Para servicio de todos; El Sacerdocio, fuente de ardor apostólico
Publicado en web el 26 de Noviembre, 2009•Exhorta el Obispo Miguel Romano a presbíteros, en Zapopan, a ser ministros de la verdad en la alegría
•Extenso y bien documentado el mensaje del Rector del Seminario Diocesano

Pbro. José Manuel Anceno Rivas
Dirigiéndose a medio centenar de sacerdotes de la Vicaría Pastoral de Nuestra Señora de Guadalupe, el jueves 12 de noviembre el Rector del Seminario de Señor San José, y Obispo Auxiliar de Guadalajara, Monseñor Miguel Romano Gómez, señaló, en la Basílica de Nuestra Señora de Zapopan, que “el Papa Benedicto XVI sigue invitándonos a conmemorar, con singular entusiasmo, el Año Sacerdotal, para celebrar las maravillas que el Espíritu Santo realiza en cada sacerdote. Recordar y celebrar al Santo Cura de Ars, hace que se perciba cada vez más la importancia del papel y de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la Sociedad contemporáneas. La voluntad del Papa es no condenar a la Sociedad, sino llevarle la alegría del amor y del conocimiento de Jesucristo”.
Virtudes necesarias en el sacerdote
Con voz pausada, el Prelado apuntó que San Juan Crisóstomo recordaba unas virtudes especialmente necesarias en el sacerdote, entre ellas la mansedumbre, la moderación, la misericordia, la justicia, la pureza de corazón, el amor a la paz y a la verdad: “Si Cristo es manso y humilde de corazón, el sacerdote está lleno de ternura y humildad. Si Cristo es el misericordioso, el corazón del sacerdote rebosa de piedad y comprensión. Si Cristo es siervo manso y humilde, el sacerdote tiene consigo el don de transmitir la paz. Si Cristo es el Salvador, el sacerdote es ministro de la salvación”.
Servir según el corazón de Cristo
Acompañado de cerca por el Vicario Episcopal, Monseñor Francisco Casillas Navarro, Capellán del Templo Expiatorio Eucarístico, y por dos de los Padres Decanos en la Vicaría, el Obispo Romano dijo: “Sacerdote de Cristo, no mires tanto tu debilidad, como la gracia; tu pecado, como la misericordia de Dios; tus limitaciones, como la abundancia de sus dones, que rebasan cualquier capacidad de recibir”.
Asimismo, advirtió: “El sacerdote no puede sino sentirse rebosante de alegría, ya que tiene muy buenas razones para vivir en la confianza de que su ministerio tiene la eficacia de la generosidad de Cristo. El buen sacerdote no pone limitación alguna en su entrega a Cristo y a los demás. No tiene limitaciones de días ni de personas: todo para todos, y así hasta el final.”
Sacerdotes, hermanos mayores
Luego de explicar cómo el sacerdote puede llevar con generosidad y ánimo su ministerio, el joven mitrado subrayó: “El sacerdocio es un carisma, pero también una forma de vivir, de estar en el mundo, de servir a los demás. Los sacerdotes son como los hermanos mayores, no tanto en la edad cuanto en la virtud, sabiduría y discreción, de lo cual tienen necesidad para el ejercicio de su estado y oficio.
A los sacerdotes los hizo Cristo para ser Padres de los hombres en el orden de la Gracia, médicos de sus enfermedades, jueces de sus delitos con poder de perdonarlos, llaveros del Cielo con facultad de abrir y cerrar sus puertas, abogados y medianeros entre Dios y nosotros, padrinos de los que luchan en las batallas de la muerte y, sobre todo, providentes Padres que alimentan y educan con el Pan de la Vida y para la eterna gloria”.
Continuas amenazas y protección de la Madre
No olvidó -quien lleva en sus manos el timón de la barca del Seminario- el mencionar las amenazas que acechan a los clérigos: “Esa sensación de impotencia, la desesperanza ante la indiferencia religiosa, el vicio arraigado, la ignorancia tan extendida… Aunque la mayor amenaza para el sacerdote es el querer vivir como si Dios no existiera”. Por lo mismo, apuntó: “La espiritualidad sacerdotal se manifiesta en un comportamiento adecuado, en la búsqueda sincera del rostro de Dios, en la práctica de la caridad y el amor fraterno, sincero y recíproco.
“Son muchas las dificultades en el camino, es grande la debilidad, pero mayor es la gracia del Hijo de Dios”, animó el Pastor a los presbíteros, que escuchaban atentos no obstante lo extenso de su exhortación. Finalmente, señaló que en la vida y misión del consagrado no puede faltar la presencia de María: “El sacerdote, al amparo de María Virgen, expresa lo mejor de su espiritualidad sacerdotal: alabanza, gratitud, comprensión, cercanía, presencia, misericordia. Si con María vivimos, Ella nos acercará a la mano de su Hijo Jesús para que acompañe el caminar de todos los sacerdotes”.
Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes responder o hacer un trackback desde tu sitio.



