En la Cristiada, allá, en las cúpulas,la ignominia
Publicado en web el 2 de agosto, 2009El día de “los arreglos” en el pueblo alteño de San Diego de Alejandría, hace 80 años. Allí mismo había dado comienzo, tres años antes, la rebelión cristera.

Pbro. Óscar Maldonado Villalpando
El conflicto religioso en San Diego de Alejandría tuvo rasgos que lo distinguieron como un verdadero paradigma de la popular guerra cristera. Esto lo corrobora el testimonio del Padre Juan Pérez Gallegos, que entonces contaba con once años; así como las remembranzas impresas de don Domingo Cerrillo, quien escribiera dos libros: “Memorias de mi pueblo” y “Memorias Cristeras”, donde narra mucho de lo sucedido, con lujo de detalles, y sirven para testimoniar el particular protocolo de este conflicto en San Diego.
conocimiento pleno de los hechos
Los habitantes de San Diego, su párroco y autoridades civiles estaban bien enterados del significado del conflicto que se vivía –Iglesia-Estado- en aquellos años. Sin televisión ni medios modernos de comunicación, demostraron, empero, que conocían bien la fisonomía política del Presidente Plutarco Elías Calles y sus intenciones, así como las coyunturas en las cuales estaban inmiscuidos personajes como José de León Toral, el General Álvaro Obregón Salido, el abogado y líder católico Anacleto González Flores, su compañero Miguel Gómez Loza, etcétera…
El Padre Juan, en su comentario, hace escuchar la voz ladina del joven Heriberto Navarrete (después Sacerdote Jesuita e historiador), subido en una banca del jardín de San Diego, arengando a la población, casi toda reunida en el areópago alteño.
A los decires del párroco, que era moderado y sencillo, hay que añadir los de don Marcos Rivera Ledezma, el intercambio de mensajes con el Padre Pedro González, Vicario parroquial, al frente de Jalpa; los escritos del mismo don Domingo, que reproducen el sermón entrañable del Padre Fernando Escoto en la noche en que se cerró el templo en 1926, entre emotivas lágrimas.
el plan ambicioso, declaración
de estado de guerra
Nos cambiaron la historia. No andaba Calles persiguiendo católicos; ellos lanzaron el reto. Y también, hay que decirlo, en coordinación de sus Pastores, punto medular de la cuestión.
En San Diego brilló con nitidez una valiente iniciativa del pueblo, un verdadero proyecto atrevido. San Diego, con todos sus habitantes, se entregó “a la causa”, y no lo hizo sólo para defenderse, sino para ir a la conquista de un derecho arrebatado.
Las últimas horas del año 26 fueron escogidas para dar de alta a los nuevos “soldados” de Cristo Rey por aquellas tierras. Fue el Señor Cura Narciso Elizondo, de San Julián, quien, como otros, dio también un matiz religioso al envío de la tropa, cuando poco más de 30 valientes recibieron la bendición con el Santísimo en la plaza principal.
Mas, en San Diego, todo el pueblo estaba en vilo aquella noche, pues luego ante los jefes militares, sentados tras los escritorios destinados al efecto del reclutamiento voluntario, fue pasando cada candidato para enlistarse, firmar y recibir inmediatamente su primer jornal como miembro de la epopeya cristera: un brillante peso de plata 0.720.
Mas los cristeros de aquellos rumbos estaban decididos a emprender una acometida con sabor de odisea: Por principio de cuentas, pretendían invadir el Estado de Guanajuato, tomar dos importantes Municipios: Purísima y San Francisco; así, el Gobierno se daría cuenta de que los católicos alteños estaban dispuestos a luchar por la más bella de las libertades: la de creer. Y pensaron bien.
Entrados en la lucha
El ejército cristero de San Diego se hizo al camino -20 kilómetros de distancia- en la complicidad de aquel obscuro amanecer del 1º de enero de 1927. Se decía que iban unos 400 hombres, todos a pie, y que hubo que obligar a que regresaran algunos fervorosos ancianos queapenas avanzaban bordón en mano, y que muchos cortaron palos de los árboles del Cerro del Palenque, que metidos bajo la cobija parecían fusiles.
Al llegar a la importante plaza de San Francisco del Rincón, rendidas las fuerzas policiales y tomada la Presidencia, se celebró Misa,por el Padre Capellán de la tropa, Fernando Escoto, en el kiosco. San Francisco era ya una importante ciudad de Guanajuato, contaba con estación de tren a México, y se hallaba a un tiro de piedra de las grandes plazas militares de León y de Lagos. La primera fase del trayecto se había logrado con éxito; la suerte estaba echada.
Y así siguieron batallando durante casi tres años, mostrando, los miembros de este ejército sandieguino, su entereza, valentía y heroísmo. De él destacarían, y entrarían a la historia del conflicto religioso, figuras como la de Victoriano, el célebre “Catorce”; Miguel Hernández; Guadalupe Martínez; Refugio Mena; Toribio Valadez; Víctor López; Eulogio González, y tantos otros que se erigieron como verdaderos expertos, implacables e invencibles guerrilleros en su propio terreno.
pactaron por su cuenta
Mas fue entonces cuando, obligados por las circunstancias, el Presidente, los Obispos Leopoldo Ruiz y Pascual Díaz, y hasta los gringos, vinieron a pactar unos dizque “acuerdos” que, al parecer, fueron firmados el 29 de junio de 1929.
Pero, más que acuerdos, muchos los consideraron traiciones a la causa cristera y a sus generosos combatientes. Gracias a tal convenio, fueron capturados y ejecutados jefes como el General Enrique Gorostieta Velarde, tan a traición, que “casualmente” su compañero de confianza, Navarrete, logró escabullirse entre una tormenta de balas, mientras que pocos días después cayó también asesinado, y no en campaña, Aristeo Pedroza.
“Entretanto, la tropa cristera de San Diego, hagan de cuenta que se profesionalizaba; así se puede apreciar en una foto del día en que decidió entregar las armas. Estos cristeros tienen el porte, la fortaleza y la presencia de verdaderos soldados…” Así lo narra don Domingo Cerrillo, en la página 279 de su libro, que consigna las efemérides o fechas claves, y menciona la solemne clausura de la Guerra Cristera en San Diego de Alejandría:
“El día 29 de julio de 1929, en el lugar llamado ‘La Ceja Colorada’, a las 10 horas, se dan un abrazo el Coronel Cristero don Toribio Valadez y el Coronel Manuel Quiroz Lozada”… Con ese abrazo oficial y solemne se daba por terminada La Cristera en esta zona, donde desde su comienzo hasta el final ésta tuvo toda esa formalidad, como algo que totalizaba la vida de este pueblo.
Fue por ello que este 29 de julio de 2009 se conmemoró el LXXX Aniversario de aquel histórico “abrazo” y el fin de hostilidades, con un programa de actos, apoyados por las autoridades; entre ellos, un desfile y cabalgata; una conferencia en la Casa de la Cultura, sustentada por los historiadores Padre Juan Carlos González Orozco y Jean Meyer. También con una Misa Solemne presidida por el Señor Cura Maurilio Martínez Tamayo, hijo de este pueblo, y por la noche, una popular velada musical.
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