Campos-Misión del Seminario
Publicado en web el 9 de Agosto, 2009Aprendiendo el trato con las ovejas: El sacerdote, imagen del Buen Pastor
Rodolfo Rodríguez Leyva, 3º de Teología
Dante Omar Covarrubias Islas, Io de Teología.
Los seminaristas que se dispersaron por las diferentes comunidades parroquiales donde fue solicitada su presencia en campo-misión, compartieron durante este tiempo (el mes de julio), con los fieles, el llamado que Dios les ha hecho, comunicándoles su experiencia de fe a través de esa actividad misionera. Y esta labor se ha unido coincidentemente, en este Año Jubilar Sacerdotal, con el inicio de la llamada Misión Continental de toda la Iglesia.
Las misiones parroquiales, pues, han sido, para quienes han participado en ellas, una oportunidad más para solidificar las bases de nuestra formación seminarística, a fin de seguir nuestro empeño de configurarnos con la imagen del Buen Pastor que nos ha llamado, y con cuya gracia algún día podremos llegar a ser como Él de manera absoluta, al recibir el don de la Ordenación Sacerdotal.
Os daré pastores…
¿Quién es y cómo debe ser un pastor de la Iglesia, semejante a Jesucristo el Buen Pastor? Para responder a esta interrogante, vale la pena informarse un poco en los textos bíblicos. Dios lo señaló por boca de los Profetas: “Como un pastor vela por su rebaño (…) así velaré yo por mis ovejas.” (Ez. 34, 12); “Os daré pastores según mi corazón” (Jer. 3, 15). Con estas palabras, Dios prometió a su pueblo elegido no dejarlo nunca privado de pastores que lo congregasen y condujesen.
Mas, de acuerdo al Evangelio, Cristo habría de venir a ser la imagen suprema del Buen Pastor, a través de la cual el Creador mismo velaría por sus creaturas. Por tanto, quienes ahora aspiran a ser pastores del rebaño de Jesucristo sólo podrán hacerlo asimilándose a Él a través de la más íntima comunión.
Esto quiere decir que, por más buena voluntad e intención que exista, sólo podrá ejercer la conducción del rebaño aquél que haya sido llamado y seguido la voz hasta la culminación de su vocación, por la gracia del Pastor Supremo.
Los sencillos pueden
llegar a ser santos
Hace dos semanas, presentamos aquí el caso de dos profesionistas titulados que decidieron dejarlo todo para seguir a Cristo en esta vocación sacerdotal. Y ahora queremos compartir una historia más, la de José Luis González, quien tras haber culminado sus estudios correspondientes al 2º Año de Filosofía, nos narra la siguiente experiencia:
“A poco tiempo de haber ingresado al Seminario, durante mis primeras vacaciones, luego de asistir a Misa, platicando con un grupo de personas me encontré con un joven que había estudiado Filosofía y Letras, y quien se ostentaba como no creyente, y me preguntó cómo me había atrevido a dejarlo todo para ingresar el Semanario con la intención de ser sacerdote. Mi respuesta fue simple: Me sentí llamado por Jesús -le dije- y decidí seguirlo. Haciendo un gesto de incredulidad, el joven, replicó: ¿Qué certeza palpable tienes tú de eso que llamas vocación, o de que esa voz interior es la del propio Jesús que te llama?
“A partir de ahí comenzamos una larga exposición de razone; él, por supuesto, no aceptaba las mías, y en cambio quería que yo asintiera en las suyas, que señalaban que yo estaba equivocado. Acabé diciendo que la vocación es un llamado que Dios le hace al hombre directamente al corazón, y sólo mediante la fe puede aceptarse tal misterio, de parte de aquéllos que quieren estar dispuestos a escucharlo.
“El diálogo se hubiera prolongado indefinidamente, hasta que otra persona intervino, y guiñándome el ojo, me dijo por lo bajo: Ya no le hagas caso; está loco. En realidad, pensé, ¿quién estará más loco: aquél que niega la gracia de la vocación y dice desconocer a Jesús o el otro que comete la ‘locura’ de dejarlo todo y le sigue, buscando darle a su vida el sentido más profundo, que es el de entregarla al servicio de sus hermanos?…
Las misiones del verano
2009 llegaron a su fin
El Señor Jesús señala que el verdadero Pastor es aquél que da su vida por las ovejas; las conoce y ellas lo conocen a él, y está al servicio de la unidad. (Jn. 10,11ss). De estos pastores son los que faltan a la Iglesia, y de estos pastores son los que el Seminario quiere formar, a ejemplo y a imitación de Cristo; pastores que configuren toda su existencia para lograr alcanzar la perfección y la santidad dentro de la sencillez del apostolado, tal como lo hizo, por ejemplo, el Santo Cura de Ars.
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