Ejemplar testimonio; San José Isabel Flores: fecha de su sacrificio
Publicado en web el 21 de Junio, 2009
Luis Sandoval Godoy
Este 21 de junio se cumplen 82 años de la noche aquella: luna desmorecida en girones sucios de nubes. Y el silencio de Zapotlanejo, viento suave, los laureles de la plaza escancian su perfume. A la distancia, ladra con insistencia un perro agorero que siente en algún modo la infamia que se está cometiendo.
De lo que fue Cuartel viejo y antes había sido el Curato parroquial, salen, en sombra, la víctima y los verdugos: se dirigen por la calle derecha hasta el camposanto del pueblo. Unos llevan mantas o frazadas a los hombros, a pesar de la tibieza del viento. No hablan entre sí. Resuena su paso a golpe acompasado en el empedrado de la calle. Sus sombras se van pintando en muros, en puertas altas, en ventanas cerradas.
A ochenta y dos años, hoy, de la noche en que fue sacrificado el presbítero José Isabel Flores Varela, Capellán de Matatlán, en la Parroquia de Zapotlanejo, queremos ofrecer, como primicia singular, el primer retrato que se hace público de este sacerdote, a quien se le había visto, en lugar de su vestimenta eclesiástica, con un chaquetón de grueso paño y una barba florecida, apenas blanqueada por la nieve del tiempo.
Los primeros feligreses del Padre José Isabel, recién ungido sacerdote en agosto de 1896, fueron los habitantes de Belén del Refugio, un villorrio escondido, en la jurisdicción parroquial de Teocaltiche, quienes llenos de gozo al ver colocado en los altares a aquel sacerdote al que veneraron y trataron sus abuelos, se sorprendieron de saber que un vecino tenía por ahí un retrato, el único que existía y que existe, fuera del retrato del padre en atuendo porfirista.
Quisieron los vecinos de aquel pueblo compartir su hallazgo con los fieles de Matatlán y entregaron una copia al actual párroco, D. José Trinidad García Alonso; de ahí se toma la reproducción de esta página, de San José Isabel Flores, a los treinta años de edad, en plenitud de vida y celo apostólico, con los rasgos genéticos de su parentela en El Teúl, Zac.; un retrato que será recibido con gozo, con el gozo con que se reciben datos, señales, testimonios, reliquias de un santo en cuyo ruego, ejemplos de santidad, pureza de vida, gloria de Dios y honor de la Iglesia, tienen tantos fieles el nombre de San José Isabel Flores Varela.
“Rosas para un santo”
Con el título de este apartado, se publicó en un periódico local, el 21 de junio de 1992, un piadoso recuerdo con interesantes datos de la comarca, sus pueblos, su gente, su economía, a propósito de aquel aniversario del sacrificio de San José Isabel Flores Varela. Su autor, don Abraham Pérez Ruiz (qepd), un zapotlanejense ilustre, caracterizado por su bonhomía, su sencillez, su limpia y sincera amistad, guardó fervorosa dedicación al Mártir de Matatlán, y en el sesenta y cinco aniversario de entonces, quiso ofrecer “rosas para un santo”.
Se hace una selección de aquel artículo, con los datos de aquel tiempo, dando cuenta del entorno geográfico y condiciones de vida que corresponden al momento del torvo asesinato del sacerdote:
“Mirando hacia el Norte del pueblo, se puede observar en las colinas cercanas la nueva Autopista Zapotlanejo-Lagos de Moreno, con su intenso tráfico de vehículos.
Por el viejo sendero que lleva al cementerio municipal, en las orillas de la población, corta el amplio camino de terracería que inicia y serpentea, en parte, los quince kilómetros que se recorren de Zapotlanejo a Matatlán.
Al avanzar por cuestas, pendientes y llanuras, se van quedando atrás solitarios caseríos de rancherías como El Mezquite Chico, San Roque, Las Liebres, La Higuera del Camino y el Mezquite Grande, así como las aguas del Río Calderón y las del Paso del Lobo.
