5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Varios | Edición:

Del Sermón de la Montaña : Procurar el Reino es trabajar por la Justicia

Publicado en web el 20 de Septiembre, 2009

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados (Mt 5, 6)

22Mons. Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara

Esta bienaventuranza suele identificarse con el deseo de la santidad de Dios. Jesucristo tuvo una actitud permanente de hambre de justicia, de santidad, de ver cumplida la voluntad del Padre. Él mismo expresó: conviene que así cumplamos toda justicia (Mt 3, 15). Con estas palabras, queda claro que Él ha venido al mundo para cumplir la voluntad de su Padre. Él se encarnó no para hacer su voluntad, sino la voluntad del que lo ha enviado (Cf. Jn 8, 29).

El sacerdote es bienaventurado cuando siente el deseo de cumplir la voluntad de Dios, al igual que cuando ayuda a los demás a cumplirla. La justicia que Dios pide al hombre se resume en el doble Mandamiento del amor, a Dios y al prójimo (Cf. Mt 22, 40). Es el amor a Dios y al prójimo lo que debe mover al sacerdote en la búsqueda de la justicia y de la santidad; de lo contrario, no rebasaría los límites de la filantropía. Si el sacerdote obrara por otros motivos, tarde o temprano terminaría por ser infiel, pues cuando falta el amor de Dios en la intención del obrar humano, rápidamente emerge el amor propio mal entendido, que encierra al hombre en su egoísmo. Además, al perder la mira del cumplimiento de la voluntad amorosa de Dios, se corre el riesgo de instrumentalizar y usar a los demás en los trabajos pastorales, pues aquello que se dice que se hace para Dios, realmente está haciéndose para uno mismo.

Cuestión de obediencia y servicio

Los que tienen hambre y sed de justicia son los que se esfuerzan sinceramente en acatar la voluntad de Dios, que en el caso del sacerdote se verifica en el cumplimiento alegre y generoso del ministerio que Dios le ha confiado. Así, quien vive con entusiasmo y fidelidad su vocación al servicio de los demás, es bienaventurado porque ya no vive más para sí, sino para Dios y para los demás, lo cual hace que su vida tenga sentido.
Quizá en algún momento hemos sentido que algo falta a nuestro ministerio, o bien, hemos advertido que se ha perdido el entusiasmo y la generosidad en la entrega, y no nos sentimos bienaventurados. Aunque son muchos los factores que pueden suscitar estos u otros sentimientos de medianía en nuestro sacerdocio, debemos preguntarnos con humildad, delante de Dios, si nos hemos desviado del camino que nos conduce a la santidad. No podemos engañarnos: si nos falta la santidad de vida, en realidad nos falta todo. Si en nosotros no existe el esfuerzo humilde y diligente por corresponder al amor de Dios, entonces nuestro ministerio se empobrece día con día, hasta llegar a perder su significado.

Sin duda, la santidad es una gracia que Dios concede a quien se la pide humildemente. Conviene recordar las palabras que Su Santidad Benedicto XVI dirigió a los sacerdotes, a pocas semanas de haber sido elegido Papa:

“Queridos sacerdotes, jamás destacaremos suficientemente cuán fundamental y decisiva es nuestra respuesta personal a la llamada a la santidad. Ésta es la condición, no sólo para que nuestro apostolado personal sea fecundo, sino también, y más ampliamente, para que el rostro de la Iglesia refleje la luz de Cristo (Cf. Lumen gentium, 1), induciendo así a los hombres a reconocer y a adorar al Señor. Debemos acoger la exhortación del Apóstol San Pablo a reconciliarnos con Dios (Cf. 2 Co 5, 20), ante todo en nosotros mismos, pidiendo al Señor, con corazón sincero y con espíritu decidido y valiente, que aleje de nosotros todo lo que nos separa del Él y está en contraste con la misión que hemos recibido. Tenemos la seguridad de que el Señor, que es misericordioso, nos lo concederá”.

la justicia se rebela y reconstruye

A su vez, la búsqueda de la justicia de Dios se refleja en la denuncia de las injusticias y, sobre todo, en la búsqueda de soluciones, pues se logra más siendo propositivos que siendo inquisidores. El sacerdote, con prudencia y valentía, debe defender a los más débiles y desprotegidos; de lo contrario, no sería fiel al sentido de esta bienaventuranza ni a su ministerio de pastor. Quien se queda callado cuando puede y debe hablar, comete una lamentable omisión, la cual puede llegar a constituir una falta grave.

En este sentido, los obispos y sacerdotes debemos luchar también contra las injusticias que se dan dentro del Presbiterio. Hay quienes cometen faltas y omisiones graves porque desean guardar su buena imagen ante el Obispo o los demás. ¿Cuántas veces se ha calumniado injustamente a algún hermano y nadie ha salido en su defensa?; ¿cuánto mal se ha hecho al divulgar algo de otra persona que se asegura como verdadero, sin la certeza de lo que se afirma? Una falta clara de fortaleza es cuando, ante situaciones delicadas, se busca alejarse lo más posible de las personas que sufren injusticias y de sus problemas, para evitar verse comprometido de alguna manera. No podemos confundir la cobardía con la prudencia. La primera es un defecto; la segunda, una virtud.

Por el contrario, debemos aprender a “dar la cara” por los demás, siempre que esté en nuestras manos hacerlo. El ejemplo de Jesucristo, que siendo justo murió por nosotros, debe motivarnos a alzar la voz y a salir en defensa de quien es injustamente calumniado, al igual que de aquel que tiene derecho a su buena fama, aunque efectivamente haya cometido una falta.

El sacerdote es bienaventurado cuando en verdad busca la justicia de Dios, del mismo modo que cuando busca defender, con caridad, la verdad, aunque esto traiga consigo dificultades.

Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes responder o hacer un trackback desde tu sitio.

Responder

XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>


  • Artículos relacionados

  • Más en esta Sección

  • Todas las secciones

  • Números Anteriores

  • Enlaces


  • Publicidad












 
2012 Semanario – Órgano de formación e información Católica - | Entradas (RSS) | Comentarios (RSS)