5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 24 de Mayo, 2009

 

Por Esegé

 

Quedan las estampas, envueltas en olvido, en soledad y silencio, de lo que fueron las haciendas donde se centró el ímpetu de la vida, en muy altos registros de la agricultura.

Una arquería como paseo de camellos que llevan a lomo las huellas del tiempo, lo que vivieron y vieron en la etapa en que se dio aquella forma de propiedad de la tierra.

Sintieron estos arcos el ebullir de ilusiones y proyectos y vieron circuir la vida de patrones y de peones que construían un importante capítulo de nuestro acaecer nacional.

Ahora, los mismos arcos parece que sesgan la mirada; que la pupila se les ha quedado vacía, porque de todo aquel esplendor, hoy sólo quedan su silencio y soledad.

Están diciendo que así pasan las cosas de este mundo; que nada es estable ni duradero, y nada permanece para siempre; vamos en “

 

perpetuum mobile“, que decían los filósofos.

Pero ni esto ni aquello puede perderse para siempre: el hombre y sus acciones tienen una trama divina, y la fuerza del espíritu los puede transformar, “

 

aere perennius“.

 

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