LA MORAL COMO CIENCIA DE LA FELICIDAD
Publicado en web el 6 de Diciembre, 2009
Querida Lupita:
Tengo sida. Tuve relaciones con mis novios y alguno me contagió, pese a que siempre me cuidé; quiero decir que siempreusaba preservativos. Hoy quiero ayudar para que otras personas no se dejen engañar, pues a mí me dijeron que usando condón no había peligro; pero yo hubiera preferido, desde el fondo de mi alma, que me hablaran de saber esperar, de amor y respeto. Me siento usada. Yo sé que mi experiencia puede ayudarte a seguir hablando de castidad, y por eso, destrozada por dentro, quiero hacer algo bueno con mi vida pidiéndote que hables más de lo que sabes hablar.
Marielos
Preciosa Marielos:
Mujer valiente, mujer de Dios. Tu testimonio salvará a muchos jóvenes y adultos de las garras del hedonismo.
Hay artistas y personajes famosos que gritan a los cuatro vientos: “El condón no es cuestión de moral sino de protección”. Y tu experiencia grita como respuesta: ¡Es la moral la que verdaderamente nos protege!
Esta palabra, tan burlescamente tratada, es en realidad la ciencia de la felicidad. El conocimiento y la práctica de las normas morales resulta la más importante realidad en la vida del hombre. Dios imprimió en nuestra naturaleza esa ley y, además, la reveló explícitamente para que “sea conocida por todos, de modo fácil, con firme certeza y sin mezcla de error alguno” (Catecismo de la Iglesia Católica, n.38).
Imagina a una madre que va con su hijo pequeño al mercado. Antes de llegar, pasa por el estacionamiento en donde hay vehículos chicos y grandes en movimiento. La madre advierte con cariño pero con firmeza a su hijo que no debe correr en el estacionamiento, y además debe darle la mano. El niño obedece hasta los 5 años de edad, y después empieza a sentirse grande y suelta la mano de mamá echándose a correr. Ella da la instrucción nuevamente. El pequeño, que ya no se siente tan pequeño, piensa para sí -mi mamá quiere que me aburra. Esto es divertido y lo haré de nuevo-. Así sucede varias veces, hasta que un día llega el accidente. Aquella madre llora, grita, pide ayuda. Han atropellado a su hijo y quisiera que no le hubiera pasado. Quisiera cambiarse por él. No le recrimina, pero piensa en su interior: “Cómo me hubiese gustado que me obedecieras; cómo me alegraría que estuvieras fuera de peligro, sano y feliz”.
Del mismo modo, Dios te ama. Si te pide respetar una norma moral es porque te conoce y sabe lo que te conviene. Y ahora que sufres como consecuencia de tus decisiones, Dios quiere abrazarte. Él quisiera que no sufrieras, que estuvieras sana y feliz. Pero la Naturaleza no perdona.
Entiendo que te sintieras “protegida” usando condón. Esta es la gran mentira que algunos se han encargado de meternos hasta el tuétano. La única conducta recomendable con buena conciencia es la castidad. ¡No somos animales!, no podemos vivir pensando que somos esclavos de nuestros instintos e impulsos. Somos seres superiores con facultades superiores. Por amor podemos esperar el mejor mmento para entregar nuestro cuerpo. Por amor podemos respetar a quien será nuestro esposo o esposa. ¡Por amor podemos ser fieles!
Pero amar es permitir que tu inteligencia, tu voluntad, tu capacidad de compromiso, tu generosidad en la entrega, tu deseo del bien del otro antes que el tuyo propio, gobiernen tu vida. Y la vida moderna, especialmente a través de los Medios de Comunicación, está celebrando la búsqueda del placer a toda costa, haciendo olvidar al hombre que éste no es un fin en sí mismo. Dios nos regala el placer como fruto del amor. Si buscamos el placer por el placer mismo, nos recuerda el psiquiatra Víctor Frankl, fracasamos.
Ruego a Dios por ti y por los que sufren esta enfermedad. Que Él les deje sentir su amor y perdón llenándoles de consuelos en medio de sus penas.
Lupita Venegas/Psicóloga
valora_ac@hotmail.com
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