5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783

Seminario libra singular batalla

Publicado en web el 20 de Noviembre, 2008

Óliver Narciso Correa Sandoval. 2º de teología

Como cada año, los alumnos del Seminario Mayor de Guadalajara tuvimos nuestros Ejercicios Espirituales, iniciando con las solemnes vísperas del domingo 19 y culminando con la Misa de Clausura el que tuvo lugar el sábado 25 por la mañana. En esta ocasión tuvimos la dicha de que viniera a dirigirlos Mons. Juan Antonio Martínez Camino, S. J., Obispo Auxiliar de Madrid desde enero del año en curso, y Secretario General de la Conferencia Episcopal de España (CEE), tomando como guía los Ejercicios Ignacianos.

Ejercicios, una dura batalla

Fue este valiente Capitán de la Compañía de Jesús quien compartió con nosotros durante una semana su ciencia eminente y su profunda experiencia de Cristo. Tras habernos revestido con la armadura del silencio, requisito indispensable para escuchar la voz del capitán; empuñado el escudo de la oración y la espada de nuestra imaginación iluminada por los textos de la Sagrada Escritura, iniciamos nuestro combate espiritual y nuestra experiencia personal bajo la conducción de este predicador para ir al encuentro con Cristo, contemplando los Misterios del Verbo Encarnado en sus diversos momentos, desde su Encarnación, su vida pública, su Pasión, su Muerte y hasta la Gloria de la Resurrección. Con estos días de recogimiento y meditación pudimos, sin duda, dar un paso más en nuestra configuración con Aquél que por mera gratuidad nos ha llamado al sacerdocio.

Algunos comentarios

Teniendo en nuestra a casa a tan noble personaje, y sabiendo la experiencia eclesial que tiene y los importantes cargos que Dios le ha concedido desempeñar, aprovechamos su estancia entre nosotros para que nos compartiera sus puntos de vista sobre algunos asuntos de vital importancia para todos los que integramos la Iglesia de hoy:

Señor Obispo, en un mundo descristianizado, ¿vale la pena ser cristiano hoy?
Mons.: El mundo está descristianizado hasta cierto punto – aclara –, pues todo nuestro mundo tiene un trasfondo cristiano. Toda su cultura, su lenguaje, las formas de  imaginarnos el amor, la paternidad, la esperanza, no tienen otras propuestas más que aquellas que ha dado el Cristianismo. Por otra parte, nada hoy puede sustituir lo que propone el Cristianismo. Lo único que ofrece el mundo actual es desesperanza, desamor por la vida, familias sin vida, sin  querer tener hijos. Así, lo que propone el cristianismo: el amor, la fraternidad, la solidaridad, es fundamental para millones de personas. Ellas tienen sus ojos puestos en nosotros, los que hemos sido llamados a continuar con esta misión de esperanza, perdón y salvación, con la única obligación de ser fieles a ésta.

¿En qué es lo primordial que se deben de ocupar los seminaristas en su etapa de formación?
Mons.: El mayor interés de un seminarista debe de estar en configurarse con Cristo. Así la etapa del Seminario es estar con Él para después ser enviados a predicar. Estar con Él en la contemplación y la oración, poniendo todo el empeño en estudiar Filosofía y Teología, con el objeto principal de conocer a Aquél que va a actuar a través de su ministerio. Cada uno de los seminaristas tiene que saber que es alguien que el Señor llama porque le ama, y lo necesita para prolongar su misión.

¿Qué hay ante la falta de vocaciones y qué hacer para promover las vocaciones sacerdotales?
Mons.: Hoy tenemos una gran carencia de vocaciones. En España tenemos una gran reestructuración de la población: por una parte, las poblaciones rurales están quedando solas, y las manchas urbanas crecen de manera desmesurada. Hay sacerdotes que atienden muy poca gente, muy dispersa en distintas parroquias rurales, mientras que en las ciudades con grandes cantidades de población, los sacerdotes no se dan abasto. Se hace lo que se puede, pero se necesita la ayuda de Dios y la generosidad de los jóvenes, que también son pocos en España. Hoy se tendría que ver a la Iglesia Universal de manera global, y quienes tienen más vocaciones deberían apoyar a los que menos tienen.
En la pastoral vocacional es elemental intensificar la actividad entre los jóvenes de las  parroquias, sobre todo de aquellos que provienen de familias que les han trasmitido  valores cristianos. Un papel relevante lo tienen los sacerdotes, cuya presencia en medio de los grupos de jóvenes debe mostrar cómo han encontrado su felicidad dando respuesta a su vocación con seguridad, alegría y sin complejos, siendo ministros divinos por los cuales Dios se hace presente dentro de su Iglesia.

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