XXIII Jornada Mundial de la Juventud Viviendo un Nuevo Pentecostés
Publicado en web el 24 de Julio, 2008La delegación mexicana de Pastoral Juvenil que acudió a esta reunión mundial estuvo compuesta por 60 jóvenes de diversas Diócesis de la República
Mónica Livier Alcalá Gómez
Enviada especial
Sydney. En estas tierras australianas del Espíritu Santo, alrededor de 500 mil jóvenes se dieron cita para compartir la fe, transmitirla y testimoniarla.
Fue una semana de intensa preparación y catequesis acerca de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad y sus dones, con lo cual los jóvenes pudieran empaparse del conocimiento y el amor al Paráclito, y al fin de la jornada, colmados de sus sus dones, pudiesen regresar a sus lugares de origen para transmitirlos a sus hermanos.
La delegación mexicana de Pastoral Juvenil que acudió a esta reunión mundial estuvo compuesta por 60 jóvenes de diversas Diócesis de la República Mexicana, y tuvo como punto de reunión para recibir dichas catequesis, un pequeño poblado llamado Black Dow, donde compartió las reflexiones con muchachos españoles, venezolanos, peruanos y de otras naciones del mismo idioma. Las catequesis fueron impartidas por Obispos y otros dignatarios, culminando la clausura de estos trabajos con la presencia del Cardenal Arzobispo de Cataluña, España.
El miércoles, al finalizar la Eucaristía, la representación mexicana entregó a la Parroquia del Sagrado Corazón, en el lugar sede de dichas conferencias, una imagen de la Virgen de Guadalupe, siendo recibida con gran regocijo de parte de la comunidad, cuyo párroco anunció que sería colocada en un lugar privilegiado del pequeño templo y se le entronizaría de manera solemne.
Recibimiento al Papa
El jueves 17 fue, por fin, el ansiado arribo de su Santidad el Papa Benedicto XVI al Puerto en Barangaroo, donde alrededor de 200 mil jóvenes lo esperaban para darle la bienvenida a la Jornada y proclamarlo como su guía y maestro espiritual.
El Papa llegó, vía marítima, en un “Ferry”, acompañado de Sacerdotes, Obispos y Cardenales, así como también por algunos jóvenes de diversas nacionalidades, que tuvieron la dicha de viajar junto a él. Al desembarcar, el entusiasta grito de “Be-ne-de-tto”, tan característico en la Jornada anterior en Colonia, Alemania, se volvió a escuchar y resonó en todo el Puerto de Sidney, de cuyos edificios contiguos comenzaron a salir cientos de personas que se sumaron al saludo de bienvenida al Pontífice.
Tras una breve Liturgia de la Palabra, el Santo Padre dirigió a los peregrinos un mensaje, y les aseguró que estas Jornadas llenaban de esperanza a la Iglesia, puesto que los jóvenes han sido siempre “el futuro de todo sistema y de toda sociedad”.
Viacrucis que inspira
Teniendo como escenario la célebre “Ópera House” de Sidney, el viernes 18 se llevó a cabo el tradicional Viacrucis de las Jornadas, transmitido desde el Puerto de Barangaroo, sede de muchos de los eventos de este encuentro.
“Hay muchas cosas que tienes que vencer para estar acá: Primero las dificultades del dinero, el largo viaje, y después, ya aquí, la tentación de no vivir estos momentos con intensidad. Mas el hecho de preferir estar reviviendo la Pasión del Señor antes que andar divitiéndose, habla, sin duda, de una juventud comprometida y llena de fe”, expresó Daniela, una chica peruana asistente a esta Jornada.
Velada que encendió multitudes
Fueron diez kilómetros los que se hubieron de recorrer en peregrinación, desde la Estación Central de Sidney hasta el Hipódromo de Randwick, para acceder al lugar donde se celebrarían los actos de Clausura del Encuentro. Interminables filas de jóvenes vieron pasar los asombrados australianos por sus calles, muchos de los cuales se dejaban contagiar por la alegría y el entusiasmo juvenil que ni por el cansancio de la larga caminata pudieron disminuir, con tal de ir al encuentro del Señor y de sus representante en la Tierra.
Tambores africanos, guitarras italianas, voces mexicanas se mezclaban con los cantos característicos de distintos países, acompañando aquella marcha.
Finalmente, por la noche, el arribo del Papa al Hipódromo hizo estallar la alegría. Fue el Santo Padre quien presidió la Velada de adoración al Santísimo Sacramento, cuya fe y amor habían reunido a esa gran multitud. Miles y miles de velas fueron encendidas en todo el Randwick, convirtiendo aquel lugar en un iluminado cenáculo de oración, fervor y alabanzas.
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