Parroquia San Ignacio de Loyola. Diócesis de Portoviejo, Ecuador
Publicado en web el 19 de Abril, 2009
Hace falta mucha evangelización
• La Provincia es muy pobre, pero es generosa la gente
• 120 agentes de pastoral trabajan con notable entusiasmo
Pbro. José Manuel Anceno Rivas
stá cumpliendo nueve meses en Ecuador, uno de los países más pequeños y pobres de Sudamérica. Llegó con la ilusión de continuar la obra evangelizadora que desde hace 15 años realizan sacerdotes de la Arquidiócesis de Guadalajara. Su entusiasmo crece por la respuesta que ha encontrado en la mayoría de los 14 mil feligreses de su comunidad, misma que tiene 68 recintos (rancherías). Mientras la mayoría de hombres se dedica a la agricultura cultivando arroz, yuca, maní (cacahuate), maíz y café, el Padre Ramón Horta Regand trabaja para fortalecer los grupos eclesiales y buscando solucionar los problemas pastorales de la parroquia.
No hay quinto malo…
Se escucha contento a través del teléfono. Y así está, lo señala con su característica voz, quien fuera, hasta hace poco menos de un año, Vicario Parroquial en la Inmaculada Concepción, en el Decanato de Zalatitán -por el Oriente de Guadalajara-. Ya se ha adaptado a los alimentos, la cultura y el clima de Ecuador. “Está por terminar el mes de marzo -nos platicaba entonces-, y las lluvias no paran. He tenido que comprar unas botas de plástico, porque todos los caminos son un lodazal. El calor es húmedo. Estamos en pleno invierno. Bueno, aquí sólo hay dos estaciones al año: Primavera e Invierno”.
Ha estado un tanto preocupado porque la que fuera “la burrita colorada”, una camioneta adquirida por el Padre Luis Francisco Aguilar Aréchiga, primero de cinco sacerdotes de la Arquidiócesis tapatía que han llegado a la Diócesis de Portoviejo, 15 años después, es ‘la lepra’: “se está desbaratando”, dice el siempre alegre Padre Ramón Horta Regand. “Y no es para menos, pues tiene ya 275 mil kilómetros recorridos, por lo que sólo en ratitos jala bien”. A petición del entonces Arzobispo de Portoviejo, Mons. José Mario Ruiz Navas -hoy Emérito-, compañero de estudios en Roma, del Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, llegó el Padre Aguilar Aréchiga a aquella porción sudamericana, y luego le siguieron los Padres Faustino Toledo Ramírez, Luis Armando Ochoa López, Alfredo Tapia Olmos y el último ha sido Horta Regand, quien dice muy confidencialmente a
Semanario, lo que de igual forma le dijo una señora de su parroquia: “La evangelización comenzó cuando llegaron los sacerdotes mexicanos”. Desde el 6 de agosto de 2007, el nuevo Arzobispo de Portoviejo es Mons. Lorenzo Voltolini Esti.
Ubicándonos
un poco…
El hermano país ecuatoriano tiene 24 Provincias y cuatro Arquidiócesis. Manabí es una de las Provincias, ubicada al Noroeste de Ecuador. Tiene como Capital a la Ciudad de Portoviejo (220,430 habitantes), que desde el 6 de marzo de 1871 fue erigida Diócesis. Manabí tiene 22 Cantones (Municipios), y entre ellos está el 24 de Mayo y Sucre, lugar donde reside el Padre Horta Regand, cuya sede parroquial es San Ignacio de Loyola. “Gracias a las autoridades municipales se ha venido restaurando el templo parroquial. Mucho necesitaba de ello; está quedando muy bonito; la gente está contenta”, comenta el nacido en la Ciudad de México pero que realizó sus estudios en el Seminario de Guadalajara y fue ordenado presbítero hace un quinquenio.
“La gente de mi parroquia es entregada, sencilla, piadosa. Tenemos 120 agentes de pastoral, 70 de los cuales son catequistas. Mucho me ayudan en los recintos. Entre otros lugares, dan catecismo y pláticas presacramentales en Caña Brava, Los Algodones, El Porvenir, La Providencia, Veracruz, Buenos Aires, Los Clavales, etc.
Un comedor para ancianitos…
Además de los catequistas, el Padre Ramón cuenta con cinco Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión que le ayudan a atender a más de 95 enfermos; un grupo de acólitos que son “muy despiertos, diligentes, prestan sus servicios muy bien”. “Tenemos también un comedor en donde se atiende a un buen grupo de personas de la tercera edad, a quienes se les da de comer los lunes, miércoles y viernes. Necesitan de los alimentos, pero también atención y cariño. Ellos son muy amorosos y agradecidos; se comen lo que les damos; es una bonita obra de caridad de las personas de la parroquia, que han entendido que el amor se demuestra con hechos”.
También señala nuestro entrevistado que mucho se debe hacer para que haya más integración familiar, desaparezca el sicariato y disminuya el alcoholismo, uno de los problemas más comunes en la población. “Hay muchas uniones libres, y ello nos hace pensar que la evangelización tiene que llevarnos a conscientizar a los parroquianos de la importancia que tiene también el Sacramento del Matrimonio”.
Nuestra entrevista concluyó con una doble petición a los católicos de Guadalajara, por parte del Padre Ramón: “Oren mucho por la Diócesis de Portoviejo, una de las más pobres de Ecuador, y si pueden apoyar materialmente a nuestra parroquia, mucho nos servirá y mucho les agradeceremos”. (Para cualquier información al respecto, pueden comunicarse a la Notaría Parroquial de San Antonio de Padua, en Guadalajara, al teléfono 38120613).
Datos de los orígenes
El Templo de San Ignacio de Loyola fue edificado entre 1922 y 1930, durante la permanencia de Fray Aurelio Lasso Grijalva, siendo Mayordomo del lugar el Sr. Miguel Tumbaco. El religioso fue el primer sacerdote asignado a la parroquia, y encontró un gran apoyo en hombres y mujeres para levantar la fábrica material del templo. El altar, tallado a mano, es una bella obra de arte, realizada por el Maestro Almeida, originario de La Cuenca.
“Prácticamente era una iglesia dentro de otra iglesia”, afirma el actual párroco, quien ha encontrado interesantes datos históricos en los archivos parroquiales. No obstante, también relata que “vinieron otros clérigos, con criterios modernistas, y le cambiaron radicalmente la figura a nuestro templo actual”.
A la par de la construcción de la iglesia se edificó la Casa Parroquial, de dos plantas, donde funcionaba una escuela particular, administrada por las Religiosas Mercedarias Misioneras, aunque posteriormente se trasladó a un predio donado por D. Francisco Suárez, en una de las lomas que circundan la ciudad y que ofrece un hermoso paisaje.
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