Perfilando la identidad: Seminaristas de hoy, sacerdotes de mañana
Publicado en web el 19 de Abril, 2009
Hasta cierto punto, tenemos una imagen clara de los sacerdotes, mas volviendo un poco hacia atrás, respecto a la figura sacerdotal, cabría preguntarse: ¿Qué fue o quién fue anteriormente el sacerdote?
Rodolfo Rodríguez Leyva, 3º de Teología
A esto podemos responder con facilidad: el sacerdote fue un seminarista; es decir, fue un joven que, atendiendo el llamado de Cristo, tuvo siempre puesta su mirada en la importante misión que, dentro de la Iglesia y de la Sociedad, habría de desempeñar a partir del día en que viese coronada su carrera con la Ordenación Sacerdotal.
Bajo esta premisa, podríamos también responder a estas otras preguntas: ¿Cómo son los seminaristas hoy? ¿Cómo serán los sacerdotes mañana?
Los seminaristas de hoy son jóvenes que se encuentran en una etapa de búsqueda constante por mantener una relación personal y amorosa con Cristo, para el día de mañana, ya como sacerdotes, poder compartir esa relación y ese amor con sus semejantes.
Se podría comparar a los seminaristas de hoy con los Magos de Oriente de hace dos mil años, quienes afirmaban: “Hemos visto su estrella…” (Cfr. Mt 2,2.). También estos jóvenes han visto la luz de la vocación como una estrella que ha guiado su camino al Seminario, dejando atrás a su familia y su ambiente habitual para ir en busca de Cristo y tratar de asimilarlo.
Sendero difícil
Sin embargo, también como los Magos, los seminaristas a veces suelen perder el rumbo de esa estrella guía y caminar a ciegas, aunque mediante la oración pueden reencontrarla para salir adelante y encauzar el rumbo.
Así guiados, y habiendo encontrado finalmente al Mesías de su sacerdocio, podrán afrontar todos los peligros, desorientaciones y dudas… pero ya no será igual que en la etapa de formación, pues ¡Ya no requerirán la estrella guía! Ahora ellos mismos serán guías, serán la Luz de Cristo; luz y gozo que, desde luego, tendrán que compartir con el Pueblo de Dios.
Ese es el sentido del camino sacerdotal: servir a la realeza de Dios en el mundo, custodiando y alimentando al mismo tiempo la luz de la vocación, a lo que Cristo les conmina con aquellas palabras: “Permaneced en mi amor.” (Cfr. Jn 15,9.)
Para concluir esta idea, cabe recalcar lo siguiente: “Los seminaristas que se van formando hoy, serán los sacerdotes que mañana pastorearán a la grey de Dios”. Mas esa formación no puede ser tarea exclusiva de cada seminarista, sino que en ella deberán intervenir todos los fieles que integran nuestra Iglesia, mediante la oración, rogando al Señor por la perseverancia de aquéllos que hoy han recibido el llamado, pidiéndole que su permanencia en el Seminario fortalezca su virtud, acreciente su sabiduría y solidifique su caridad, para que si esa vocación logra culminar con el sacerdocio, éste sea siempre para bien de la grey, a imagen y semejanza de Cristo Supremo Sacerdote.
el seminarista hoy
En el mundo actual se habla continuamente de la escasez de líderes que conduzcan a nuestra Sociedad por derroteros luminosos, en contraposición de la abundancia de falsos profetas, falaces conductores de pueblos, ídolos con pies de barro, tras de los cuales se ha pretendido opacar la imagen de Dios en el hombre. Sin embargo, pese a todo, podemos afirmar sin temor a equivocarnos: ¡Siempre hay una luz encendida cuando cae la oscuridad de la noche!, pues por encima de tanta negrura, fatalidad, hedonismo y cultura de la muerte, existen, al menos en nuestro medio, muchos seres humanos que están respondiendo a Dios; seres en los cuales el Creador ha suscitado una vocación que, de concretarla, estarán llamados a ser luz del mundo, antorcha en el camino.
Es en el Seminario donde esos seres buscan prepararse para dar una respuesta positiva al llamado divino y a las necesidades del mundo de hoy; no buscan la solución de un pasado que ya no existe ni pretenden ofrecer respuestas a un futuro incierto; quieren ser la respuesta del hombre al tiempo de hoy, porque Dios es siempre actual, y como tal, siempre está respondiendo al hombre en su época y en su entorno.
Así pues, se puede hablar del Seminario como el lugar y el tiempo de preparación de los guías de la Iglesia actual. Y no sólo guías, sino auténticos líderes, comprometidos con Dios y con la Patria, pues de ahí saldrán sacerdotes que serán amigos y compañeros de sus comunidades en el caminar difícil de hoy.
Eso es lo que buscan ser precisamente los seminaristas que por ahora se preparan en esta Casa de Formación para ser instrumentos de la Gracia de Dios; manos que bendigan, que ayuden a levantar a quien ha caído, que apoyen misericordiosas al hermano pobre y necesitado; manantiales de donde brote la Caridad cristiana para calmar la sed hiriente del hombre que camina, que lucha y que ama.
Hay que orar, pues, todos los fieles de esta comunidad católica, para que esto se haga realidad, y que aquellos seminaristas que, perseverando y creciendo en virtud y ciencia lleguen a ser nuestros sacerdotes, sepan entregarse fielmente al pueblo que los apoyó, del cual salieron y al cual pertenecen. Porque la Iglesia, hoy como nunca, los necesita, y porque la Sociedad así los reclama y espera.
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