5 de septiembre de 2010
Año XII
No. 709
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 7 de Junio, 2009

Por Esegé

 

Estanislado, como le dicen los vecinos que se rodean de esta pequeña colonia, es tenido por su carácter amistoso, su palabra amable y una eterna y desdentada sonrisa.

Este Estanislado, o si usted quiere de modo más sencillo, Tanis, como también le decimos, es un caso especial aquí en la comunidad; visto y respetado en su ser de niño.

Es un niño. Mucho lo respetamos y lo queremos así. Tal vez no sabía: el caso raro de un niño, como Tanis, se dice de hombres que no tienen mujer; no se casaron, pues.

En lugar del matrimonio, tiene Tanis la voluntad libre para servir a toda la gente, para ayudar en el pueblo en cuanto se le pide, y siempre con trato respetable y risueño.

Ándale, Tanis, date un tiempecito para que me ayudes a arreglar mi techo; órale, Tanis, anda al monte a traerme un palo bueno porque necesito tener listo mi arado.

Como que en la iglesia oímos decir que se alaba a aquellos que voluntariamente deciden quedar en su inocencia; esto, como forma de abrir puertas en servir a los demás.

Estanislado no conoce reglas ni se interesa en investigar lo que piensan otros; él siente cumplida su vida en atender a todos, en ocuparse y remediar los apuros ajenos.

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