocos que dejaron el ministerio. El Cardenal Garibi Rivera, en 33 años de regir la Arquidiócesis, supo custodiar su rebaño con prudencia. Como Padre Conciliar que fue, estaba convencido de que quien manda es Dios, y de que la necesaria actualización de la Iglesia, orientada por el Papa, debía ser gradual”. Trayectoria ministerialTapatío de nacimiento, el Pbro. José Gracián Ordaz es Licenciado en Teología y en Sagradas Escrituras. En el Seminario Diocesano Menor fue Prefecto y Director Espiritual, además de que impartió clases de Latín, Griego Bíblico y Hebreo. Fue sucesivamente Capellán de la Cruz Roja local, de Nuestra Señora de la Piedad, de Nuestra Señora del Pilar y de Capuchinas, así como Capellán y Confesor de Religiosas. Vicario de la Parroquia de San Luis Gonzaga y Adscrito a la de San Martín de Tours. Por 11 años, Director Diocesano de las Obras Pontificias Misionales, y dos años Secretario Auxiliar de la Delegación Apostólica, en México, D.F.
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