Caminando por estas tierras generosas, en menos de una hora se llega en vehículo a Matatlán, pueblo antiguo, más viejo que Zapotlanejo, donde sus primitivos pobladores se dedicaban a la venta de madera, a la agricultura y la ganadería.
Con una población aproximada a los 1,500 habitantes, Matatlán tiene calles empedradas, de regular trazo y anchura. Cuenta con centros educativos, un centro de salud, muy pocos comercios, pequeña plaza de armas, y frente a ella, la iglesia.
La antigua iglesia, ya en desuso, tiene en su frente una fachada de cantera gris, con amplia puerta y grande ventana que ostenta un frontón triangular, todo de estilo dórico, y en la cumbre, dos campanas en lo que fue su campanario.
Su pequeña y angosta nave, de cinco arcos, donde existen altar, coro y un vetusto piso de madera, está adjunta a la nueva iglesia, construida a principios de siglo, la cual tiene como Patrona a Nuestra Señora de Guadalupe, cuya Coronación Episcopal realizó el Excmo. Sr. Obispo Dr. José Garibi Rivera, el 22 de enero de 1934.
Resumen biográfico del mártir
A estas bienhechoras tierras de Matatlán llegó el distinguido sacerdote José Isabel Flores Varela a ejercer su ministerio.
Era originario de San Juan Bautista del Teúl, Zacatecas, donde nació el 20 de noviembre de 1866. Fueron sus padres el señor Vidal Flores y la señora Sixta Varela, familia muy piadosa. El Pbro. D. Vicente Marín lo bautizó el 29 del mismo mes en el templo parroquial del lugar (…)
Inició sus estudios en el Seminario de Guadalajara el 14 de febrero de 1887, donde obtuvo diplomas y figuró entre los alumnos más distinguidos y sobresalientes. (…)
En el año de 1896, recibe el diaconado el 25 de junio, y la ordenación sacerdotal el 26 de julio, por imposición de manos del Excmo. Obispo de Colima, Don Atenógenes Silva. Canta su Primera Misa el 15 de agosto, en el pueblo de Atemajac.
Es adscrito a la Parroquia de Teocaltiche, del 1º. de agosto de 1896 al 14 de diciembre de 1899. El 21 del mismo mes, fue designado a la Capilla de Matatlán, donde ejerce su ministerio hasta el 4 de mayo de 1900.
Fue trasladado, el 11 de este mes, a la Capilla del Molino, del Sagrado Corazón de Jesús, de El Salto de Juanacatlán, donde estuvo hasta el 13 de noviembre del citado año, para regresar en forma definitiva a su amado pueblo de Matatlán. Su ministerio se caracterizó por su bondad, responsabilidad y entrega. Era amable, cariñoso, atento, ordenado, puntual; no regañaba ni era déspota; era estudioso y culto.
Promovió el desarrollo material y social de Matatlán. En su vida sacerdotal, por su humildad y abnegación, se ganó el respeto y aprecio de esta feligresía. Mostraba cierta dureza con los que se embriagaban y con los protestantes.
La noche del holocausto
Pasada la medianoche del miércoles 8 de junio de 1927, un poco más allá de las casas de don Florencio Pérez, un hombre a caballo, de sombrero y cobijado con una colcha oscura, muy pegado a la cerca de piedra, viene bajando hacia el Arroyo del Lobo.
Protegidos de la oscuridad y las sombras de los árboles, cuarenta hombres en sus cabalgaduras y bien armados, los cuales forman el cuerpo de la Defensa Rural de Zapotlanejo, al mando del Mayor del Ejército, José Rosario Orozco Murguía, observan el acercamiento del individuo.
– ¡Alto allí! ¿quién eres y a dónde vas?, le preguntó don Rosario Orozco.
– Soy el Padre Flores, y me dirijo al pueblo de La Purísima, a bautizar un niño, contesta el sacerdote.
– ¡Tú no vas a ir! ¡Bola, que te acompañen cuatro hombres y te lo llevas al Cuartel de Zapotlanejo!-, ordenó el militar.
