5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Palabra del Domingo | Edición:

¡Ganar para Cristo a mi hermano!

Publicado en web el 4 de Septiembre, 2008

Juan López Vergara

En el pasaje del Santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia ofrece hoy, Jesús nos invita a vivir con franca responsabilidad una de las más difíciles facetas de la caridad cristiana: la corrección fraterna, y revela que la comunidad es el ‘lugar cristológico’ por excelencia (Mt 18, 15-20).

‘Quien bien te quiere, te hará sufrir’

La perícopa evangélica pertenece al discurso mateano sobre la vida en comunidad, que abarca el Capítulo 18. Le antecede la Parábola de la oveja perdida, de la que nuestro texto es una aplicación práctica, pues Jesús concientiza a sus discípulos sobre su compromiso de esforzarse por recuperar al hermano extraviado. El pecado es una ofensa que crea división en la comunidad. Es por eso que Jesús no prescribe al ofensor para que sea él quien vaya a pedir perdón, sino, al contrario, el ofendido es el que debe tomar la iniciativa, para mostrar que ha perdonado y facilitar así la reconciliación, que de ser necesario deberá hacerse hasta en tres pasos. Primero, “si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano” (v. 15). El texto griego habla de ‘ganar al hermano’, que es el término con que los misioneros  expresaban su alegría por haber atraído a alguien a la fe en Cristo (Cf. I Co 9, 19-22; I Pe 3, 1). Pero si el hermano se rehúsa a reconocer su falta, en segundo lugar, aconseja Jesús: “hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos” (v. 16). Se trata de que otros miembros de la comunidad apoyen y testifiquen la oferta de reconciliación (Cf. Dt 19, 15). Por último, si el ofensor tampoco acepta el arbitraje, negándose a restablecer la unidad, entonces Jesús recomienda al discípulo decírselo “a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano” (v. 17). ‘Quien bien te quiere, te hará sufrir’, dice el refrán, que subraya no el sufrir cuanto el querer; es decir, quien bien te quiere te corregirá, al comportarse realmente como una voz amiga.

La presencia de Jesús

Jesús, enseguida, advierte que el rechazo realizado por la comunidad quedará ratificado en el cielo (véase v. 18); y cierra con la esperanzadora promesa de que “si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá, pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí yo estoy en medio de ellos” (vv. 19-20). La eficacia del acuerdo se debe a la presencia de Jesús entre los que apelan a Él. No debemos, por tanto, asumir las decisiones a la ligera, sino a partir de la fe, saber que contamos con la presencia de Jesús en medio de nuestra comunidad, y pedirle que nos enseñe a ser humildes para dejarnos ayudar cuando nos extraviemos, como también buscar ganar para Cristo al hermano que haya tenido la desgracia de perder el Camino.

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