5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Varios | Edición:

LaTercera Persona de la Trinidad: Unidad en la diversidad, Pentecostés

Publicado en web el 31 de Mayo, 2009

Cincuenta días después de la Resurrección, se produce la gran cosecha dentro de la Iglesia: se nos entrega el Espíritu Santo

 

INVITACIÓN

 

La Arquidiócesis de Guadalajara se suma a esta iniciativa nacional, y en esta Festividad de Pentecostés, en el Auditorio Benito Juárez, en donde también se llevan a cabo las ordenaciones sacerdotales y diaconales-, invita a toda la Comunidad Diocesana a consagrarse al Espíritu Santo para que nuestra Patria, nuestro estado y nuestras comunidades logren la paz y la justicia tan anheladas.

 

 

Todos, alguna vez en nuestra vida, hemos oído hablar de la historia de Babel, de la confusión de las lenguas, de la soberbia pretensión del hombre por querer alcanzar el Cielo con sus solas fuerzas.

Fue, es y ha sido siempre el ejemplo del absurdo intento humano de manipular los designios divinos, de querer construir su porvenir sin Dios, y aun en contra Dios mismo.

Mas los constructores de la famosa Torre de Babel sólo obtuvieron como resultado de su empresa titánica, la confusión, la dispersión, la división; lo mismo le sucede a quien se separa de Dios por el pecado, eligiendo la disgregación.

 

El anti-Babel

 

Si Babel significa la confusión y la dispersión, Pentecostés, en cambio, es la reunificación de la Humanidad. El Pentecostés cristiano es la unificación, cuya acción va más allá de las simples lenguas, puesto que unifica el Espíritu, el entendimiento, la verdad, en un mismo sentir y bajo una misma acción; es, en fin, el paso de la dispersión a la misión.

Babel dispersa a los seres humanos, confundidos y sin entenderse; Pentecostés los unifica bajo la acción del Espíritu Santo; es la unidad y la comprensión que se realiza por encima de la diversidad de las lenguas, ya que cada quien escucha la voz del Espíritu, que habla en su propio idioma.

Con esto se dio un gran paso, indicando cómo el universalismo se puede desposar con el respeto a la diversidad, dando así unidad a la diversidad.

 

El Espíritu es Uno

 

El Espíritu Santo, que se da en Pentecostés, es principio de unificación, pero también de diferenciación; esta fiesta es el principio mismo de la catolicidad de nuestra Iglesia, de esta Iglesia Universal en la diversidad de todos los pueblos, que se enriquecen mutuamente y se complementan.

A partir de Pentecostés fuimos constituidos un solo pueblo bajo un solo Dios, pero con diferentes carismas y ministerios, para ser enviados a una única misión, la del Padre, haciendo que todos los hombres se salven, con la ayuda y la acción del Espíritu Santo y por los méritos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

 

Línea directa con Dios

 

Lo sorprendente del Día de Pentecostés no fue que todos entendieran lo que hablaba Pedro a la variada Asamblea, representativa de todos los pueblos, que se encontraba reunida aquel día en Jerusalén; lo sorprendente y lo atrayente para los presentes fue que a todos se les anunció, sin distinción, el mismo mensaje de salvación y todos pudieron oír una palabra nueva y distinta a las que hasta entonces habían venido escuchando.

Ahí se restableció el contacto con Dios, ahí se produjo el fenómeno anti-Babel, ahí Dios se comunicó directamente con sus criaturas; ya no fue necesario que el hombre tuviera que inventar medios para alcanzar a Dios, sino Dios mismo se hizo accesible al hombre descendiendo en forma de lenguas de fuego, iluminando las mentes y favoreciendo una comunicación que no sólo es capaz de entender cualquier idioma de sus semejantes, sino que es capaz de entender el idioma de Dios mismo y de comunicarse con Él.

 

El gran regalo de Dios

 

La celebración anual de Pentecostés no es desear hablar una infinidad de lenguas, ni mucho menos pretender tener el don de lenguas, como se dio a los primeros discípulos, sino que la celebración de esta Fiesta del Espíritu Santo nos debe inducir a hablar el idioma del Amor de Dios, a aprender a comunicarnos con nuestros hermanos, a saber escuchar antes de hablar, a adquirir la capacidad de reconocer a nuestros hermanos en cada prójimo y a aceptar su diversidad como personas.

La Iglesia que surge el Día de Pentecostés no es una Iglesia que vaya en busca de las multitudes sin rostro, sino la Iglesia viene al encuentro del individuo, de cada persona singular, única e irrepetible.

Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes responder o hacer un trackback desde tu sitio.

Responder

XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>


  • Artículos relacionados

  • Más en esta Sección

  • Todas las secciones

  • Números Anteriores

  • Enlaces


  • Publicidad












 
2012 Semanario – Órgano de formación e información Católica - | Entradas (RSS) | Comentarios (RSS)