5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Varios | Edición:

Festejo al Obispo Serafín en Zapotlán Que nunca te sientas solo… y siempre estés alegre

Publicado en web el 25 de Septiembre, 2008

Originario de Xaltocan, Tlaxcala, donde nació el 13 de septiembre de 1922, Don Serafín Vázquez fue ordenado sacerdote el 2 de mayo de 1948 por el Arzobispo de Puebla, Don Ignacio Márquez, y consagrado Obispo por el hermano de éste y también Metropolitano de Puebla, Don Octaviano Márquez, el 29 de mayo de 1968

Pbro. Alberto Ávila Rodríguez

Los números, juntos, suman un siglo; son 60 y 40.  En una misma persona, ambas cifras nos hablan de la intensidad de una existencia; son 60 de la vida de un sacerdote, el pastor al servicio de su pueblo “en las cosas que se refieren a Dios”, y son 40 los años culminantes de esa entrega con el don episcopal. Obispo es el nombre del cargo; ser cristiano es la gracia recibida, dijera San Agustín de Hipona.
El 15 de septiembre pasado fue el día en que don Serafín Vázquez Elizalde se reencontró con su pueblo, sacerdotes, fieles y amigos, en este año que ha sido de plenitud  y de cosecha segura en el granero de su corazón.

Solemne liturgia

Decenas de presbíteros de las Diócesis zapotlense y de Huejutla, que él gobernó, y otros provenientes de las Arquidiócesis de Guadalajara y de Puebla, se dieron cita en la Iglesia Catedral de Señor San José, de Ciudad Guzmán, donde celebró estas conmemoraciones, ya como Obispo Emérito, mirando con gratitud tanto el pasado como el presente.
Fueron años de labores sin tregua y de agradecidas memorias, sobre todo aquélla, cuando, “la multitud de damnificados por el sismo del 19 de septiembre de 1985, se encontró en medio de ellos y de sus sufrimientos al Obispo, al Padre y al Pastor que les llevó consuelo, aliento y el ofrecimiento de esperanzas”. Valga esta cita sólo  como una flor del sufrimiento de un pueblo a quien lo acecha la tribulación, pero al cual hoy lo refuerzan la gratitud y la esperanza.

“Como Obispo y sonajero”

Fue el Obispo Residencial de Ciudad Guzmán, don Braulio Rafael León Villegas, quien exaltara en su homilía la trayectoria ejemplar del pastor y del pueblo por él guiado; de un pastor al cual su iglesia y sus fieles siempre lo han sentido cercano, y que, como muestra de reconocimiento en esta efeméride, le obsequiaran un sombrero de sonajero y su propia sonaja, “para que nunca se sienta solo”.
Éste ha sido un Obispo, se señaló, que pudo siempre sintonizar su labor pastoral con la Eclesiología del Concilio Vaticano II, y supo enmarcarla en las dimensiones de una Latinoamérica pobre y empobrecida.
Esto lo dejó bien claro don Serafín, cuando al finalizar el Curso de Pueblo Nuevo en 1983, dilucidó una triple opción para su Diócesis, sus sacerdotes y su gente: “Por los pobres… por las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs)… por los jóvenes… delante de Dios, que vive en nuestras comunidades”.
Posteriormente a la Celebración Eucarística, en el recinto del Seminario, donde se reunieron los amigos, los pastores, el pueblo de Dios; ahí donde se aprende a ser Pastor, pudo leerse una frase escueta: “Gracias por tu trabajo”; una frase que resumía 22 años al frente de esta Diócesis; una frase que hablaba de una vida de aciertos, pero también de aquellos días en que las cosas no llegaron a salir bien, o cuando el diagnóstico no fue certero. Así es la vida; mas, tratándose de una vida como ésta, siempre permanecerán brillando en el  horizonte la gratitud y la esperanza.

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