Y así me traje preso al Padre Flores -dice José López Gutiérrez, apodado “El Bola”-, quien a sus 84 años recuerda los hechos como si apenas hubieran sucedido.
Todos a caballo, el Padre Flores y nosotros, llegamos al pueblo como a las cinco de la mañana -refiere don José-, y al rato de que el pueblito se enteró de que lo teníamos preso, se fue juntando un gentío y le llevaban mucha fruta y comida.
Catorce días estuvo preso el Padre Flores en una pieza del cuartel que antes fue curato -sigue platicando José-, y mientras el sacerdote rezaba o se acostaba en dirección a la puerta, nosotros jugábamos baraja.
Un día me fregaron todo mi dinero en la baraja; me llamó el Padre Flores y me dijo: ¡Toma, ya no juegues, porque tú tienes muy mala suerte! Y sin voltear a ver, tomó de un morralito unas monedas y me las regaló ¡Eran nueve pesos de plata!- platica, alegre, don José.
Eran pasadas las once de la noche del martes 21 de junio, cuando don Rosario Orozco llegó ante el Padre Flores y le dijo que tomara su morral y lo acompañara, porque tenía pensado dar una vueltecita -sigue platicando este anciano-.
Y salieron del cuartel, don Rosario Orozco, el Padre Flores, don Jesús Flores Torres, entonces Presidente Municipal de Zapotlanejo, y los policías José Aguirre y “El Chonillo”. Bajaron por la calle antigua del pueblo y siguieron al cementerio municipal.
Ya en el panteón, ante una sepultura abierta, don Rosario Orozco, le dijo al sacerdote -señala don José-: ¡Padre, lo voy a matar! El Padre Flores solicitó que le permitieran rezar y después de ello se quitó el reloj y se lo regaló a don Rosario. Acto seguido, don Rosario sacó su 44 especial y lo mató a balazos… afirma don José.
¡A los dos días, llegó la orden de que no lo mataran!, dice, triste, don José. ¡El Padre Flores no debía nada, no debieron haberlo matado, eran amigos el Padre Flores y don Rosario Orozco!, termina diciendo, don José López Gutiérrez, ‘El Bola’…”
Se dejan aquí los párrafos transcritos del artículo de D. Abraham Pérez Ruiz (qepd) para precisar que quien ofrece hoy esta memoria gloriosa por el sacrificio de un mártir, tuvo oportunidad de platicar con don José López Gutiérrez después de la entrevista de don Abraham, y que lo encontró turbado de sus facultades mentales; esto para explicar que la relación que hace de la forma en que fue sacrificado San José Isabel Flores Varela, difiere sustancialmente de la que dieron, en testimonio jurado, las personas que aparecen en el expediente procesual del mártir.
El disenso se refiere a los repetidos intentos que se hicieron de liquidar a balazos al sacerdote y el rebote inexplicable de las balas, hasta que por indicación de él mismo, alguno de los policías tomó un enorme cuchillo y lo degolló vivo. Con esto, la resistencia del policía que se negó primero a realizar esa bárbara acción y la orden de Rosario Orozco de que fuera ahí mismo acribillado a balazos, que hicieron blanco directo en quien debe ser considerado también mártir inocente. De todo esto se hace puntual relación en la biografía del santo, “Flor de las Flores”, de venta en la Librería del Arzobispado
El que a hierro mata…
Sin afán de adelantar juicios aplicados al desenlace sangriento en que terminaron sus días todos los que intervinieron en la muerte de San José Isabel, se da fin a este recuerdo en el aniversario de su sacrificio, con los últimos párrafos del artículo de don Abraham Pérez Ruiz:
“En la edición de El Informador del día 10 de marzo de 1932, en primera plana, se escribía la muerte de don Rosario Orozco, iniciando el texto de la noticia:
Pocos minutos antes de las veintiuna horas de anoche, en el cruzamiento de las calles de Degollado y Ferrocarril, fue asesinado cobardemente a puñaladas el señor Rosario Orozco, candidato a diputado por uno de los Distritos del Estado. Originario de Zapotlanejo…
Por diferentes motivos, don Jesús Flores Torres (había sido el Presidente Municipal en 1927), murió asesinado cerca del garitón que existe en Zapotlanejo, mientras don José Aguirre (policía municipal) fue asesinado en la plaza principal de dicho lugar.
