La Abolición La Abolición
Publicado en web el 6 de Diciembre, 2009
Comisión Editorial para el Bicentenario
Uno de los más extraordinarios episodios de la historia insurgente se convirtió en uno de los capítulos igualmente más destacados de la historia humana: la Abolición de la Esclavitud, decretada en Bando Solemne por el señor Cura don Miguel Hidalgo y Costilla, justamente en la Ciudad de Guadalajara, el 6 de diciembre de 1810.
Hidalgo había llegado aquí apenas el 26 de noviembre, pero ya traía en su pensamiento, desde hacía muchos años, la angustia y el desgarramiento interior que ofrecía a toda mente lúcida el espectáculo degradante de la esclavitud humana.
La esclavitud, como institución social, surgió en tiempos que escapan al registro histórico; consecuencia de las luchas tribales o del simple secuestro de individuos por el clan vecino, los seres humanos comenzaron a ser esclavos de otros por la simple ley del más fuerte. Difícilmente podrá encontrarse una civilización que no haya tenido esclavos; en este punto, las grandes culturas indígenas de América fueron tan proclives a tan criminal actividad como cualquier otra raza.
Superada paulatinamente por el mundo cristiano, la esclavitud se mantenía vigente entre los pueblos musulmanes, que no solamente se esclavizaban entre ellos, sino que periódicamente rondaban por las aldeas cristianas secuestrando niños y jóvenes para luego venderlos en los mercados de esclavos.
Pero el progreso de los cristianos en orden a suprimir la esclavitud sufrió un duro revés con el Descubrimiento del Nuevo Mundo. La exigencia de abundante mano de obra para la explotación de las riquezas americanas, y la protección que desde el principio se otorgó a los indígenas prohibiendo esclavizarlos, hizo volver los ojos hacia los mercados musulmanes de esclavos africanos, estallando un mercado vergonzoso que implicó preponderantemente a Inglaterra-Estados Unidos, con una cifra estimada de más de siete millones de esclavos traídos de África; Brasil, con un número aproximado de cuatro millones, y luego España, con casi un millón seiscientos mil.
A lo largo de más de tres siglos de dominación europea, fueron centenares de miles de personas transportadas en las peores condiciones para ser explotadas y sometidas a esclavitud en América. En los dominios españoles frecuentemente los esclavos huían a las costas y, al paso del tiempo, acababan viviendo en libertad. Otros más, eran emancipados por voluntad de sus dueños, pero siempre seguían llegando las remesas humanas para suplir defunciones, escapes o manumisiones.
La formación intelectual, la sensibilidad humana, la apertura a los nuevos tiempos, y el mismo celo libertario que caracterizaron a Hidalgo, son factores que influyeron en la toma de una decisión histórica: decretar la Abolición de la Esclavitud, aun si con tal Decreto afectaba las posesiones y beneficios que obtenían las numerosas familias de peninsulares, criollos, mestizos y hasta indígenas que tenían esclavos bajo su poder. El Decreto, que incluye un solo Título sobre el asunto, dice así:
“Que todos los dueños de esclavos deberán darles la libertad, dentro del término de diez días, so pena de muerte, la que se le aplicará por transgresión de este Artículo”.
Ciertamente fue el primer acto de Abolición de la Esclavitud que ocurría en la América Continental, y aunque su efecto fue muy relativo, al consumarse finalmente la Independencia, en 1821, adquirió toda su vigencia, muchos años antes de que algo similar ocurriese en Estados Unidos.
José Manuel de Herrera
El Presbítero y escritor político insurgente José Manuel de Herrera se sumó al Movimiento por la Independencia de México a fines de 1811, siendo Párroco de Huamostitlán. Lo curioso de su caso es que se desempeñaba como Capellán Castrense en el escuadrón realista a cargo de Mateo Musitu cuando decidió darse de alta con las huestes de José María Morelos y Pavón, quien le dio el título de Vicario Castrense.
De Herrera predicó desde el púlpito de la Catedral de Oaxaca ante Morelos y sus fuerzas cuando esta ciudad cayó en su poder, en diciembre de 1812, y asumió la dirección del periódico insurgente Correo Americano del Sur, que pasó a poco a Carlos María de Bustamante. Enfrentó y venció, en acción de guerra, a los jefes realistas Paris y Rionda, a principios de 1813.
Electo Diputado por la Provincia de Tecpan para el Congreso de Chilpancingo, del que fue Presidente, participó en la redacción de la Constitución de Apatzingán, y en calidad de tal nombró al comodoro Aury como Gobernador de la Provincia de Texas y General del Ejército. En julio de 1815 fue comisionado para pactar una alianza con el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, pero no pudo ir más allá de Nueva Orleans.
A fines del año siguiente, se acogió al indulto general, y el Obispo de Puebla, don Antonio Joaquín Pérez, lo nombró Catedrático de Filosofía en el Colegio Carolino.
Más tarde, siendo Párroco de San Pedro, en aquella ciudad, se sumó en Iguala al Ejército Trigarante, distinguiéndose por su actividad y celo, y recibió el cargo de Capellán Mayor.
Consumada la libertad, Iturbide lo nombró su Ministro de Relaciones Exteriores hasta 1822. A la caída de Agustín I como Emperador, debió ocultarse en Guadalajara, donde se le hizo prisionero en 1825. En 1827 se retiró a la vida privada en Tepozotlán, Puebla.
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