26 de Mayo de 2013
Año XII
No. 851
Rincones tapatíos | Cultural | Edición:

Analco, un barrio con sabor a viejo

Publicado en web el 2 de agosto, 2009

27

Profa. Raquel Guadalupe Núñez Rojas
Seminario de Cultura Mexicana

Corría el año de 1543, y la joven ciudad tapatía era continuamente asediada desde el Oriente por algunas tribus indígenas que sabían que ese lado era el punto más débil de la naciente población. Preocupadas las autoridades por esa situación, mandaron llamar a los frailes franciscanos, que estaban instalados en su Convento de Tetlán, desde 1531. Los religiosos acudieron al llamado, acompañados por los dos grupos étnicos que se hallaban en dicho pueblo, acogidos por el Padre Fray Antonio de Segovia, quien los bautizó y adoctrinó.

COCAS Y TECUEXES,
CIMIENTO DE ANALCO

Los grupos étnicos que acompañaban a los misioneros eran cocas y tecuexes, y juntos formaron una comunidad que se llamó ANALCO, cuyo significado es “Al otro lado del río”. Los cocas se instalaron en lo que hoy es la Parroquia de San José, y los tecuexes se establecieron por el rumbo del río, cerca de donde se construyó el templo de San Sebastián.
Simultáneamente fueron poblándose otros barrios hoy tradicionales, como el de Mexicaltzingo. Por su cercanía, los Padres formaron un centro doctrinal Analco-Mexicaltzingo, agregándole los guerreros del ejército que el Virrey Antonio de Mendoza trajo de México para ayudar a la pacificación del Cerro del Mixtón (cercano a Apozol, Zac.), y que ya no regresaron a su lugar de origen.
El cariño que los frailes tenían a la Doctrina de Analco fue el motivo de que el primitivo templo de San Francisco tuviera su ingreso principal por el Sur, así como también la entrada del portón del Convento. Aún pueden apreciarse las huellas de la antigua entrada del templo, en el muro que mira al Sur del citado recinto.

HUELLAS DE LA HISTORIA

El historiador Ignacio Dávila Garibi nos refiere: “Ríanse, a mediados del Siglo XVI, cuatro idiomas distintos en Guadalajara: El azteca o náhuatl en el Barrio de Mexicaltzingo; el coca, en el de Analco; el cazcano y el tecuexe, en el de Mezquitán y Atemajac del Valle, además del castellano, impuesto por los conquistadores. Esta variedad de lenguas no fue motivo para el desánimo de los misioneros en catequizar a los naturales. La labor realizada por los hijos de San Francisco a favor de los habitantes de Analco no fue solamente la formación religiosa, sino la enseñanza de cuantas actividades humanas constituyeran a promocionar al ser humano”.

DESARROLLO DE ANALCO
Al correr los años, de ser una comunidad de indígenas cocas y tecuexes, Analco se convirtió en uno de los barrios más tradicionales de Guadalajara. Las comunidades indígenas se integraron rápidamente a la nueva economía y el proceso social que ésta representaba. Los analquenses tuvieron sus propias autoridades, salidas de entre los naturales, hasta que, en 1821, se integraron a la capital tapatía y fue declarado formalmente, este barrio, como parte de la ciudad.

LA RELIGIOSIDAD ANALQUENSE

Este barrio, como otros de la ciudad, a través de sus fiestas populares y su gran religiosidad, le da una característica especial, que lo distingue de otras comunidades.
La Parroquia de San José.- A pesar de su antigüedad, poco se sabe con exactitud sobre su origen. Los historiadores que se han ocupado de este templo, están de acuerdo en que no existe documentación sobre sus antecedentes. El edificio primitivo ha sufrido, por lo menos, siete diferentes reconstrucciones, entre los años 1765 y 1962. El templo siempre estuvo bajo la tutela de los Padres Franciscanos, desde su fundación.
El Templo de San Sebastián.- Los indígenas pobladores de Analco decidieron, por aquel entonces, levantar su propia capilla, que en un principio fue muy sencilla, de adobe y paja. Allí se comenzó a venerar una milagrosa imagen de San Sebastián Mártir, que según cuentan, un Miércoles de Ceniza, sudó sangre. En la segunda mitad del Siglo XVII, se construyó el actual templo. Su estructura es básicamente una nave central, en cuyo altar principal se encuentra una imagen de la Virgen del Refugio. Se asegura que es la más perfecta, salida de las manos de Pablo Valdez, quien la pintó en 1897. Los impresores la tienen por patrona y la festejan el día 4 de julio, iniciando su novenario el 26 de junio anterior a su festejo.
Cuenta también con dos capillas laterales: una es la hermosa Capilla del Calvario, cuya construcción es de cantera; la otra, está dedicada a la Virgen de Guadalupe, construida en 1721; se menciona con certeza que es la primera iglesia guadalupana que se levantó en Guadalajara. La construcción de este templo no tiene un estilo definido, pues se realizó en varias épocas. Amalgamó el estilo barroco español con el indígena. Una cruz de piedra está adosada a uno de sus muros. En tiempos de la Revolución, este inmueble, con sus anexos, sirvió de Seminario Conciliar. Actualmente, el Templo de San Sebastián de Analco está considerado por el Gobierno Federal como un monumento histórico nacional. Afortunadamente, no se destruyó en las explosiones terribles de 1992.

Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0.Puedes responder o hacer un trackback desde tu sitio.

Responder

XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>


  • Artículos relacionados

  • Más en esta Sección

  • Todas las secciones

  • Números Anteriores

  • Enlaces


  • Publicidad




 
2013 Semanario – Órgano de formación e información Católica - | Entradas (RSS) | Comentarios (RSS)