A los cinco años de su muerte, los restos del Padre Flores fueron trasladados a la antigua iglesia de Matatlán en la cual se encuentran sepultados en un pequeño monumento junto al altar.
Cuando en el mes de noviembre de este año de 1992, el Papa Juan Pablo II, decrete la beatificación de 25 mártires mexicanos, el Padre José Isabel Flores entre ellos, podrá recibir el culto, la petición y el agradecimiento del pueblo y, desde luego… rosas para un santo”.
Resumen biográfico del mártir
A estas bienhechoras tierras de Matatlán llegó el distinguido sacerdote José Isabel Flores Varela a ejercer su ministerio.
Era originario de San Juan Bautista del Teúl, Zacatecas, donde nació el 20 de noviembre de 1866. Fueron sus padres el señor Vidal Flores y la señora Sixta Varela, familia muy piadosa. El Pbro. D. Vicente Marín lo bautizó el 29 del mismo mes en el templo parroquial del lugar (…)
Inició sus estudios en el Seminario de Guadalajara el 14 de febrero de 1887, donde obtuvo diplomas y figuró entre los alumnos más distinguidos y sobresalientes. (…)
En el año de 1896, recibe el diaconado el 25 de junio, y la ordenación sacerdotal el 26 de julio, por imposición de manos del Excmo. Obispo de Colima, Don Atenógenes Silva. Canta su Primera Misa el 15 de agosto, en el pueblo de Atemajac.
Es adscrito a la Parroquia de Teocaltiche, del 1º. de agosto de 1896 al 14 de diciembre de 1899. El 21 del mismo mes, fue designado a la Capilla de Matatlán, donde ejerce su ministerio hasta el 4 de mayo de 1900.
Fue trasladado, el 11 de este mes, a la Capilla del Molino, del Sagrado Corazón de Jesús, de El Salto de Juanacatlán, donde estuvo hasta el 13 de noviembre del citado año, para regresar en forma definitiva a su amado pueblo de Matatlán. Su ministerio se caracterizó por su bondad, responsabilidad y entrega. Era amable, cariñoso, atento, ordenado, puntual; no regañaba ni era déspota; era estudioso y culto.
Promovió el desarrollo material y social de Matatlán. En su vida sacerdotal, por su humildad y abnegación, se ganó el respeto y aprecio de esta feligresía. Mostraba cierta dureza con los que se embriagaban y con los protestantes.
La noche del holocausto
Pasada la medianoche del miércoles 8 de junio de 1927, un poco más allá de las casas de don Florencio Pérez, un hombre a caballo, de sombrero y cobijado con una colcha oscura, muy pegado a la cerca de piedra, viene bajando hacia el Arroyo del Lobo.
Protegidos de la oscuridad y las sombras de los árboles, cuarenta hombres en sus cabalgaduras y bien armados, los cuales forman el cuerpo de la Defensa Rural de Zapotlanejo, al mando del Mayor del Ejército, José Rosario Orozco Murguía, observan el acercamiento del individuo.
– ¡Alto allí! ¿quién eres y a dónde vas?, le preguntó don Rosario Orozco.
– Soy el Padre Flores, y me dirijo al pueblo de La Purísima, a bautizar un niño, contesta el sacerdote.
– ¡Tú no vas a ir! ¡Bola, que te acompañen cuatro hombres y te lo llevas al Cuartel de Zapotlanejo!-, ordenó el militar.
Y así me traje preso al Padre Flores -dice José López Gutiérrez, apodado “El Bola”-, quien a sus 84 años recuerda los hechos como si apenas hubieran sucedido.
Todos a caballo, el Padre Flores y nosotros, llegamos al pueblo como a las cinco de la mañana -refiere don José-, y al rato de que el pueblito se enteró de que lo teníamos preso, se fue juntando un gentío y le llevaban mucha fruta y comida.
