Al paso de la luz #602
Publicado en web el 14 de Agosto, 2008Por: Esegé |
Esta es una severa iglesia franciscana, huella viva del espíritu apostólico, de la entrega en alma y vida con que se dieron los misioneros a los habitantes de Apulco.
El templo es sólido: muros de piedra y torre de volúmenes pesados, como para ir a correr el tiempo, a vencer los siglos, a dar cobijo a muchas generaciones de este pueblo.
Para probarlo está ahí la cruz atrial que ponían antes en la puerta del templo para contar desde ahí a los cuatro vientos, tantos y cuales cordeles, medida de la población.
Tiene la cruz sus artificios, señales de veneración significada en los abanicos de piedra, como si los hubieran trabajado en blando papel de china, que pusieron sobre el signo.
Ya supieron los habitantes de San Pedro Apulco que con esa cruz al frente, como una coraza, como promesa de eternidad, podían traer a su pueblo todas las bendiciones.
Así lo saben, así lo han vivido los habitantes de este lugar tendido en la estepa zacatecana, y han salido venturosamente ilesos en todas las calamidades de su historia.
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