Llamado, respuesta y misión ¿Cuál es nuestra vocación?
Publicado en web el 18 de Septiembre, 2008Sin distinción de sexo, raza o edad, todos estamos llamados por Dios a cumplir con una misión en la vida, la cual se materializa por medio de nuestra vocación; sin embargo, no siempre estamos preparados para dar una respuesta favorable
La Palabra vocación proviene del latín vocare, que significa llamado. La vocación esta compuesta de tres partes: el llamado, la respuesta y la misión a la que se es llamado.
Como es de saber, Dios llama, la persona responde y es enviada a una misión. En el Libro de los Hechos de los Apóstoles, 9,1-21, encontramos la vocación de San Pablo junto con la de Ananías.
A la escucha de la voz de Dios
El texto dice así: “Mientras iba de camino, ya cerca de Damasco, le envolvió de repente una luz que venía del cielo. Cayó al suelo y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Preguntó él: “¿Quién eres tú, Señor?” Y Él respondió: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Ahora levántate y entra en la ciudad. Allí se te dirá lo que tienes qué hacer.” (V. 3-6).
Vivía en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor lo llamó en una visión: “Ananías”. Respondió él: “Aquí estoy, Señor.” Y el Señor le dijo: “Vete enseguida a la calle llamada Recta y pregunta en la casa de Judas por un hombre de Tarso llamado Saulo. Lo encontrarás rezando, pues acaba de tener una visión:…” (V. 10-12).
Dios llama continuamente a cada persona a vivir su vocación. Ciertamente que el llamado no es como sucedió con estos dos personajes con una visión, pero esto no quita que sea real. Ahora, una voz dentro, la voz de Dios que habita en cada persona, es la que nos da la certeza del llamado, y puesto que nosotros cristianos católicos sabemos que hay vocaciones específicas como es el matrimonio, el sacerdocio, la vida religiosa o consagrada y la soltería, sabemos que es necesario responder de manera firme y responsable a esa vocación a que Dios nos llama.
Conciencia de la vocación
Desde el punto de vista vocacional, Lucas, en el capítulo 9 de los Hechos de los Apóstoles, relata el llamado de San Pablo. En el mismo libro, capítulo 22,6-10 y 26,12-18, Pablo hace referencia a su vida y narra su vocación. Con esto podemos constatar cómo la ve y la vive.
La manera en que percibimos el llamado a un estilo de vida específico, es muy personal y única.
San Pablo vivió su vocación día con día, momento a momento, y de esto podemos estar seguros al leer sus Cartas, en que continuamente hace referencia a su unión con Cristo, su amor por Cristo; considerar todo basura con tal de ganar a Cristo; su constante predicación del Evangelio a tiempo y destiempo; sus viajes para llevar a los lugares más estratégicos el mensaje de Jesús. También hace referencia a su misión concreta (Cf. Rom 15, 14-21). Como vemos, él tenía muy marcada su vocación y muy clara su misión y estaba convencido de su llamado.
¿Qué perseguimos en la actualidad?
Actualmente, a los jóvenes, niños y adolescentes que están sintiendo o en búsqueda de su vocación, es necesario hablarles de las diferentes vocaciones. Así podemos evitar la ignorancia que es común cuando escuchamos a alguien que dice no haber creído que podía ser sacerdote, o de quien no sabe nada sobre la vida religiosa. Incluso encontramos matrimonios dudosos que pensaron que casarse era la única opción que tenían.
En 1 Cor 7,8, y 32, San Pablo hace referencia a la vida de soltería; en el v. 8, sugiere que de preferencia los solteros y las viudas se queden como están, pero que si no es posible, dada la naturaleza humana, más vale casarse que consumirse; en el v. 32, dice que este llamado es para agradar a Dios y servirle.
En este mismo texto de 1 Cor 7, Pablo hace alusión a su estado de vida. En aquel tiempo no existía la vida consagrada como ahora la conocemos, pero él sería un consagrado y misionero, ya que no encontramos que ejerciera un ministerio de otro tipo.
Que Dios nos haga dignos
Concluyendo con este tema muy rico y del que ciertamente podríamos hablar más detalladamente, recordemos esta frase de 2 Tes 11, “…Oramos siempre por ustedes, para que Dios los haga dignos de la vocación a la que los ha llamado, y con su poder lleve a efecto, tanto los buenos propósitos que han formado, como lo que ya han emprendido por la fe.”
Ahora es bueno hablar de la santidad. Vocación universal a la que todos los fieles cristianos somos llamados, y que próximamente abordaremos.
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