Catorce días estuvo preso el Padre Flores en una pieza del cuartel que antes fue curato -sigue platicando José-, y mientras el sacerdote rezaba o se acostaba en dirección a la puerta, nosotros jugábamos baraja.
Un día me fregaron todo mi dinero en la baraja; me llamó el Padre Flores y me dijo: ¡Toma, ya no juegues, porque tú tienes muy mala suerte! Y sin voltear a ver, tomó de un morralito unas monedas y me las regaló ¡Eran nueve pesos de plata!- platica, alegre, don José.
Eran pasadas las once de la noche del martes 21 de junio, cuando don Rosario Orozco llegó ante el Padre Flores y le dijo que tomara su morral y lo acompañara, porque tenía pensado dar una vueltecita -sigue platicando este anciano-.
Y salieron del cuartel, don Rosario Orozco, el Padre Flores, don Jesús Flores Torres, entonces Presidente Municipal de Zapotlanejo, y los policías José Aguirre y “El Chonillo”. Bajaron por la calle antigua del pueblo y siguieron al cementerio municipal.
Ya en el panteón, ante una sepultura abierta, don Rosario Orozco, le dijo al sacerdote -señala don José-: ¡Padre, lo voy a matar! El Padre Flores solicitó que le permitieran rezar y después de ello se quitó el reloj y se lo regaló a don Rosario. Acto seguido, don Rosario sacó su 44 especial y lo mató a balazos… afirma don José.
¡A los dos días, llegó la orden de que no lo mataran!, dice, triste, don José. ¡El Padre Flores no debía nada, no debieron haberlo matado, eran amigos el Padre Flores y don Rosario Orozco!, termina diciendo, don José López Gutiérrez, ‘El Bola’…”
Se dejan aquí los párrafos transcritos del artículo de D. Abraham Pérez Ruiz (qepd) para precisar que quien ofrece hoy esta memoria gloriosa por el sacrificio de un mártir, tuvo oportunidad de platicar con don José López Gutiérrez después de la entrevista de don Abraham, y que lo encontró turbado de sus facultades mentales; esto para explicar que la relación que hace de la forma en que fue sacrificado San José Isabel Flores Varela, difiere sustancialmente de la que dieron, en testimonio jurado, las personas que aparecen en el expediente procesual del mártir.
El disenso se refiere a los repetidos intentos que se hicieron de liquidar a balazos al sacerdote y el rebote inexplicable de las balas, hasta que por indicación de él mismo, alguno de los policías tomó un enorme cuchillo y lo degolló vivo. Con esto, la resistencia del policía que se negó primero a realizar esa bárbara acción y la orden de Rosario Orozco de que fuera ahí mismo acribillado a balazos, que hicieron blanco directo en quien debe ser considerado también mártir inocente. De todo esto se hace puntual relación en la biografía del santo, “Flor de las Flores”, de venta en la Librería del Arzobispado
El que a hierro mata…
Sin afán de adelantar juicios aplicados al desenlace sangriento en que terminaron sus días todos los que intervinieron en la muerte de San José Isabel, se da fin a este recuerdo en el aniversario de su sacrificio, con los últimos párrafos del artículo de don Abraham Pérez Ruiz:
“En la edición de El Informador del día 10 de marzo de 1932, en primera plana, se escribía la muerte de don Rosario Orozco, iniciando el texto de la noticia:
Pocos minutos antes de las veintiuna horas de anoche, en el cruzamiento de las calles de Degollado y Ferrocarril, fue asesinado cobardemente a puñaladas el señor Rosario Orozco, candidato a diputado por uno de los Distritos del Estado. Originario de Zapotlanejo…
Por diferentes motivos, don Jesús Flores Torres (había sido el Presidente Municipal en 1927), murió asesinado cerca del garitón que existe en Zapotlanejo, mientras don José Aguirre (policía municipal) fue asesinado en la plaza principal de dicho lugar.
A los cinco años de su muerte, los restos del Padre Flores fueron trasladados a la antigua iglesia de Matatlán en la cual se encuentran sepultados en un pequeño monumento junto al altar.
