19 de Marzo de 2017
Año XX
No. 1050

El Movimiento de Miguel Hidalgo

Publicado en web el 20 de Septiembre, 2009

29Cuando el Rey de España, Fernando VII, fue derrocado por el ejército francés y encarcelado en mayo de 1808, ocupó el trono un hermano de Napoleón, José Bonaparte. Estos hechos fueron después conocidos en América, provocando una enorme impresión, ya que nadie quería acabar en manos de los franceses, que por ese tiempo tenían una pésima fama. Las autoridades que en América representaban al Rey legítimo: Virreyes, Intendentes, Capitanes Generales, etcétera, creyeron oportuno aceptar los hechos consumados, pero algunos diferían de esa postura y empezaron a organizar conjuras en contra de dichas autoridades por su pasividad ante la crisis española.

Parte de una de esas conjuras en la Nueva España, fueron: don Miguel Hidalgo y Costilla, junto con Ignacio Allende, los hermanos Aldama, Josefa Ortiz y otros criollos ilustrados de la época. Descubiertos que fueron, ante el peligro de ser apresados, se enfrentaron al riesgo de iniciar una lucha armada abierta y general, para la cual no tenían dinero ni armas ni gente; ni siquiera un proyecto definido de acciones y metas a lograr.

¿Cómo alentar a los pueblos a seguir una Causa que desconocían o con la cual no se identificaban? De momento, pagándoles. Hidalgo ofreció bonificar un peso diario a quienes trajeran caballo, y cincuenta centavos a los de a pie; pero a muchos de estos iniciales insurgentes les quedaba claro que en la revuelta habría la posibilidad del saqueo. De igual modo, se procedió a liberar a los presos a cambio de su adhesión, y la decisión, también fatal, de apresar a los pobladores civiles de origen español. La salida de Dolores se fijó a las ocho de la mañana, pero no fue sino hasta las once cuando inició la marcha hacia San Miguel (hoy de Allende).

Un voluntarioso tumulto

¿Cuánta gente seguía a Hidalgo? Es difícil saberlo. Se han manejado cifras de todo tipo, pero debemos antes recordar que para esas fechas, en la Nueva España, no se llegaba a seis millones de habitantes, si bien El Bajío tenía una gran concentración poblacional. A San Miguel debieron haber llegado algunos centenares la tarde del mismo 16, y desde esa misma hora quedó claro por dónde iban las cosas: apresar civiles de origen español, saquear sus bienes, imponer préstamos con uso de la violencia y la intimidación.

¿Y la Causa? A juzgar por los testimonios tardíos que llegaron, había que defender al Rey Fernando, destronado por los franceses, y defender a la Religión, que corría el riesgo de ser perseguida si los franceses se adueñaban de América. Esta Causa exigía desconocer a las autoridades virreinales, cómplices de los franceses; pero, ¿por qué apresar a civiles sólo por el hecho de haber nacido en España? Todo se aclara si recordamos los resentimientos históricos que los criollos tenían en contra de los peninsulares, resentimientos de los cuales podían igualmente participar indios y castas.

El Movimiento se volvió entonces confuso, y el tema de la Independencia quedaba de momento en segundo sitio; al parecer, el detonante de las luchas por la Independencia será una guerra entre gente de la misma raza pero que había nacido en distinto sitio.

El padre Calvillo

Los que conocen poco de Historia dicen que Pablo José Calvillo es “el único hidrocálido que la historia menciona como participante en el Movimiento que encabezó Miguel Hidalgo y que nos dio la Independencia”, toda vez que nació muchos años antes de que fuera creado el pequeño Territorio del Estado de Aguascalientes, si bien es cierto que vino al mundo en 1763, en el caserío de Calvillo, así llamado en homenaje a uno de sus parientes en grado colateral, que cedió la superficie del fundo legal del poblado, en el Valle de Huajúcar -no se confunda con el Municipio jalisciense de Huejúcar, del que Calvillo fue Vicario-, que hoy corresponde a aquella Entidad federativa, por entonces dependiente en lo civil de la Nueva Galicia, y en lo eclesiástico, de Guadalajara.

De genio bullicioso y carácter independiente, fue alumno del Seminario tapatío; le ordenó presbítero el Obispo don Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo en 1797, dándole estos destinos: Juchipila, Hacienda de San Jacinto, de Ojocaliente; Tepechitlán y Colotlán, residiendo en calidad de Vicario de este último curato en el pueblo de Huejúcar, cuyo territorio hoy corona el Estado de Jalisco. Por motivos de salud, residió temporalmente en la Ciudad de Aguascalientes, siendo removido en 1809 a Jesús María, donde supo de la insurrección del Cura de Dolores; y sirviéndose del repudio a la Casa de Borbón experimentado por los indios flecheros de las Compañías de La Frontera, de Colotlán, los ganó para la Causa de la Insurgencia, en especial al gobernador del barrio de Tlaxcala, el indio Marcos Escobedo. (Ahí, en esa población del Norte de Jalisco, radicaba un nutrido grupo de indígenas tlaxcaltecas).

Cristalizó la conjura en la casa que el Padre Calvillo tenía en Colotlán, una noche de fines de septiembre de 1810. Con él a la cabeza, dando a los conjurados una estampa guadalupana que pusieron en sus sombreros, y al grito de ‘¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la Independencia! y ¡Mueran los gachupines!’, los conjurados tomaron las Casas Reales y remitieron a Zacatecas a treinta peninsulares en calidad de rehenes.

Con cinco mil indios flecheros de San Luis de Colotlán, vecinos de los pueblos de Santiago Tlatelolco, Santa María de los Ángeles, Tlalcosahua y Huejúcar, ostentando el título de Mariscal de Campo que le concediera Hidalgo, Calvillo participó, el 17 de enero de 1811, en la Batalla del Puente de Calderón, funesta para su Causa, y aunque no sufrió bajas esa vez, la suerte le fue adversa al verse copado por las tropas de Pedro Celestino Negrete y del Cura Francisco de Álvarez cerca de Colotlán, donde pereció un tercio de su gente.

Atrincherado en la Sierra de Tayahua, sus achaques le orillaron a solicitar y obtener, en octubre de ese mismo año, el indulto de la jurisdicción civil y la dispensa de las irregularidades canónicas por parte de la autoridad eclesiástica. Murió en la Ciudad de Zacatecas, por causas naturales, rehabilitado en su ministerio y en plena comunión con la Iglesia, el 6 de abril de 1816.

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