5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Varios | Edición:

Entrañable zona tapatía, El Santuario, un barrio Guadalupano

Publicado en web el 13 de Diciembre, 2009

Esta comunidad, como todos los años al acercarse el 12 de diciembre, se prepara a celebrar la Fiesta de su Patrona, la Santísima Virgen de Guadalupe. Dichos festejos o verbenas se inician desde el 28 de octubre con los tradicionales “Rosarios”, que son 46 y se rezan diariamente. La antigua tradición se pierde en los anales del tiempo y sólo sabemos que esa cifra representa las estrellas que en su manto tiene La Guadalupana

27Profa. Raquel Guadalupe Núñez Rojas
Seminario de Cultura Mexicana

Los barrios representan una conformación homogénea de construcciones habitadas por personas de condiciones, costumbres y ocupaciones semejantes. Esta formación barrial casi siempre tiene en su centro una iglesia, y ese templo es el que le da su nombre, como en este caso El Santuario de Guadalupe.

Cómo surgió

Allá por el Siglo XVII, el crecimiento de nuestra ciudad hacia el Norte fue lento, hasta antes de la llegada del insigne Obispo de la Orden de los Dominicos, Fray Antonio Alcalde y Barriga, de gratísima memoria. Indudablemente que éste fue el principal benefactor de Guadalajara, ya que en los 21 años que duró su actividad pastoral, le imprimió un sello muy particular, como lo atestiguan las obras benéficas que realizó y que han perdurado a través del tiempo.

Tan importante y trascendental fue la obra realizada por el Obispo Alcalde, que abrió nuevos horizontes a esta ciudad; y entre su grandioso legado se encuentra el Hospital de Belén (hoy Civil) y el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, obras que coadyuvaron a la formación del Barrio del mismo nombre, que durante la mitad del Siglo XIX, junto con el de San Francisco, fueron las zonas residenciales más importantes de la ciudad.

El Culto a la Morenita

Fray Antonio Alcalde incrementó e intensificó, asimismo, el culto a la Virgen de Guadalupe en toda la Diócesis. Su Santuario fue construido por orden directa de él. El propio Obispo colocó la primera piedra el 7 de julio de 1777, y cuatro años después el templo estaba terminado, utilizándose en su construcción cantera gris de Huentitán. Anexo al templo se ubicó un cementerio que, por el espacio reducido y las epidemias de cólera que entonces diezmaron a la población, se llenó rápidamente.

También a iniciativa de Fray Antonio se construyeron las famosas “Cuadritas” del Santuario para cubrir las necesidades de habitación de las familias pobres que se avecindaron en el entorno del nuevo templo.

Los Festejos Tradicionales

Durante el Novenario, las calles se adornan con vistosos lazos de papel de china y se alumbran, por las noches, con faroles multicolores; pero lo más importante son los actos religiosos: hay Misas diariamente, con sermón; Comuniones generales, y la víspera del día 12, grupos de danzas autóctonas bailan toda la noche; al amanecer de la fecha esperada, se entonan las “Mañanitas” a la Virgen Morena, y durante todo el día no cesan las visitas del pueblo católico, sin faltar los niños vestidos de “inditos”, añeja costumbre que procede de tiempos inmemoriales.

Durante el Novenario se promueven también peregrinaciones del Seminario Diocesano, de Obreros, de Taxistas, de Comerciantes del Mercado Alcalde, de Deportistas, etc.
Agustín Yáñez Delgadillo, quien nació y pasó su infancia en este Barrio, en su Libro “Flor de Juegos Antiguos”, nos relata sabrosamente sus vivencias infantiles y las celebraciones guadalupanas que vivió en su adolescencia. Nos dice que estas fiestas y las campanas del templo son únicas; que tienen un sonido muy particular durante el mes de diciembre, y para él, finalmente, son las más sonoras de la ciudad. Hay que recordar que en junio de 1871, el Santuario de Guadalupe fue erigido en Parroquia por el Obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo.

Sólo entonces…

Antes de que llevéis al camposanto
mi pobre cuerpo cuando yo me muera,
llevadlo por piedad al templo santo
que oyó de niño mi oración primera.

Allí, donde en mi alegre primavera,
regué mis flores y entoné mi canto;
donde habita mi Virgen hechicera
de tez morena y estrellado manto.

Ponedme frente a Ella, abrid la tapa
de mi negro ataúd y, si un gemido
de mi rígido pecho no se escapa
ni sonríe mi labio enternecido
ni rueda el llanto por mi rostro yerto,
llevadme ya a enterrar…
estoy bien muerto.

Pbro. Vicente M. Camacho (1886-1943)

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