Cuando en el mes de noviembre de este año de 1992, el Papa Juan Pablo II, decrete la beatificación de 25 mártires mexicanos, el Padre José Isabel Flores entre ellos, podrá recibir el culto, la petición y el agradecimiento del pueblo y, desde luego… rosas para un santo”.
Resumen biográfico del mártir
A estas bienhechoras tierras de Matatlán llegó el distinguido sacerdote José Isabel Flores Varela a ejercer su ministerio.
Era originario de San Juan Bautista del Teúl, Zacatecas, donde nació el 20 de noviembre de 1866. Fueron sus padres el señor Vidal Flores y la señora Sixta Varela, familia muy piadosa. El Pbro. D. Vicente Marín lo bautizó el 29 del mismo mes en el templo parroquial del lugar (…)
Inició sus estudios en el Seminario de Guadalajara el 14 de febrero de 1887, donde obtuvo diplomas y figuró entre los alumnos más distinguidos y sobresalientes. (…)
En el año de 1896, recibe el diaconado el 25 de junio, y la ordenación sacerdotal el 26 de julio, por imposición de manos del Excmo. Obispo de Colima, Don Atenógenes Silva. Canta su Primera Misa el 15 de agosto, en el pueblo de Atemajac.
Es adscrito a la Parroquia de Teocaltiche, del 1º. de agosto de 1896 al 14 de diciembre de 1899. El 21 del mismo mes, fue designado a la Capilla de Matatlán, donde ejerce su ministerio hasta el 4 de mayo de 1900.
Fue trasladado, el 11 de este mes, a la Capilla del Molino, del Sagrado Corazón de Jesús, de El Salto de Juanacatlán, donde estuvo hasta el 13 de noviembre del citado año, para regresar en forma definitiva a su amado pueblo de Matatlán. Su ministerio se caracterizó por su bondad, responsabilidad y entrega. Era amable, cariñoso, atento, ordenado, puntual; no regañaba ni era déspota; era estudioso y culto.
Promovió el desarrollo material y social de Matatlán. En su vida sacerdotal, por su humildad y abnegación, se ganó el respeto y aprecio de esta feligresía. Mostraba cierta dureza con los que se embriagaban y con los protestantes.
La noche del holocausto
Pasada la medianoche del miércoles 8 de junio de 1927, un poco más allá de las casas de don Florencio Pérez, un hombre a caballo, de sombrero y cobijado con una colcha oscura, muy pegado a la cerca de piedra, viene bajando hacia el Arroyo del Lobo.
Protegidos de la oscuridad y las sombras de los árboles, cuarenta hombres en sus cabalgaduras y bien armados, los cuales forman el cuerpo de la Defensa Rural de Zapotlanejo, al mando del Mayor del Ejército, José Rosario Orozco Murguía, observan el acercamiento del individuo.
– ¡Alto allí! ¿quién eres y a dónde vas?, le preguntó don Rosario Orozco.
– Soy el Padre Flores, y me dirijo al pueblo de La Purísima, a bautizar un niño, contesta el sacerdote.
– ¡Tú no vas a ir! ¡Bola, que te acompañen cuatro hombres y te lo llevas al Cuartel de Zapotlanejo!-, ordenó el militar.
Y así me traje preso al Padre Flores -dice José López Gutiérrez, apodado “El Bola”-, quien a sus 84 años recuerda los hechos como si apenas hubieran sucedido.
Todos a caballo, el Padre Flores y nosotros, llegamos al pueblo como a las cinco de la mañana -refiere don José-, y al rato de que el pueblito se enteró de que lo teníamos preso, se fue juntando un gentío y le llevaban mucha fruta y comida.
Catorce días estuvo preso el Padre Flores en una pieza del cuartel que antes fue curato -sigue platicando José-, y mientras el sacerdote rezaba o se acostaba en dirección a la puerta, nosotros jugábamos baraja.
