Deporte y cultura ¡Qué sabroso es jugar un rato futbol y luego darse un regaderazo!
Publicado en web el 13 de Diciembre, 2009
Pbro. Carlos Javier Díaz Vega
El deporte es alegría y salud.
Difícilmente se ve a alguien triste al momento de practicar deporte. Más bien, a quien practica deporte se le ve feliz, esforzado y gozando lo que hace, porque el deporte y la alegría forman un binomio inseparable. Lo mismo podemos decir del deporte y la salud: el que hace deporte tiene salud y procura la salud.
El deporte es liberación
Por otra parte, las tensiones y preocupaciones de la vida cotidiana son olvidadas al momento en que rueda, bota o se golpea un balón. Cuando se encesta o se anota un gol se viaja a un lugar muy lejano, donde no hay preocupaciones, sino satisfacción por el logro alcanzado, la victoria buscada.
El deporte es fraternidad
Todos conocemos el significado etimológico de la palabra “fraternidad”: hermandad. Pero hay hermanos buenos, malos, cercanos y lejanos. En el deporte, sin embargo, todos son hermanos cercanos, amigos y buenos, incluyendo a los adversarios, pues si éstos no estuvieran, el juego sería imposible. Quien practica deporte aprende a compartir, a dar, recibir, tratar y ser tratado por los demás.
Hay muchos sacerdotes que, por ejemplo, juegan futbol y utilizan este deporte como lazo de fraternidad, instrumento de esfuerzo permanente, de liberación, alegría y salud.
“El Seminario es la casa de los de hoy (seminaristas), y de los de ayer (sacerdotes)”. Esta frase atinadísima del Padre “Chayo” Ramírez es traída a colación para señalar la forma en que los alumnos se entusiasman en su caminar vocacional cuando ven cómo los sacerdotes, cada semana, quincena o mes, pero siempre los miércoles, acuden a practicar el deporte al Seminario Mayor. A muchos les gusta ver a su Párroco, al Vicario de su Parroquia, al sacerdote amigo, al sacerdote que apoya su apostolado o labores misionales, al sacerdote que lo recibió el Día del Seminario, liberado, gritando y corriendo tras el balón en la cancha de la Facultad de Teología.
Este encuentro semanal es especial y con nada se sustituye, pues generalmente en las Parroquias los seminaristas encuentran al sacerdote ministro, catequista o pastor, pero los miércoles el seminarista se topa con el sacerdote deportista, goleador, técnico, aguerrido, pero entregado al juego. Así es como el formando conoce el aspecto lúdico del sacerdocio; algo que parece tan simple pero que es tan importante, pues la alegría, el cuerpo y mente sanos, la práctica de las virtudes de la perseverancia, y la fraternidad, es algo que no debe perderse en los sacerdotes, y que los seminaristas deben apreciar.
Y aunque seguramente ningún presbítero acude los miércoles al Seminario Mayor a jugar futbol con la intención de dar buen ejemplo sino con la mira de hacer deporte, todos ellos dan testimonio de entusiasmo a los estudiantes. Son clérigos que llevan a Dios dentro y lo demuestran, incluso, cuando juegan balompié.
Podrá haber muchas canchas de futbol, pero de ninguna se obtiene tanto provecho como en la cancha del Seminario.
Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes responder o hacer un trackback desde tu sitio.

