Denles ustedes de comer
Publicado en web el 31 de Julio, 2008Nuestra Madre Iglesia presenta un pasaje del santo Evangelio que muestra la inefable compasión dispensada por Jesús ante el pueblo ávido de encontrarse con Él, y la exhortación a sus discípulos para colaborar en la repartición del pan, auténtico símbolo de Vida (Mt 14, 13-21).
Cuando el Señor parte los panes, abundan los alimentos
El evangelista anota que al ser informado Jesús de la violenta muerte del Bautista, se retiró a un lugar solitario. Jesús debió de estar poderosamente consternado por lo acontecido a su Precursor, y fue en busca del auxilio que viene del Señor (véase Sal 18, 2-4). Pero la turba siguió a Jesús, pues deseaba verlo. Él “se compadeció de ella y curó a los enfermos” (v. 14). Jesús manifestó así la compasión y clemencia de Dios, alabada por el orante (véase Sal 144). Y como ya se hacía tarde, los discípulos recomendaron a su Maestro que despidiera a la gente. Él replicó: “No hace falta que se vayan. Denles ustedes de comer” (v. 16). Ellos contestaron no tener más que cinco panes y dos pescados. Jesús, habiéndolos bendecido, “partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente” (v. 19). Aquella multitud comió hasta saciarse, y “con los pedazos que habían sobrado se llenaron doce canastos” (v. 20). Enseña San Jerónimo: “Cuando el Señor parte los panes, abundan los alimentos”.
Es de gente bien nacida ser agradecida
Cuando Jesús realizaba estos signos actuaba siempre solo. No obstante, éste es el único milagro en el que se hace ayudar por sus discípulos. Repartir el pan significa prolongar la generosidad de Dios; más aún, repartir el pan significa participar del Misterio mismo de Jesús, que es el Pan de la Vida que ha bajado del Cielo (véase Jn 6, 41). Con el mandato de repartir el pan, Jesús invitó a los suyos a tener sus mismas disposiciones. Comprar, corresponde a las leyes económicas de la sociedad, mientras que dar, recuerda la gratuidad del Reino, la generosidad y el amor del Señor Jesús por nosotros. Jesús nos enseña que el amor que conduce a compartir lo que se tiene, asegura la abundancia y libera de la injusticia social.
Todo este pasaje apunta de manera directa a la Sagrada Eucaristía, expresión total del don de Jesús, quien se comparte al constituirse en Palabra y Pan de Vida, ofrecido a nosotros a través de su Iglesia; de ahí debería partir, pues, honda gratitud a nuestra Madre Iglesia, porque como se nos ha enseñado: “Es de gente bien nacida ser agradecida”.
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