Un día me fregaron todo mi dinero en la baraja; me llamó el Padre Flores y me dijo: ¡Toma, ya no juegues, porque tú tienes muy mala suerte! Y sin voltear a ver, tomó de un morralito unas monedas y me las regaló ¡Eran nueve pesos de plata!- platica, alegre, don José.
Eran pasadas las once de la noche del martes 21 de junio, cuando don Rosario Orozco llegó ante el Padre Flores y le dijo que tomara su morral y lo acompañara, porque tenía pensado dar una vueltecita -sigue platicando este anciano-.
Y salieron del cuartel, don Rosario Orozco, el Padre Flores, don Jesús Flores Torres, entonces Presidente Municipal de Zapotlanejo, y los policías José Aguirre y “El Chonillo”. Bajaron por la calle antigua del pueblo y siguieron al cementerio municipal.
Ya en el panteón, ante una sepultura abierta, don Rosario Orozco, le dijo al sacerdote -señala don José-: ¡Padre, lo voy a matar! El Padre Flores solicitó que le permitieran rezar y después de ello se quitó el reloj y se lo regaló a don Rosario. Acto seguido, don Rosario sacó su 44 especial y lo mató a balazos… afirma don José.
¡A los dos días, llegó la orden de que no lo mataran!, dice, triste, don José. ¡El Padre Flores no debía nada, no debieron haberlo matado, eran amigos el Padre Flores y don Rosario Orozco!, termina diciendo, don José López Gutiérrez, ‘El Bola’…”
Se dejan aquí los párrafos transcritos del artículo de D. Abraham Pérez Ruiz (qepd) para precisar que quien ofrece hoy esta memoria gloriosa por el sacrificio de un mártir, tuvo oportunidad de platicar con don José López Gutiérrez después de la entrevista de don Abraham, y que lo encontró turbado de sus facultades mentales; esto para explicar que la relación que hace de la forma en que fue sacrificado San José Isabel Flores Varela, difiere sustancialmente de la que dieron, en testimonio jurado, las personas que aparecen en el expediente procesual del mártir.
El disenso se refiere a los repetidos intentos que se hicieron de liquidar a balazos al sacerdote y el rebote inexplicable de las balas, hasta que por indicación de él mismo, alguno de los policías tomó un enorme cuchillo y lo degolló vivo. Con esto, la resistencia del policía que se negó primero a realizar esa bárbara acción y la orden de Rosario Orozco de que fuera ahí mismo acribillado a balazos, que hicieron blanco directo en quien debe ser considerado también mártir inocente. De todo esto se hace puntual relación en la biografía del santo, “Flor de las Flores”, de venta en la Librería del Arzobispado
El que a hierro mata…
Sin afán de adelantar juicios aplicados al desenlace sangriento en que terminaron sus días todos los que intervinieron en la muerte de San José Isabel, se da fin a este recuerdo en el aniversario de su sacrificio, con los últimos párrafos del artículo de don Abraham Pérez Ruiz:
“En la edición de El Informador del día 10 de marzo de 1932, en primera plana, se escribía la muerte de don Rosario Orozco, iniciando el texto de la noticia:
Pocos minutos antes de las veintiuna horas de anoche, en el cruzamiento de las calles de Degollado y Ferrocarril, fue asesinado cobardemente a puñaladas el señor Rosario Orozco, candidato a diputado por uno de los Distritos del Estado. Originario de Zapotlanejo…
Por diferentes motivos, don Jesús Flores Torres (había sido el Presidente Municipal en 1927), murió asesinado cerca del garitón que existe en Zapotlanejo, mientras don José Aguirre (policía municipal) fue asesinado en la plaza principal de dicho lugar.
A los cinco años de su muerte, los restos del Padre Flores fueron trasladados a la antigua iglesia de Matatlán en la cual se encuentran sepultados en un pequeño monumento junto al altar.
Cuando en el mes de noviembre de este año de 1992, el Papa Juan Pablo II, decrete la beatificación de 25 mártires mexicanos, el Padre José Isabel Flores entre ellos, podrá recibir el culto, la petición y el agradecimiento del pueblo y, desde luego… rosas para un santo”.
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