5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Varios | Edición:

Del Sermón de la Montaña: Ataques a la Iglesia y al Clero

Publicado en web el 19 de Noviembre, 2009

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia… Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa (Mt 5, 10-11)

22Mons. Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara

Cristo, el Cordero de Dios inmolado por nosotros, siendo el Justo por excelencia, fue injuriado y perseguido hasta la Cruz. Es el inocente perseguido (Cf. Sal 22), el Siervo de Yahvé (Cf. Is 53), que vino para ofrecerse en pago por nuestros pecados. Sin embargo, pese al sufrimiento que trae consigo la persecución, Cristo concede a sus Mártires y sus Santos el ser Bienaventurados, pues tuvieron el gozo de cumplir amorosamente la voluntad de Dios, para así tomar posesión del Reino de los Cielos (Cf. Mt 5, 10).

 

En todos los tiempos, pruebas
dolorosas

La Iglesia siempre ha sufrido la persecución, y nuestros días no son la excepción. Si bien actualmente no experimentamos una persecución cruenta en nuestro país como la soportaron nuestros venerados Mártires mexicanos, no dejan de existir pruebas y momentos de perplejidad, de confusión y de cruz en la comunidad cristiana.

Sin embargo, a nivel mundial, la Iglesia resiente una persecución, centrada, particularmente, en atacar al Clero.

La figura sacerdotal en los últimos años y, como consecuencia de graves escándalos que se han registrado, lamentablemente, ha sido constantemente desacreditada en diversos foros y medios. El objetivo a buscar, y que en parte se ha logrado, es sembrar la duda y la desconfianza del pueblo hacia sus pastores. No obstante que los escándalos y los ataques siempre han existido en la Historia de la Iglesia, hoy vivimos un momento delicado, en el que tenemos que demostrar, a través de nuestro ministerio coherente y alegremente vivido, la grandeza y belleza de nuestra vocación.

 

Opción sanadora y confortante

Pero no perdamos de vista que esta persecución que sufre la Iglesia es una gracia que purifica y santifica, además de ser una participación en la Bienaventuranza de Dios.
Al sacerdote también se le puede presentar la tentación de querer huír y evitar la Cruz, para vivir así cómodamente su ministerio, sin comprometerse en nada verdaderamente importante, y ajustándose a los criterios del mundo. Eso equivaldría a vivir un cristianismo sin Cruz, un Evangelio mutilado, un ministerio sin Cristo.

Un sacerdote rehúye cobardemente a la persecución cuando no vive con coherencia y radicalidad evangélica su ministerio y prefiere vivirlo de manera mundana; cuando pretende “comprar” con halagos y favores a los Superiores o a quienes podrían representar un obstáculo para lograr sus intereses personales; cuando no predica con valentía e integridad el Evangelio; cuando se deja “comprar” por quienes tienen poder o recursos económicos y hace “excepciones” que no están en el campo de su jurisdicción en lo referente a la moral sacramentaria, al igual que cuando renuncia a hacer la corrección fraterna, por miedo a ser corregido.

Por el contrario, el sacerdote es bienaventurado cuando, por amor a Cristo, por su amistad y solidaridad con Él, permanece fiel y no busca acomodarse a los criterios del mundo para huír de la persecución. Es bienaventurado cuando es perseguido por hacer el bien, por haber evitado el mal, por hablar con la verdad y por resistirse a mentir, calumniar, disimular ante el error o difamar.

Muchas veces, el sacerdote vive la persecución de sus mismos hermanos en el ministerio, lo cual es más doloroso, pues además de ser perseguido, en cierta manera, es traicionado por su propio hermano. En ocasiones, entre los miembros del Presbiterio hay quienes se empeñan en difundir los errores cometidos por otro, sean reales o no.

Igualmente, hay quienes quieren envolver en un manto de duda a la persona y a la obra de otro sacerdote, con el objetivo de generar el descrédito y la desconfianza. Quienes realizan o permiten que se promuevan estas acciones, incurren en una actitud deplorable, que dista mucho de su vocación como discípulos de la Verdad.

 

Ejemplares casos precedentes

Quizá el testimonio de los mártires, y particularmente de los sacerdotes mártires mexicanos, pueda alentarnos cuando suframos la persecución por causa de Cristo. Ellos representan para nosotros un ejemplo luminoso de fidelidad y amor heroico a Cristo, el Cordero inocente inmolado por nosotros. Por ello, Su Santidad el Papa recientemente señalaba:

“Cuando los cristianos son verdaderamente levadura, luz y sal de la Tierra, se convierten, a su vez, como le sucedió a Cristo, en objeto de persecuciones; como Él, son «signo de contradicción». La convivencia fraterna, el amor, la fe, las opciones a favor de los más pequeños y pobres, que caracterizan la existencia de la comunidad cristiana, suscitan a veces una aversión violenta. ¡Qué útil es, entonces, contemplar el testimonio luminoso de quien nos ha precedido en el signo de una fidelidad heroica hasta el martirio!”

Que Santa María de Guadalupe y los Santos Mártires mexicanos intercedan por nosotros para que podamos permanecer fieles en nuestro ministerio pastoral, aunque a veces resulte verdaderamente arduo.

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