TEMAS SACERDOTALES ACTUALES Entrevista al Cardenal Lluis Martínez Sistach
Publicado en web el 13 de Noviembre, 2008Aprovechando una reciente visita del Arzobispo de Barcelona, España, quien dialogó ampliamente con seminaristas filósofos y teólogos, el Obispo-Rector del Seminario Diocesano le hizo esta interesante entrevista
Mons. Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara
1. Al inicio de este milenio, ¿cuáles son los principales retos para el sacerdote que quiere vivir con fidelidad su ministerio?
Cardenal Luis Martínez S.
Juan Pablo II ha dicho que el gran reto de este milenio es hacer de la Iglesia la casa y la escuela de comunión. El sacerdote, hombre de Dios, de la Iglesia, y presente en el mundo, ha de ser un hombre de comunión. Ante la creciente secularización de buena parte del mundo, el sacerdote ha de confiar plenamente en el Señor en el ejercicio de su ministerio. Las nuevas generaciones buscan más la calidad del mensaje y la calidad del ministro, lo cual exige del sacerdote el conocimiento y presentación del auténtico mensaje de Jesús y crecer en virtudes humanas y cristianas.
2. ¿Cuáles son los factores más frecuentes que pueden llevar al sacerdote a ser presa de la desilusión?
Ejercer el ministerio sacerdotal buscando los éxitos propios. La sociedad tiende cada día más a valorar y buscar el éxito inmediato en toda actuación. No aceptar y no respetar el ritmo de Dios que tiene para cada hombre y cada mujer en la vida cristiana, es factor de desilusión. El sacerdote diocesano tiene que revestirse de mucha paciencia.
3. Cuando el sacerdote pierde la confianza en sí mismo y en los demás, ¿qué puede ayudarle a recuperarla?
El sacerdote, como toda persona, ha de tener la propia y debida autoestima, sin la cual es muy difícil que pueda realizarse como persona y como sacerdote. Y hay motivos suficientes para poseer la referida autoestima. En primer lugar, porque es amado de manera preferente por el Señor. En segundo lugar, porque ha recibido el don del sacerdocio inmerecidamente. Y, en tercero, porque con el ejercicio de su ministerio ama y ayuda a un sinfín de personas e instituciones que dan, sin duda, un balance muy positivo a su vida.
4. Ante la tentación de querer dejar el ministerio, ¿qué recomienda Ud. a quienes pretenden abandonar?
Que revivan los años de la llamada de Dios y de su respuesta generosa, en su ordenación sacerdotal y en las satisfacciones que ha experimentado en el ejercicio de su ministerio. También, pensar que han recibido la vocación sacerdotal que se han visibilizado con certeza moral en el momento de la imposición de las manos del Obispo. Que con el ejercicio de su ministerio durante toda su vida harán muchísimo bien a personas, comunidades e instituciones eclesiales. Que se acerquen más y más a Jesús, que tanto les ama, y que escuchen de Él aquellas palabras que dijo a Pedro: “Apacienta mis ovejas”.
5. ¿Qué papel juega la oración para vivir fielmente el ministerio?
Juega un papel capital. Por diversas razones. El ministerio pide que el sacerdote ame mucho a Jesús. El ministerio supera nuestras capacidades y requiere la ayuda constante del Señor. La oración, la relación íntima, personal y generosa con el Señor, hace ver, entender y valorar el ministerio sacerdotal muy positivamente y da coraje e ilusiona en el ejercicio del mismo, a pesar de las dificultades.
6. ¿Qué importancia tiene el recurso del Sacramento de la Penitencia para la vida ministerial?
El Sacramento de la Penitencia, el perdón de Dios, es una manifestación del amor que Él nos tiene. Somos pecadores y necesitamos celebrar este Sacramento para recibir el perdón del Señor. Cuando nos acercamos más a Dios en la oración, nos vemos en Él como en un espejo y tomamos conciencia de nuestros pecados. Los santos decían que eran pecadores porque vivían muy unidos a Jesús. Eran sinceros. Recibir el perdón de Dios y dar a los hermanos el perdón de Dios ayuda a vivir el ministerio sacerdotal como el Buen Pastor.
7. ¿Cómo pueden ayudar el Presbítero y el Obispo al sacerdote que se encuentra cansado o desilusionado?
El Presbiterio, con su Obispo, es una familia, y los miembros de la familia han de amarse y ayudarse. El sacerdote ha de sentirse siempre acogido por el Obispo y por los otros sacerdotes. En las crisis sacerdotales es muy conveniente que los sacerdotes amigos o compañeros de curso presten su afecto y ayuda, con el fin de que el sacerdote pueda superar la crisis que padece.
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