5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 28 de Junio, 2009

 

Daniel León Cueva

 

¿Quién no recuerda las Fiestas Escolares de su infancia?

Aquellas felices oportunidades de salir a escena, de recitar sin equívocos la poesía, de cantar muy al tono, de actuar con aplomo en la obra de teatro, de sincronizarse en el bailable sin traspiés ni dudas… Y en torno a todo ello, los nervios de punta, apenas disimulados por abiertas sonrisas a las que precedieron sonoros aplausos, las palmaditas del profe o de la seño, los gritos de emoción y de ánimo de los parientes, allá en las butacas.

¿Puros dieces? ¡Quién sabe! El caso es que acaban de pasar los exámenes finales, con sus apuros y horas extra de estudio. La celebración del fin del ciclo lectivo ayuda a ahuyentar la incertidumbre, los miedos y la tristeza de dejar las aulas y los compañeros.

Ojalá este ramillete de flores con flores, en botón hacia la lozanía, no olvide los pasos, la tonada, el gusto de bailar nuestras mexicanísimas piezas, aunque después les invadan y seduzcan modas tan diferentes.

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