5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
Seminaristas en tareas alternas | Semillero de Vocaciones | Edición:

Una misión muy distinta

Publicado en web el 16 de Agosto, 2009

“¡Oh, qué intensa, qué grande es la dicha que tienes reservada a los que te temen!”

23

 

Enrique Galván, 2º de Teología

El Seminario Diocesano de Guadalajara, entre las diversas actividades que tiene instituidas anualmente para ayudar a la formación y santificación de sus futuros sacerdotes, prevee, tal como se ha venido refiriendo en este espacio, las Misiones Parroquiales, oportunidad inmejorable para que aquéllos que se han sentido llamados al servicio del Pueblo de Dios, vayan conociendo la realidad a la cual tendrán que enfrentarse en su labor pastoral.

Una misión muy especial

Sin embargo, al margen de esta labor evangelizadora que se realiza durante la temporada vacacional, cabe mencionar también la “misión” especial que se encomienda a un grupo de seminaristas en esta época. No es precisamente ésta una misión en la que se conviva con los fieles adultos, jóvenes, niños, ancianos o enfermos, sino con otras criaturas del Señor, mediante las cuales también se puede santificar la vida, fortalecer la voluntad y templar el carácter.
Se trata de un trabajo común y cotidiano, semejante al que realizó Jesús mismo durante los 30 años anteriores a su vida pública, en los cuales aprendió y practicó un oficio y forjó sus virtudes.
No obstante, y a pesar de tratarse de una “misión” muy especial, los seminaristas que tomaron parte en ella, la sintieron como algo necesario y privilegiado: Nos referimos al trabajo de atención y cuidado de la Granja del Seminario, cuyos frutos y productos sirven para alimentar durante muchos meses a los seminaristas, pues de ahí proceden tortillas, leche, carne de res y de cerdo ( limpia por cierto, de toda influenza).

Siervos

Como cualquier campo de cultivo y establos campesinos, los nuestros requieren especiales cuidados y dedicación. Es por ello que ante las necesidades del Seminario se ha instituido también este “campo-misión”, a cuyas labores se dedican compañeros seminaristas, jornaleros, que de este modo sirven generosamente a sus hermanos y, desde luego, a Aquél que no vino a ser servido sino a servir.
Quienes laboran en este campo tienen grabado también el mensaje de Jesús, quien dijera a sus apóstoles: “Ya no os llamo siervos, sino amigos…” Y esto constituye una guía de su trabajo y una satisfacción de sus resultados, de los cuales se sienten muy contentos, pues saben que significan una aportación muy valiosa para la economía del Seminario y para bien de la Iglesia, pues generando productos alimenticios se ayuda a la formación de los futuros sacerdotes; que satisfecha la imprescindible necesidad de comer, están mejor preparados para dedicarse al estudio con el vigor necesario.

Jornadas misioneras singulares

Lo que se realiza en estas jornadas de trabajo misionales en la Granja consiste generalmente en lo que se conoce como “tirar líquido”, que es el regar, abonar las milpas, escardar y eliminar malezas para obtener óptimas cosechas. Asimismo, hay que cuidar y limpiar los establos y a sus habitantes, o sea las vacas; proporcionarles la debida cantidad de “rastrojo” o pastura molida y dosificada adecuadamente, así como otras tareas afines para mantener el buen funcionamiento de todo lo que incluye nuestra Granja, ubicada por el rumbo de Nextipac, Municipio de Zapopan.

La misión está donde está el corazón

El grupo de seminaristas que este año tuvo a su cargo esta delicada misión, se mostró contento y divertido por haber tenido la oportunidad de servir a sus hermanos, y esta experiencia distinta que Dios le concedió, mostrándose siempre muy unido en todas sus labores y a la vez agradecido por haber sido llamado para “estar con el Señor” de esta manera tan inusual y singular, en la cual dichos seminaristas mayores tuvieron ocasión de ampliar sus conocimientos, compartir la fatiga, disfrutar las alegrías de estar en contacto con la Naturaleza, así como las convivencias que se programaron a lo largo de estas jornadas de labores.
Una vez concluida dicha experiencia, y ya de vuelta a las tareas diarias de estudio y oración, han querido pedir a todas las personas que oren por el Seminario y por todos los próximos curas de almas que ahí se preparan, y para que sepan santificarse en cada una de las misiones que se les encomienden.
Y si alguien desea venir un día a nuestra Granja a ofrecernos una jornada “misionera” de trabajo, con gusto lo esperamos y mucho se lo agradeceremos. Sepan que, de verdad, es una experiencia muy grata, singular y satisfactoria, pues al fin y al cabo, como señalara nuestro Pastor: “La misión está donde está el corazón”.

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