El mundo es un cosmos
Publicado en web el 6 de Noviembre, 2008
Benedicto XVI recibió, la semana pasada, a los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias, que celebraron su sesión plenaria, en Roma. No pasaría de ser una nota más si no nos fijamos en algunos aspectos importantes de lo que significa un encuentro de este tipo.
Para los que afirman que la Iglesia católica se opone al desarrollo científico, hay que decir que la Pontificia Academia de la Ciencia es la primera asociación científica del mundo, con más de 400 años de existencias (fundada en 1603). Galileo Galilei fue miembro de esta Academia. De hecho, gracias al apoyo que recibió de ella, pudo financiar la mayoría de sus obras científicas. Otro ejemplo es el del sacerdote belga, George Lemaître, que propuso la teoría del Big-Bang (la gran explosión) como una posible explicación del origen temporal del universo. Esta teoría es examinada con gran interés por los científicos por los recientes descubrimientos acerca de un eco en el universo que podría ser el resultado de esta gran explosión.
Actualmente es la única Academia de las Ciencias con carácter supranacional existente en el mundo. Tiene como fin honrar la ciencia, asegurar su libertad y favorecer las investigaciones, que constituyen la base indispensable para el progreso de las ciencias. Forman parte de ella 80 Académicos de nombramiento pontificio, propuestos por el Cuerpo Académico y elegidos sin discriminación de ningún tipo entre los más insignes cultivadores de ciencias matemáticas y experimentales de cada país.
En la presente reunión anual de esta Academia, cuyo tema fue “Perspectivas científicas sobre la evolución del universo y de la vida”, el Santo Padre afirmó, en su discurso, que tanto Pío XII como Juan Pablo II pusieron de relieve que “no existe una oposición entre la comprensión por la fe de la creación y la evidencia de las ciencias empíricas. La filosofía, en sus primeras etapas, había propuesto imágenes para explicar el origen del cosmos sobre la base de uno o más elementos del mundo material. Este génesis no se consideró una creación, sino más bien una mutación del origen del mundo”.
Pues bien, apunta el Pontífice, “para desarrollarse y evolucionar, el mundo debe ser en primer lugar, y por tanto tiene que proceder de la nada para poder ser. Es decir, debe ser creado por el primer Ser, que es tal en esencia. Señalar que la fundación del cosmos y su evolución es la sabiduría providente del Creador, significa que Él funda esa evolución, la respalda y sostiene continuamente”. Tras recordar que Galileo “concibió la naturaleza como un libro cuyo autor es Dios, del mismo modo que Dios es el autor de la Escritura”, el Papa subrayó que “esta imagen también nos ayuda a comprender que el mundo, lejos de ser originado por el caos, se parece a un libro ordenado; es un cosmos”.
El origen del mundo, pues, está en el primer Ser, no en la sabiduría del hombre, la cual, mal encausada, llena de soberbia el corazón de la persona, según lo expresó el Santo Padre, en su encuentro con los profesores y estudiantes de Universidades eclesiásticas romanas, con ocasión de la apertura del año académico. Y comentando lo que dice san Pablo sobre la sabiduría, éste invita, a quien se considera sabio según los criterios del mundo, a “hacerse necio”, para llegar a ser realmente sabio ante Dios. Esta no es una actitud anti-intelectual, ni una oposición a la “recta razón”, sino la disposición a la verdadera sabiduría, fundamental para el desarrollo ordenado de la ciencia.
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