5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz #612

Publicado en web el 23 de Octubre, 2008

Por: Daniel León Cueva |

-¡Mira nomás el panzazo que acaba de darse Martín con su brinco. Y ni está tan hondo!-

-¡Ey, no se la pasen riéndose; ya dejen el árbol; aviéntense como yo!… Tú, Luis; tú, Beto, no sean coyones…

Ya se había puesto de acuerdo la camada de muchachos. Habían quedado de verse en el paseo del muelle. Ahí mismo, pasando el campo de futbol, donde las familias de Ajijic y tantos visitantes acostumbraban ocupar los comederos populares a la sombra de estos árboles, hoy hundidos en el agua.

Este es el nuevo panorama en la Ribera de Chapala por esos rumbos. Se anegaron los terrenos aledaños; se inundaron restaurantes, sembradíos, playitas… Con eso de que hubo tantos rezos a la Virgen de Zapopan para que se recuperara la laguna…

Mientras tanto, ¡a poner en acción el verbo “chapalear”!, que es menear cadenciosa o abruptamente el agua; hacer olas, pues. Y qué mejor que en el rebosante y mismísimo Chapala.

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