Hacen falta consagrados
Publicado en web el 3 de Mayo, 2009
Recuperemos la cultura vocacional
Celebrando, en este Tiempo de Pascua, a Cristo Buen Pastor, como pueblo santo de Dios estamos invitados a orar, humilde y confiadamente, por el aumento, perseverancia y santificación de las vocaciones al sacerdocio.
Mons. Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara
l amor que recibimos de Dios nos anima a orar y a promover una cultura vocacional que no debemos perder; la recibimos y la hemos de conservar, enriquecer y trasmitir.
Quizás a algunos podrá desanimarlos la pérdida de valores morales y espirituales, evidente en tantos ambientes y en numerosas personas, así como también la situación de crisis por la cual atraviesan muchas familias, hoy tan vulnerables; puede igualmente, ese declive, apagar los deseos de una mayor entrega a Dios, la apatía de muchos, la indiferencia de otros, la lejanía con la que tantos que se dicen católicos viven su fe en nuestra Arquidiócesis; todos bautizados, pero poco evangelizados. Sin embargo, no hay que desfallecer en la oración y en la confianza en el Buen Pastor, para que surjan cada vez más vocaciones al sacerdocio.
Requerimientos urgentes
La adoración a Jesucristo, ese Buen Pastor, nos mueve, entre otras cosas, a conservar o recuperar, según sea el caso, el gran amor que hemos de tener por el Seminario, formador de los futuros sacerdotes.
No obstante la actual existencia y proliferación de familias menos numerosas, es de notar que la población, particularmente en la Zona Metropolitana, continúa creciendo constantemente, de tal manera que hace necesario que, al mismo tiempo, se incremente el número de sacerdotes, que ya resulta insuficiente.
Y es que son cada vez más las personas a las que es menester anunciar la grandeza y la hermosura de Cristo; abundan cada vez más los niños que necesitan catequesis; los jóvenes ansiosos de encontrar y gozar la amistad con Cristo; aquéllos que, pudiendo, no se deciden a unir sus vidas con los lazos del matrimonio sacramental; los que viven alejados de la gracia y de la recepción de los Sacramentos en general; los que no tienen o han perdido el hábito de la oración. En fin, todos aquellos que sienten la necesidad de escuchar la palabra evangélica y de acercarse a Dios.
Fórmulas eficaces y a la mano
Venturosamente, existen respuestas concretas al alcance de toda la grey católica, tanto de laicos como de consagrados, a fin de remediar estas necesidades. Entre ellas podemos mencionar las siguientes:
El aprovechar la oración de los fieles para pedir por las vocaciones sacerdotales.
Celebrar frecuentemente la Eucaristía por las vocaciones.
No omitir la oración por las vocaciones sacerdotales, después de la Eucaristía.
La periódica celebración de la Hora Santa Vocacional.
El rezo del Santo Rosario, con la intención vocacional.
El no dejar de encomendar las vocaciones, particularmente en la Adoración Nocturna.
El tratar el tema vocacional en la catequesis, de manera orgánica.
El saber invitar a los adolescentes y jóvenes a seguir a Cristo, que los llama por el camino del ministerio ordenado.
Confiemos, pues, todos juntos, nuestros deseos y trabajos a la Virgen María y a su esposo, San José.
“Si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen María, ya que por medio de Ella recibió a Cristo, de modo semejante le debe a San José, después de Ella, una especial gratitud y reverencia” (San Bernardino de Siena).
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