5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Cultural | Edición:

Al paso de la luz

Publicado en web el 20 de Septiembre, 2009

24Por Esegé

Esto es lo hondo de barrancas tempestuosas, revuelo de cumbres y arrecifes de flancos hirientes, de molduras labradas en el lento y paciente trabajo de los siglos…
Ahí hubo de pronto un rellano, de pronto una repisa puesta en la misma roca para asentar una comunidad, un caserío improvisado, y ahora un noble pueblo. Así Bolaños.
Por ahí anduvo don Toribio. Siglo XVII. Sed de oro, insaciable y ciega hambre de plata que había que entresacar de las arrogantes cumbres, de las oscuras hondonadas.
Y aquellos hombres perdidos en las hondas entrañas de la tierra, en laberintos oscuros, con la barreta en las manos y con el ánimo de ir siguiendo la codiciada veta.
Al amparo de Señor San José formaron un pueblo y levantaron santuarios de una suntuosidad a la medida de los productos auríferos extraídos del corazón de la montaña.
De lo hondo del corazón de los hombres, fueron sacadas aquellas iglesias que hoy son pasmo y admiración por la riqueza de sus molduras, por la belleza de sus acabados.
Eso es San José de Bolaños y eso es ahora el diseño enhiesto de su templo parroquial, en medio del oleaje de cumbres que dan su toque de grandeza a la comarca.

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