Musulmanes con el Papa
Publicado en web el 13 de Noviembre, 2008
El 11 de septiembre de 2006, en Ratisbona (Alemania), Benedicto XVI, en su discurso, dijo: “La ‘yijad’ -guerra santa- del Islam está contra Dios (…); defender la fe con la violencia es una cosa irracional”. Estas palabras desataron un mar de críticas, procedentes de diversos dirigentes musulmanes. “Las declaraciones son muy preocupantes, lamentables y desafortunadas para la paz de la Humanidad”, afirmó el Director de Asuntos Religiosos turco, Alí Bardakoglu. “Dañan al Islam”, expresaron los Hermanos Musulmanes egipcios. Como “palabras irritantes y deplorables”, las catalogó la comunidad musulmana de Alemania. En este tono se manifestaron más grupos y líderes religiosos y políticos islamitas.
Y aunque el Vocero vaticano, Federico Lombardi, dijo que lo que el Papa había hecho era rechazar las motivaciones religiosas de la violencia, respetando al Islam, y no un estudio profundo sobre la yihad y sobre el pensamiento musulmán, aquello parecía el fin de cualquier acercamiento entre ambas religiones.
Sin embargo, lo que en un principio fue motivo de distanciamiento, luego se convirtió en causa de encuentro. A los pocos días, el 25 de septiembre, en Castelgandolfo, en inédita reunión con los Embajadores de países musulmanes ante El Vaticano y altos representantes del Islam (sólo faltó el Embajador de Sudán), Benedicto XVI quiso “expresar nuevamente el aprecio y el profundo respeto” que sentía “por los creyentes musulmanes”. Ahí, el Santo Padre atribuyó “vital importancia” al diálogo interreligioso e intercultural, como “una necesidad para construir juntos un mundo de paz y hermandad”, por lo que el enemigo no es la religión católica o musulmana, sino el relativismo y el ateísmo presentes en el mundo. El Papa puntualizó, entonces, que las comunidades creyentes deben trabajar unidas contra cualquier forma de intolerancia y oponerse a cualquier manifestación de violencia.
Dos años después, del 4 al 6 de noviembre pasado, se reunieron, en El Vaticano, 24 participantes y cinco consejeros de cada religión, musulmana y católica, para discutir sobre dos grandes temas: “Fundamentos Teológicos y Espirituales” y “Dignidad Humana y Respeto Mutuo”. El lema no podía ser más significativo: “Amor a Dios, amor al prójimo”.
Al finalizar el simposio, se emitió una declaración conjunta, de 15 puntos, en la que señalaron que “los puntos de semejanza y de diversidad reflejaron el distinto genio específico de las dos religiones”. Para los cristianos, señala el comunicado “la fuente y el ejemplo de amor de Dios y al prójimo son el amor de Cristo hacia su Padre, hacia la Humanidad y hacia cada persona. El amor al prójimo no puede separarse del amor a Dios, porque es una expresión de nuestro amor hacia Dios. Para los musulmanes, el amor es un poder eterno trascendente que dirige y transforma el respeto humano mutuo. Este amor, como indicó el Profeta Santo y Amado Mahoma, es anterior al amor humano hacia el Dios Verdadero”.
Benedicto XVI, por su parte, recibió a los participantes del Foro Católico-Musulmán, invitándolos a separar prejuicios pasados. Comentó que, al respecto, se han recibido “numerosas respuestas e incentivado el diálogo, dando lugar a iniciativas y reuniones específicas encaminadas a conocernos mejor y a potenciar la estima por los valores que compartimos”. Terminó diciendo que “el nombre de Dios sólo puede ser un nombre de paz y fraternidad, justicia y amor”, por lo que “estamos retados a demostrar que el mensaje de nuestras religiones es de armonía y de entendimiento mutuo”. El diálogo quedó abierto, y todos esperan con ansias, así lo expresaron en la declaración final, el Segundo Foro Católico-Musulmán, en algún país con este origen.
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