Al paso de la luz
Publicado en web el 1 de Noviembre, 2009
Por Daniel León Cueva
Más antes -decían nuestros ancestros-, los atrios de los templos eran tan espaciosos, que daban cabida a los alegres y piadosos fieles en las procesiones, mandas, danzas y festejos a todos los Santos de su especial devoción.
También, hace mucho tiempo, los anchurosos atrios les daban albergue en su silencioso seno a los fieles difuntos, que ahí eran depositados, como más cerquita y juntito a la Casa de Dios.
Vida y muerte no se repelen; en realidad, se convocan para coincidir hacia la trascendencia. Y la Iglesia Triunfante, que aguarda el final de los tiempos para consumar el Dogma de la Comunión de los Santos, seguramente aboga por la Iglesia Purgante y por la Iglesia Militante; trilogía en la que meditamos en estas propicias fechas de noviembre.
…No cabe duda: son muy bellas las moradas del Señor, desde su misma entrada.
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