Al paso de la luz
Publicado en web el 14 de Junio, 2009
Por Esegé
Los dichos de doña Severa Regla; Severita en el barrio. Ella y sus ocurrencias, sus suspiros, sus regaños, y la línea inflexible para llevar todo en regla; o sea, en su nombre.
Una sobrina de Severita, Rosiflor, en cambio, es indolente, descuidada y amiga de jugar y bromear con los muchachos de la escuela que se juntan a la vuelta de su casa.
Muchacha impropia; ahí andas con tu risa barata, en vez de portarte seriecita. Veo y temo las consecuencias: parece que nomás te dicen “mi alma”, y ya quieres casa aparte.
Y nada tiene de malo que a Rosiflor se le deshojen los pétalos de la risa y ande de aquí para allá prodigándose en buena manera, con su carácter tan risueño, tan festivo.
Para pensarlo, al ver esta asamblea de pequeños rufianes que no esconden su gusto, no disimulan su contento, ni aun cuando ello les hace deslucir un diente molenque.
No están pidiendo casa aparte, como tampoco la pide Rosiflor; simplemente tienen un alma limpia, en salud y frescura de primavera, en canto y en regocijo de amanecer.
¡Bendita edad de la inocencia, bendito el burbujeo de la risa cuando por ella está desbordándose el alma infantil!… lejos de las torvas angustias de doña Severita Regla.
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