LA PALABRA DEL DOMINGO ¿Dónde está tu tesoro?
Publicado en web el 24 de Julio, 2008
El santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia presenta hoy, comprende imágenes que invitan a discernir los verdaderos valores del Reino: el tesoro, la perla fina, aquellos peces comestibles cuidadosamente separados por los pescadores, de los detritus de la pesca, y la comprometida sabiduría del Escriba, que se ha hecho discípulo del Reino (Mt 13, 44-52).
Cristo es el tesoro supremo y la perla preciosa
Casi al final del capítulo trece del Evangelio según San Mateo, aparece un par de parábolas que muestran al Reino de los Cielos ser semejante a un hombre que, al encontrar un tesoro en un campo, “lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo” (v. 44); asimismo, el Reino se parece a un hábil comerciante que, al hallar una perla de gran valor, liquida sus haberes para poder adquirirla (vv. 45-46). El que descubre el Reino prescinde de todo para gozar de él. Orígenes se refiere a Cristo como autobasileía; es decir, que la persona misma de Cristo manifiesta el Reino. Recordemos el fundamento del discernimiento paulino: “Juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo” (Flp 3, 8). Por consiguiente, a partir de nuestra fe cristiana, consideramos que Cristo es el tesoro supremo y la perla preciosa.
El tesoro del biblista cristiano
Después de que sus discípulos contestaron a Jesús haberlo comprendido, les dijo: “Por eso, todo Escriba instruido en las cosas del Reino de los Cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas” (v. 52). El deseo de participar la Palabra surge de una fe fuerte convertida en vida, como el referido maestro, que extrae de su propio tesoro. Notemos el hecho de que se trata de su tesoro, lo cual implica que el doctor judío, hecho discípulo de Cristo, recurra a cosas nuevas y antiguas, que tiene dentro, y tome así la Palabra de la verdad de su vida. No la toma de aquí y de allá, no la distribuye sin antes haberla hecho suya. Este elogio del biblista cristiano nos lleva a sospechar del tesoro del evangelista Mateo: ¿Será acaso su discreta firma? La cuestión, no obstante, gira en torno al lugar en que debemos poner el corazón, porque Jesús claramente nos enseña: “Donde esté tu tesoro allí estará tu corazón” (Mt 6, 21). Y… tu tesoro, ¿dónde está?
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