5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Palabra del Domingo | Edición:

Tú eres el hijo de Dios

Publicado en web el 8 de Agosto, 2008

Juan López Vergara

Nuestra Madre Iglesia presenta hoy un pasaje del santo Evangelio que nos exhorta a tener bien abiertos los ojos de la fe para no confundir al Señor con un fantasma, como ocurrió a sus seguidores. Ante semejante confusión, Jesús realizó un hecho portentoso, que provocó la confesión de fe de sus discípulos (Mt 14, 22-23).

Desear con el deseo de Dios

Después de la multiplicación de los panes, Jesús pidió a sus discípulos que se adelantaran, mientras Él despedía a la gente; luego “subió al monte, a solas, para orar” (v. 23). La oración de Jesús manifiesta su comunicación permanente con el Padre, de quien acaba de dar testimonio de su amable y generosa solicitud por su pueblo (véase Mt 14, 19). Esta breve pero sustanciosa introducción, cuyo centro es la oración del Señor, es el marco de lectura adecuado para el relato del encuentro con sus discípulos. El motivo más hondo de la oración de Jesús consistió siempre en su profundo anhelo de desear con el deseo de Dios (compárese Jn 8, 29).

Los discípulos confiesan su fe

Se trata de un pasaje rico en símbolos: la tempestad, el agua y la noche evocan las fuerzas del mal; la barca alude a la Iglesia, de la que Pedro aparece como su portavoz. Cuando Jesús se les acercó caminando sobre las aguas, la barca estaba mar adentro y era de noche. Los discípulos, atemorizados, lo confundieron con un fantasma. Pero Jesús les dijo: “Tranquilícense y no teman. Soy yo” (v. 27). Jesús declaró quién era, pero no lo hizo empleando su nombre, sino que utilizó la expresión con la que Dios se da a conocer en el Antiguo Testamento (compárese. Ex 3, 14). Pedro, entonces, le pidió que si de verdad era el Señor le concediera caminar sobre las aguas. Jesús se lo permitió. Sin embargo, Pedro se asustó y comenzó a hundirse, por lo que gritó: “¡Sálvame, Señor!” (v.30). Jesús le tendió su mano, y mostró cómo el poder de Dios sobre las aguas del caos actuaba por Él, lo cual suscitó la confesión de fe de sus discípulos: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios” (v. 33).

Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes responder o hacer un trackback desde tu sitio.

Responder

XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>


  • Artículos relacionados

  • Más en esta Sección

  • Todas las secciones

  • Números Anteriores

  • Enlaces


  • Publicidad












 
2012 Semanario – Órgano de formación e información Católica - | Entradas (RSS) | Comentarios (RSS)