5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 25 de Abril, 2009

 

Pbro. Óscar

Maldonado Villalpando

 

Alguna mirada soberbia, algunos ojos distraídos, más de alguna percepción carente de la mínima sensibilidad, darían a pensar que este señor semeja un tiliche, un objeto más de las cosas del tianguis apostado por ahí, muy cerca de la Calzada Independencia Norte.

Ni más ni menos, así se acomoda, en el espacio que apenas queda. Casi lo rozan las llantas de los autos de las señoras que vienen por manzanas y fresas.

Lo cubren de humo negro los camiones urbanos. Lo sepultan de ruido. Los perros se sorprenden porque no contaban con él en su persistente husmear.

Habrá quienes ni lo noten porque no resalta entre los enseres para montar los puestos, para poner las sombras.

Por su imagen opaca, por su posición a ras del suelo, es el hermano que apenas miramos; que quizá no nos mueva a fijarle la vista o a detener el camino. Es como aquél que, dice el Apóstol Santiago, mandamos sentarse en el suelo.

Resulta indecoroso, grosero… para “la buena conciencia”. Parece que se ha fugado de la mano de Dios; pródigo empedernido, perdurable descarriado…

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