5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783

A propósito del Bicentenario: Tres siglos olvidados

Publicado en web el 18 de Abril, 2009

 

Comisión Editorial para el Bicentenario

 

uando hablamos de celebrar la Independencia Nacional, estamos refiriéndonos a una decisión que determinados líderes tomaron, con el relativo apoyo de la comunidad, a lo largo del año 1821, hasta concluir el proceso el 27 de septiembre de ese mismo año. Pero, ¿de qué se estaban independizando?

Básicamente, la independencia era de carácter político y económico; es decir, los habitantes de la Nueva España no deseaban seguir dependiendo de los monarcas españoles, ni tampoco seguir pagándoles impuestos, en tanto la metrópoli se llevaba una enorme cantidad de recursos generados por estas tierras.

Sin embargo, al realizarse la Independencia, diversos líderes decidieron cubrir con un manto oscuro trescientos años de nuestra historia, como si todo lo que había logrado la sociedad virreinal en ese período hubiera carecido de valor o de sentido.

La historia oficial y centralista del México del Siglo XIX solamente supo de Hernán Cortés y los Aztecas, y una vez cerrado ese episodio, la narración se saltaba tres siglos de historia, para comenzar a hablarnos del Cura Miguel Hidalgo y de la lucha por la Independencia. Y, venido a ver: todavía hoy, nuestra Sociedad y Cultura han vivido más tiempo como sociedad virreinal que como sociedad independiente.

Conviene, pues, que estos festejos del Bicentenario se abran a un estudio más amplio y detallado de lo que en realidad fue el “México virreinal”, si vale la expresión, pues fue ese México, forjado en tres siglos, el que produjo la Independencia.

 

La herencia virreinal

 

Son diversos y muy variados en su coloración los frutos de la época del Virreinato en el actual México. Entre la multiplicidad de los resultados tenemos que destacar, en primer sitio, el concepto de Estado territorial, que la mayoría de los pueblos indígenas desconocían. A la creación de un primer territorio de casi cuatro millones de kilómetros cuadrados por la acción de la Corona Española, cuya dirección, orden y estructuración estuvo bajo la inmediata responsabilidad de los Virreyes, se añadió el

 

corpus legislativo, herencia del Derecho Romano, que vino a regular la vida de aquellos pobladores.

Sobre estas estructuras políticas se desarrolló la vida virreinal, lo cual supuso importación de ganado y semillas, herramientas y tecnología, redes de comunicación, urbanismo, un modelo de creencias y el apoyo a una lengua común, que acabaría siendo una de las mayores ventajas heredadas de esa etapa histórica.

Empero, la diversa coloración de los resultados nos refleja que no todos los frutos fueron buenos; hubo guerras desiguales e injustas; sujeción de los pobladores americanos al poderío español; esclavitud de indios salvajes y de africanos; explotación desmedida de los recursos naturales de la tierra, especialmente los metales, para favorecer a la Península. Y, sobre todo, un irresponsable descuido, por parte de la dinastía de los Borbón, que no supo preparar a estos pueblos para una vida adulta, para la misma Independencia que era inevitable, y que acabó siendo violenta.

 

¿Colonia o Virreinato?

 

Cuando a la época virreinal se le adjudicó el título de época colonial, se incurrió en una lamentable y mal intencionada equivocación. Si bien es cierto que España colonizó diversas regiones de América, no manejó el territorio, técnicamente hablando, como una colonia, lo cual sí ocurrió en Norteamérica. España organizó las tierras americanas como virreinatos, audiencias y aun reinos, a los cuales jamás se refirió como “colonias”.

Pero, como quiera que el juicio de la historia supera al de las ideologías, hoy en día el concepto “colonial” en México no tiene carácter negativo, como querían los que se lo adjudicaron, sino que para el común de los mexicanos es sinónimo de un estilo considerado hermoso y digno de ser preservado, lo mismo si se aplica al arte, a la pintura, al urbanismo, que a la arquitectura o a las tradiciones.

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