Nuestras necesidades, a los pies de María
Publicado en web el 4 de Octubre, 2009Al cumplirse 300 años de la Dedicación del Templo de La Merced, el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez exhortó a los fieles a confiar en María como Madre Protectora, y se decretó un Año Jubilar en esa Capellanía

Sonia Gabriela Ceja Ramírez
El jueves 24 de septiembre, con una Celebración Eucarística, se festejaron los 300 años de la Dedicación del Templo de Nuestra Señora de las Mercedes, más conocido como “La Merced”, famoso por la gran cantidad de personas que ahí acuden a solicitar el Sacramento de la Reconciliación.
La Solemne Misa Jubilar fue presidida por el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo de Guadalajara, quien estuvo acompañado por una docena de sacerdotes, entre ellos el Capellán del Templo y Ecónomo de la Arquidiócesis, Pbro. Juan González González.
Un año de gracia
Al inicio de la Celebración, el Padre Capellán dio lectura a una misiva mediante la cual el Arzobispo Metropolitano concede un Año Jubilar que ayude a renovar la vida cristiana de los feligreses de La Merced, el cual concluirá el 24 de septiembre de 2010, fecha en que se podrá lucrar la Indulgencia Plenaria, con los requisitos ordinarios: Tener la intención de ganar la Indulgencia, excluir todo afecto de pecado, participar en la Eucaristía, recibir la Sagrada Comunión, recitar un Padrenuestro y un Avemaría y rezar por las intenciones del Santo Padre.
Además, se podrá ganar la Indulgencia mediante los actos de piedad con los que ordinariamente la Iglesia la concede: La lectura de la Sagrada Escritura, la oración ante el Santísimo Sacramento al menos durante media hora, el rezo del Rosario en familia o en comunidad, o los Ejercicios Espirituales, entre otros.
A romper las cadenas
de las dificultades
En su homilía, el Señor Cardenal se refirió a la advocación de la Virgen María como Nuestra Señora de las Mercedes, y citó el pasaje evangélico en el que Jesús, en la Cruz, entrega a María como Madre de la Humanidad, diciendo: “Mujer, he ahí a tu hijo; hijo, he ahí a tu Madre”.
Explicó que en el título mariano de Nuestra Señora de las Mercedes queda manifestada su vocación de donadora de favores, los que nos puede obtener mediante su maternal intercesión ante Dios.
Dijo que esta advocación surgió en una situación especial en España, cuando este pueblo cristiano enfrentaba a los moros, y de donde surgió la Orden Religiosa de los Mercedarios, quienes se comprometían a recabar el dinero del rescate que pedían los musulmanes para que los cristianos capturados fuesen liberados, o bien, para poder tomar su lugar en la prisión.
En la época de la evangelización de la Nueva España, estos frailes vinieron aquí e hicieron mucho bien, mas en tiempos de la persecución religiosa fueron expulsados del país, y así, este templo, que ellos erigieron, pasó a ser administrado por el Clero Diocesano.
Lo que en el tercer milenio
nos aqueja
El predicador comparó las dificultades que se vivían en la época del surgimiento de la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes con la encrucijada que se vive en estos años, sobre todo por las angustias que para muchos ha significado la recesión económica, las malas cosechas durante este escaso temporal de lluvias, las epidemias de la influenza y el dengue; todo lo cual se ha sumado a tantos males espirituales como padece nuestra Sociedad, tales como la inmoralidad, que destruye a las familias; la corrupción de nuestros gobernantes; la perdición de los jóvenes; necesidades todas que el pueblo cristiano debe poner a los pies de María.
Explicó, asimismo, que la razón principal que tenemos para confiar en Ella es que se trata de la Madre de Dios y de todos los hombres; que Ella vivió para Cristo y, por su obediencia, Dios no le niega nada; y así como Ella supo escuchar siempre la voz de Dios y cumplir su voluntad, Jesús escuchó también su voz y petición cuando abogó por los esposos de las Bodas de Caná, para quienes el Señor obró un milagro; pero de esa manera también los cristianos que nos acerquemos a Ella estamos llamados a hacer “lo que Él nos diga”.
Por otra parte, el Prelado explicó que ante todos los males que nos aquejan, debemos recordar que por el dolor hemos sido salvados; es decir, por los padecimientos de Cristo. Así que, pese a todo, no debemos desperdiciar los sufrimientos humanos y ofrecerlos como lo hizo Jesús, asociándonos a la obra de la Redención del mundo.
Misas en La Merced
Domingos, de las 7 a las 14 horas, y de las 16 a las 20 Hrs.
Entre semana, de 7 a 10, 10.30, 11.15, 12, 13, 13.45, 18.15, 19 y 20 Hrs.
Horario de Confesiones: de las 10 a las 13 y de las 16 a las 19 horas.
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