5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 2 de Agosto, 2009

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Por Esegé

Y la vida de los seres humanos tiene sus horas alegres y también sus momentos difíciles, crujidos de riesgo; embate de vientos encontrados que pueden llevar al caos.
La vida de grandes hombres no está libre de tropiezos, pues camina al margen de escollos y trances veleidosos, que pueden romper la blanda quietud de mares en calma.
Hubo un grande poeta español, que vivió esos trágicos momentos. Dijo los más sublimes cantos al amor divino, se desbordó en deliquios de adoración a Cristo. Pero…
Fue el caso de Lope de Vega y Carpio, cuya vida, como la de casi todos los hombres, tuvo grandes contrastes: a veces luces como en el Tabor, a veces una noche como en Los Olivos.
Como en la angustia de los seres humanos, hay veces que el oleaje de la vida hace zozobrar la existencia y lleva nuestra barquilla al naufragio, al decir con Lope de Vega:
Sintió la suya, como la nuestra… “pobre barquilla mía / sin velas desvelada / y entre las olas, sola…” Allá, como en estos chicos aquí lanzados a la aventura del oleaje.

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