Hermanas de la Visitación de María: Un sabio y santo para todos los tiempos
Publicado en web el 19 de Julio, 2009Hnas. de la Visitación
de Santa María
Sí, San Francisco de Sales, una figura fascinante: Abogado, senador, sacerdote, misionero, obispo, diplomático, reformador de la vida religiosa, místico, escritor, fundador de una Orden, director espiritual, Doctor de la Iglesia… vive todas las virtudes.
Pero… ¿quién es San Francisco de Sales? Un santo de ayer y de hoy, porque dicen sus contemporáneos, en especial San Vicente de Paúl, que es el que mejor ha reproducido al Hijo de Dios en su paso por la Tierra. Él ha sabido encarnar de manera más elocuente la Palabra y dejado un mensaje claro de la Misericordia y la Bondad de Dios.
Nació en Saboya (actual Francia) el 21 de agosto de 1567, hijo de Francisco de Nouvelles y Francisca de Sionnaz. Primogénito y, además, durante nueve años hijo único. Experimentó, así, la delicadeza, piedad y ternura de su madre. Se dice que las primeras palabras que pronunció fueron: “Dios y mi madre me aman mucho”.
El amor marcó su vida y sería el distintivo de su personalidad.
Un niño y joven normal
Siendo niño, goloso y travieso como suelen ser los pequeños, en una ocasión le entusiasmaron las cintas de un carpintero que iba al castillo, y a escondidas las cogió, lo que le valió una buena corrección de sus padres; en otra, fue a la cocina, y aunque se quemó la mano, se comió un dulce recién horneado. Su temperamento era vivo, y con frecuencia, ante la menor contrariedad, se le veía enrojecer para dominarse.
A los seis años, lo enviaron a estudiar a Annecy, y de 1578 a 1588 estudió Humanidades y Teología en París. De 1588 a 1592, Derecho Civil y Canónico, materias en las cuales se doctoró. En ese tiempo se vio rodeado de peligros: era un joven caballero que agradaba por doquier y él lo sabía; su corazón no era de piedra. Quiso permanecer fiel a las enseñanzas morales recibidas y por eso luchó, se mortificaba, oraba.
El Padre Possevino, quien supo comprobar la calidad de hombre que era Francisco, afirmaba que, al reprimir sus tentaciones, se veía inclusive al borde de la muerte. Él lo confesó, le administró la extremaunción, y vio su abandono y confianza en el Señor: “Estoy dispuesto a ignorarlo todo para mejor conocer a Aquél que es la Sabiduría del Padre: Cristo, y Cristo Crucificado. ¡Sí, Padre, hágase tu voluntad!”.
Sin embargo, por intercesión de la Santísima Virgen, recuperó la salud y la paz.
Dios lo llama
Fue ordenado Sacerdote el 18 de diciembre de 1593, y en 1594 se ofreció a ir a la Región del Chablais, dominada por los Calvinistas. Su celo lo llevó no sólo a predicar, sino a escribir, para poder difundir su pensamiento a más personas, “Las Meditaciones sobre la Iglesia”, y “Defensa del Estandarte de la Cruz”. Tras cinco años de misión, escribía al Papa Clemente VIII: “Cuando llegué aquí, apenas se podían contar 100 católicos entre todas las Parroquias; hoy apenas se pueden contar 100 herejes”
Su obra y escritos
Se le consagró Obispo el 8 de diciembre de 1602; en 1608 publicó “La Introducción a la Vida Devota”; en 1610 fundó, con Juana Francisca Fremiot de Chantal, después también Santa, la Orden de la Visitación de Santa María; escribió las “Conversaciones Espirituales” y “El Tratado del Amor de Dios”. Después de una intensa vida apostólica, murió en Lyon el 28 de diciembre de 1622. En 1661 fue beatificado, y en 1665 el mismo Papa Alejandro VII lo proclamó Santo. El 16 de noviembre de 1877, Pío IX lo declaró Doctor de la Iglesia, y Pío XI lo proclamó Patrono de los Periodistas y Escritores Católicos.
La fundación religiosa de San Francisco tiene un carisma muy especial: la dulzura y la humildad, aprendidas en el Corazón de Cristo, que años más tarde se revelaría a Santa. Margarita María Alacoque, en Paray-le-Monial. La Orden, que desde sus orígenes presenta una espiritualidad y un estilo de vida religiosa novedosos en la Iglesia, se extendió rápidamente por el mundo cristiano. A la muerte de San Francisco, había ya 13 Monasterios, y en la actualidad son 160 en 134 países de cuatro Continentes.
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