San Pablo habla al mundo Un hombre de su tiempo y visionario
Publicado en web el 3 de Abril, 2009La intrepidez y fogosidad del Apóstol de las Gentes en su tarea evangelizadora nos retratan a un hombre verdaderamente convertido y luego plenamente convencido de su vocación como predicador y como testimonio viviente de Jesucristo
Hna. Hermelinda Pérez Cruz
Hijas de San Pablo
Hace ya varios meses que el Papa Benedicto XVI proclamó el Año de San Pablo con motivo de los dos mil años de su nacimiento. Como sabemos, esto es aproximado porque todavía no existe dato fidedigno para ponerse de acuerdo en una fecha exacta de tal acontecimiento.
Hay quienes afirman que San Pablo pudo haber nacido en cualquier fecha entre el año 5 y 10 de la Era Cristiana, y se cree que ésta es la mayor probabilidad, debido a sucesos históricos suscitados en aquella época, y que aparecen en el contexto de las Cartas Paulinas y otros escritos bíblicos, así como en los Evangelios y en Los Hechos de los Apóstoles.
En nuestro tiempo, la vigencia de la Biblia y toda su riqueza de lecturas, poemas, alabanzas, himnos, narraciones, testimonios y un sinfín de textos, mueven a muchas almas no sólo a la conversión interior por experiencias profundas, sino que sus contenidos son vigentes en nuestro mundo actual, aún en camino; un camino que no podemos determinar y precisar cuál será finalmente.
Mensaje a profundidad
Pero, acerca de San Pablo, podemos encontrar en muchos de sus escritos una total actualidad, manifestada en su pensamiento y en su obra, sobre todo y esencialmente en ese tema sobre el cual ya hemos tratado antes: El amor enorme que le tuvo a Cristo Jesús, exteriorizado no únicamente en un comportamiento moral y abierto a las necesidades de su tiempo, sino, además, concretado en el acompañamiento a sus comunidades, en la relación afectiva con sus semejantes, en la claridad de sus ideas, en su mirada al futuro. Y, aunque en ocasiones lo hiciera aparecer un tanto cargado de complejidad, su mensaje siempre estuvo lleno de solidaridad, no sólo con los cristianos de su época, sino que permanece así para con la Humanidad de todos los tiempos y lugares.
Enseñanzas para muchas aplicaciones
Es por ello que, particularmente para conmemorar este Año Paulino, los invitamos a leer sus Cartas, a meditarlas, a reflexionarlas, a hacer de ellas un camino de conocimiento, ya no sólo personal, sino abierto al pensamiento que se sigue esparciendo por todo el mundo, pues quien lea encontrará ahí una forma de poder discernir entre lo sustancial y lo superficial; verá la diferencia entre lo que solemos considerar de grande valor, prestigio, poder, destreza o placeres mundanos y lo verdaderamente valioso, aunque obtenerlo pueda costar grande sacrificio o desgaste.
También hallará, en esas Cartas, cómo San Pablo nos habla de una igualdad que equivale a la comprensión y aceptación del otro; de la solidaridad y unidad; de sentir lo que significa la verdadera fraternidad con el prójimo, con el afín o con el familiar y con todo ser humano; esto, que es clave para vivir, resulta sin duda difícil de digerir, y sobre todo de practicar, pero es posible y urgente. (1 Cor 9,19 – 23).
También San Pablo nos habla de la fragilidad humana, una materia perfecta para seguir moldeándose, pues el Apóstol mantiene la creencia de que la confianza en uno mismo fortalece las debilidades, serena la vida y da paz al superar las dificultades. (2 Cor 4, 7 – 9).
Menciona, asimismo, la adaptabilidad. Una cuestión referida no sólo a las circunstancias de su tiempo, y que ahora puede resultar fácil o difícil, según sea el caso. Como humanos, buscamos siempre el bienestar, la tranquilidad, la felicidad y todo aquello que nos haga sentir bien; pero cuando sucede lo inesperado, cuando nos enfrentamos a lo desagradable, es entonces cuando, ofuscados, buscamos desesperadamente una respuesta para volver a la estabilidad habitual y readquirir nuestra seguridad. Pero, ¿qué tal ser adaptables a las circunstancias que nos presenta la vida y afrontarlas con serenidad y valentía?
A esto nos exhorta el Apóstol, a abrir nuestros ojos a cada acontecimiento y a aceptar con alegría cada circunstancia, adversa o favorable, de nuestra existencia. (Flp 4,11-13).
Finalmente, nos habla de perseverar, de ser obsesivos para lograr las metas que nos proponemos (Flp 3,13). Él mismo se mira como un corredor que no ha llegado a la meta todavía, pero con el solo hecho de darse la oportunidad de competir, ya se siente un ganador.
Esta motivación es importante para quienes aún sin iniciar algún proyecto ya se crean derrotados; alienta a quienes son perdedores por naturaleza, aquéllos que desde antes de que emprendan una tarea ya tienen la certeza de que no lograrán culminarla; incita a fijarse un objetivo y conquistarlo a pesar de cualquier adversidad que pueda hallarse en el camino.
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