DÍA DE TODOS LOS SANTOS: LLUVIA DE SANTOS A TRAVÉS DE AMÉRICA
Publicado en web el 1 de Noviembre, 2009“Los Santos conviven con nosotros. No sólo su ejemplo ha quedado escrito en el recuerdo, sino que la fuerza de su testimonio, su intimidad con Dios, tiene que ver con nosotros, potencia el flujo de la Gracia, intercede ante la pobreza de nuestros medios para facilitar la cercanía del premio prometido. La muerte ya ha sido vencida por el triunfo de Jesucristo Nuestro Señor, Dios y Hombre verdadero, y por el Dogma de la Comunión de los Santos sabemos que ese triunfo va siendo también triunfo nuestro” (Cfr. Havers, Gmo. María, “Creo en la Comunión de los Santos” Título IV. Presentación de Mons. Serafín Vázquez Elizalde, 1987)

Dr. Alberto Gutiérrez T. Formoso
Las palabras de Monseñor Serafín Vázquez a propósito de la Obra del Padre Havers (a quienes recordamos con respeto), nos parecen la mejor introducción para consignar, en este día precisamente, a varios de los Santos y Beatos, sin olvidar a los Siervos de Dios y Venerables cuya Causa ya ha sido introducida, quienes dieron su vida y su testimonio en las tierras de esta América Nuestra desde el inmenso Canadá hasta el Cono Sur de Argentina y Chile. México ha tenido el privilegio de haber sido regado con la sangre de sus Santos Mártires, en este Siglo XX recién terminado.
Pero también quisiéramos destacar Causas cuyo Proceso quedó “incoado” (iniciado), y que por diversas razones no continuaron durante los siglos de la Colonia. Señalamos tan sólo los que en una somera e impactante búsqueda resaltan por su singularidad. Nuestro recorrido es simplemente geográfico.
Pléyade de santos por el continente
En Canadá brilla el grupo de los Santos Mártires Misioneros Jesuitas entre Hurones, Iroqueses y Algonquinos: Juan de Brebeuf, Antonio Daniel, Gabriel Lalemant e Isaac Yogues, semilla de la catolicidad del Canadá. Y en ese territorio, hoy de New York, floreció Santa Kateri Tekawita, la Azucena Catequista. Y también otro ejemplo singular: Santa Margarita d’Youville, madre de familia y religiosa ejemplar, allá en Montreal.
En Estados Unidos destaca Santa Isabel Ana Bayley Seton, dedicada enteramente a la atención de los inmigrantes necesitados. Apostolado heroico. Y podríamos añadir al Beato Fray Junípero Serra, Franciscano, Apóstol de la California.
En México podemos hacer una distinción temporal entre los Santos durante la Colonia y los del Siglo XX.
Debe ser el primero nuestro San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el vidente y mensajero, a sus 57 años, de Nuestra Señora de Guadalupe, en El Tepeyac. Después, San Felipe de Jesús OFM, protomártir en Japón y primer mexicano canonizado. Dos Beatos, uno Franciscano y el otro Agustino, son Fray Bartolomé Gutiérrez y Fray Bartolomé Laurel, ejemplares ambos. Igualmente los Beatos Niños Mártires de Tlaxcala: Antonio, Cristóbal y Juan. Vendrían luego, como lluvia del Cielo, los Santos y Beatos Mártires del tiempo de la Persecución Religiosa en la Gesta de La Cristiada, encabezados por San Cristóbal Magallanes Jara y sus 24 heroicos compañeros; y por el Beato Anacleto González Flores, el “Maestro”, y sus seis compañeros, muchos de ellos seglares entregados. Por lo especial de su Martirio, cabe citar al Beato Miguel Agustín Pro Juárez, valiente Sacerdote Jesuita.
Y a él se le suman otros Santos y Santas del Siglo XX, como la “Madre Nati”, María de Jesús Sacramentado, y San José María de Yermo Parres, apóstol del Sagrado Corazón. Recuerdo glorioso se le debe a San Rafael Guízar y Valencia, apóstol heroico en México y América, Prelado de Jalapa, Veracruz, y primer Obispo de América canonizado. ¡Qué santas personalidades!
Nos faltaría enlistar, por razón de espacio, a los Siervos de Dios cuyas Causas ya han sido introducidas y a los Venerables, camino de Canonización, como Fray Antonio Margil de Jesús, OFM, el “Santo Andariego” que recorrió todo México y Centroamérica. Incansable. O al Siervo de Dios Don Luis María Martínez Rodríguez, Arzobispo de México, varón prudentísimo y santo en verdad. Asimismo, a la Venerable Señora Conchita de Armida, por su recia espiritualidad; al Siervo de Dios, Don Basilio Rueda, ejemplar Hermano Marista y educador. Todos éstos, testimonios muy cercanos a nosotros.
Al sur de nuestras fronteras
En Centroamérica resalta San Pedro de José Betancourt, el “Hermano Pedro”, en Guatemala. La Beata María Romero (+ 1977) en León, Costa Rica, aunque ella era nicaragüense de nacimiento. Y la “Memoria”, indudable de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, el “Santo de América” como se le cita, Arzobispo entregadísimo, hasta su muerte durante la celebración de la Misa. (¡).
En Sudamérica valdría también hacer una distinción cronológica. En la Colonia sobresalen el Beato José Anchieta, Jesuita, apóstol de Brasil. San Francisco Solano, apóstol de Perú y Argentina. Santa Rosa de Lima. San Juan Macías, el humilde portero, ahí mismo; junto a ellos, el humildísimo San Martín de Porres, Dominico. San Pedro Claver, S. J., el apóstol de los negros en Cartagena de Indias, y San Luis Beltrán, en Colombia. Además, cabe recordar a Santa Mariana de Jesús Paredes, la “Azucena de Quito”, y a los Santos Mártires de las Reducciones Jesuitas en Paraguay: Santos Roque González, Alfonso Rodríguez y Juan del Castillo, de la Compañía de Jesús. ¡Qué misioneros heroicos! No podía faltar Santo Toribio de Mogrovejo, el santo Arzobispo de Lima en tiempos de Santa Rosa y de San Martín. Y en Ecuador se recuerda a San Miguel Febres Cordero, el gran educador.
Ya en el Siglo XX florece la Beata Laura Vicuña, mártir de la virginidad, en la frontera chileno-argentina. Y con ella, Santa Teresa de los Andes. En Chile resuena la voz de San Alberto Hurtado, formador. Debemos citar a la Beata Madre “Laurita” Montoya, Fundadora de misioneras entregadas en Colombia y Ecuador, más entre zonas indígenas.
…Pedimos perdón por las omisiones involuntarias; todos ellos y ellas son Gloria de Dios en su santidad, y ejemplo para nosotros. No podíamos, sin embargo, en un 1° de noviembre, sino intentar una apretada consignación. Ellos nos han precedido. Nos entonan en la Comunión de los Santos, Dogma de Fe.
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