Monasterio de la Visitación de María: Fiel a su misión de orar por el mundo
Publicado en web el 14 de Junio, 2009
Mónica Livier Alcalá Gómez
ace 400 años, el 6 de junio de 1610, en Dijòn, Francia, nació una comunidad monástica, fundada por la que sería Santa Juana Francisca Fremyot, Viuda de Chantal, y que puesta bajo la tutela de San Francisco de Sales, se le llamó la Orden de la Visitación.
En nuestra Arquidiócesis operan dos Monasterios de esta Orden con monjas dedicadas a la oración y al sacrificio por los demás, y quienes en este mes han dado inicio a la celebración de un Año Jubilar, en el cual el Santo Padre Benedicto XVI les ha concedido diversas gracias.
Año Jubilar de la Visitación
Fue el sábado seis de junio, precisamente en el Aniversario de su Fundación, cuando con una Misa presidida por el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo de Guadalajara, inauguraron dicho “Año de Gracia”, que culminará en 2010, al cumplirse el Cuarto Centenario de su Fundación.
Al inició de la Eucaristía, una de las religiosas leyó el Decreto enviado por el Papa Benedicto XVI a todos los Monasterios de la Visitación esparcidos por el mundo, en donde se les autoriza a lucrar la Indulgencia Plenaria a todas las monjas de la Orden y a las personas que visiten los Monasterios y participen de la Eucaristía o realicen algún otro acto piadoso, en cualesquiera de las siguientes fechas:
• 6 de junio 2009 (inauguración)
• 19 de junio 2009, Fiesta
del Sagrado Corazón
• 12 de agosto 2009, Fiesta
de Santa Juana Francisca (Fundadora)
• 24 de enero 2010, Fiesta
de San Francisco de Sales (Fundador)
• Clausura del Año Jubilar en 2010
La Virgen María, modelo de santidad
Fue Ella el tema central de la Misa, pues el Evangelio recordó aquella visita de María a su Prima Isabel, y de la cual, según comentó el Cardenal en la homilía, pueden sacarse jugosas enseñanzas para los que han profesado la vida religiosa y para todos los cristianos en general. Y enumeró las siguientes:
• Servicialidad. “María era una mujer hacendosa, que supo manifestar de manera auténtica la caridad humana”.
• Morada de Dios. “Ella vivía constantemente en la presencia de Dios, y Dios habitó en Ella; el cristiano poco comprometido o distraído en las cosas del mundo, se pierde esta presencia”.
• Gratitud. “Su gratitud se evidenció plenamente en el
Magnificat; en ese hermoso cántico, María agradece a Dios que se halla fijado en Ella para ser la Madre del Salvador. La humildad siempre va de la mano con la gratitud.
“Mi deseo para ustedes, es que Dios habite en su corazón como en el de María; que logre Ella ser su modelo y guía, y que Cristo llegue a ser su único amor. El mundo sigue necesitando de su entrega y oración”, concluyó el Cardenal en la homilía.
Oración y silencio
Después de meditar con el canto del
Magnificat, entonado por las melodiosas voces de las religiosas visitandinas, y a las que el Cardenal impartiera una bendición especial, se invitó a los asistentes, amigos, bienhechores y vecinos de la comunidad, a compartir un refrigerio, y en tanto se preparaba una sencilla comida que fue ofrecida al Arzobispo, se explicaba a los presentes los carismas tan especiales de quienes integran este Instituto Religioso:
• Un espíritu de profunda humildad para con Dios, y de una extrema dulzura para con el prójimo.
• Un espíritu que no busca sino a Dios y tiende continuamente a unirse a Él, viendo en todo cómo complacerle.
• Un espíritu que no pone el acento en la austeridad exterior, sino en la renuncia interior, en una gran sencillez y en la alegría en la vida común.
• Y una espiritualidad mariana, dedicada a honrar a la Santísima Virgen María en el Misterio de la Visitación; en participar de la gratuidad de su respuesta, de la admiración de su alabanza y de su celo por la salvación del mundo.
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