5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 10 de Mayo, 2009

 

Daniel León Cueva

 

“Míranos con tus ojos de paloma, donde la luz de tu ternura asoma.

Míranos, y resucita a tus hijos que mueren, Madrecita.

Disipen, tus miradas, las obscuras sombras de nuestras tristes desventuras,

y en las penas amargas de este suelo, danos paz y consuelo”.

Segundo Misterio…

Ésta es la letra de uno de tantos “Misterios a la Virgen” que nos enseñó “el Profe”, que cantábamos con gusto y piedad en el coro de niños, y que intercalábamos en los espacios del rezo del Rosario, mismo que el Señor Cura tan devotamente guiaba desde el púlpito, ante un templo lleno, sobre todo en el mes de mayo. Las niñas, vestidas de blanco, desfilaban de dos en dos para ofrecerle flores, perfumes e incienso a la Santísima Virgen.

Tercer Misterio…

“Toda eres pura, oh Madre Santa/ más que la estrella de la mañana.

Tu solo nombre calma las almas/ cuando las hiere mortal dolor.

Las azucenas blancas y puras/ que hoy te ofrecemos ante tu altar/

son el emblema de tu pureza/ de tu excelsa virginidad”.

En el seno de las madres ha cabido toda la Humanidad.

En el cuenco de la mano orante, bien cabe el retrato de la Madre de Dios.

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