5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz #633

Publicado en web el 20 de Marzo, 2009

Por: Esegé |

Erguida y majestuosa, la espadaña de dos vientos que se levanta a airearse en el abanico verde de las palmas que juega en horizonte de densas y fragantes arboledas.

A dos vientos la espadaña, para abarcar de aquí y de allá el horizonte infinito, donde ondeaban los maizales ornando su esmeralda con el aliento sutil de sus espigas.

Tal fue en años espléndidos del mayor auge agrícola, la Hacienda de El Cabezón, una más en las vegas florecidas de lo que fue, en mejores días, el Valle bello de Ameca.

La peonada, la fila de hombres que salía en la madrugada a sus tareas, regresaba a la hora dulce del atardecer, mientras las campanas del templo hacían sonar el Ángelus.

Hermosa iglesia con retablo de coruscantes brillos de oro, en un barroco que, en medio de arcángeles, enmadeja lirios, tiende guirnaldas, florece en toques vivos de luz.

Y al centro del altar, la imagen de María en venerada advocación, está goteando bendiciones sobre el vecindario, que no cesa de cantarle tiernas alabanzas.

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