5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Página Vaticana | Edición:

Año Paulino La Cruz como centro de la vida

Publicado en web el 13 de Noviembre, 2008

En la audiencia general del 29 de octubre, celebrada en la Plaza de San Pedro, en la que participaron 20 mil personas, el Papa habló sobre la teología de la Cruz de San Pablo. Recordó que el Apóstol de las Gentes, tras la experiencia del camino de Damasco, cambió totalmente su existencia, que “quedó marcada por el significado central de la Cruz: entendió que Cristo había muerto y resucitado por todos y por sí mismo. En la Cruz se había manifestado el amor gratuito y misericordia de Dios.
“Para San Pablo -continuó-, la Cruz tiene un lugar principal en la historia de la Humanidad y es el punto central de su teología, porque decir Cruz quiere decir salvación, como gracia para todas las criaturas. El tema de la Cruz de Cristo se convierte en un elemento esencial y primario de la predicación del Apóstol”.

La Cruz divide

Benedicto XVI puso de relieve que el “escándalo y necedad” de la Cruz, a la que se refiere San Pablo, están precisamente “en el hecho de que donde parecen reinar sólo el fracaso, el dolor y la derrota, es donde se manifiesta todo el poder del Amor infinito de Dios.
“Si para los judíos el motivo del rechazo de la Cruz se halla en la Revelación, es decir, la fidelidad al Dios de los Padres, para los griegos, o sea los paganos, el criterio de juicio para oponerse a la Cruz es la razón. Para estos últimos, la Cruz es muerte, necedad, literalmente insipiencia, esto es, un alimento sin sal. ¡Era claramente inconcebible creer que un Dios pudiese terminar en una Cruz! Hoy vemos cómo esta lógica griega es también la lógica común de nuestro tiempo.
“¿Por qué San Pablo -preguntó el Pontífice- hizo precisamente de la palabra de la Cruz el punto fundamental de su predicación? La respuesta -dijo- no es difícil: la Cruz revela “la potencia de Dios”, que es diversa del poder humano; revela su amor”.

La Cruz salva

Para el Apóstol, “Cristo crucificado es sabiduría porque manifiesta realmente quién es Dios; es decir, potencia de amor que llega hasta la Cruz para salvar al hombre. Dios se sirve de modos e instrumentos que a los seres humanos -de entrada- parecen sólo debilidad. El Crucificado desvela, por una parte, la debilidad del ser humano, y por otra, la verdadera potencia de Dios, la gratuidad del amor: precisamente esta total gratuidad del amor es la verdadera sabiduría”.
El Santo Padre señaló que en la segunda carta a los Corintios, Pablo expresa “en dos afirmaciones fundamentales una admirable síntesis de la teología de la Cruz: por una parte, Cristo, a quien Dios ha tratado como pecado en favor nuestro, murió por todos; por otra parte, Dios nos ha reconciliado consigo, sin imputarnos nuestras culpas. De este “ministerio de reconciliación” es rescatada toda esclavitud.
“San Pablo renunció a su propia vida entregándose totalmente por el ministerio de la reconciliación, de la Cruz, que es salvación para todos nosotros. Esto es lo que debemos hacer también nosotros: Podemos encontrar nuestra fuerza precisamente en la humildad del amor y nuestra sabiduría en la debilidad de renunciar para entrar de esta manera en la fuerza de Dios. Tenemos que formar nuestra vida sobre esta verdadera sabiduría: no vivir para nosotros mismos, sino vivir en la fe en aquel Dios del que todos podemos decir: “Me amó y se entregó por mí”, terminó diciendo el Papa. (VIS)

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