María, el referente a imitar, El Sacerdocio demanda coherencia evangélica
Publicado en web el 13 de Diciembre, 2009Desde ahora todas las generaciones me llamarán Bienaventurada (Lc 1, 48)
Mons. Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara
La Virgen María es el espejo de las Bienaventuranzas y del perfecto seguimiento de Jesús. Su absoluta fidelidad a la Palabra de Dios, en cada momento de su vida, es la causa de su bienaventuranza. Ella no es Bienaventurada simplemente por ser la Madre del Mesías, sino porque ha escuchado la Palabra de Dios y la ha puesto en práctica (Cf. Lc 11, 28). María crece como Bienaventurada en el seguimiento de su Hijo y camina en la oscuridad de la fe, en la pobreza de espíritu, como modelo acabado de la pobreza de Yahvé.
La fidelidad produce frutos y alegría
El sacerdote, en este cambio de época, puede volver su mirada hacia la Virgen María para encontrar en Ella a la Madre que le alienta a ser evangélicamente dichoso, a vivir un ministerio bienaventurado y santo, pues Ella, mejor que nadie, puede mostrarnos que cuando se vive el espíritu de las Bienaventuranzas se llega a ser muy feliz, a pesar de los retos y obstáculos que debemos afrontar.
En estos tiempos recios, la Iglesia desea que el sacerdote no aparte la mira de Cristo, el Buen y Bienaventurado Pastor, no obstante las dificultades. Estos tiempos reclaman un estilo sacerdotal más coherente con el Evangelio, no sólo en lo que se refiere al amor a la Cruz y una gustosa renuncia por el Reino de los Cielos, sino un ministro más cercano al espíritu de las Bienaventuranzas. Por ello, se necesita un sacerdocio más alegre, entusiasta, y que refleje de una manera más nítida el gozo, la bondad y la caridad de Dios. Nuestros hermanos laicos, particularmente, desean ver a un sacerdote que esté contento de serlo, que se muestre siempre agradecido a Dios por haber recibido ese don.
Para poder responder actualizada y puntualmente a los diversos retos que la evangelización nos plantea al inicio de este milenio, necesitamos vivir nuestro ministerio de una manera más radical; pero entendiendo que la radicalidad no consiste en llegar a posturas extremas. La radicalidad es ir a la raíz, y la raíz es Cristo. Él es el Bienaventurado que nos muestra el camino para ser felices, lo cual se encuentra en la vivencia y apropiación de cada una de las ocho Bienaventuranzas.
El Año Jubilar,
un magnífico contexto
Sólo por Él, y a partir del encuentro con Él, pueden entenderse los compromisos y renuncias en nuestro ministerio. ¿Qué sería una ascética sin Cristo?, ¿una vivencia radical del Evangelio sin Cristo?, ¿una mística sin Cristo?, ¿una espiritualidad sin Cristo?, ¿una evangelización sin Cristo?, ¿un sacerdote sin Cristo? El Cristianismo y la enseñanza de las Bienaventuranzas no se reducen a un código de preceptos morales, sino que el Cristianismo es, ante todo, el seguimiento a la Persona de Jesucristo, según lo asienta el Papa Benedicto XVI en su Encíclica “Deus caritas est”, n. 1.
Si nuestro sacerdocio no lo vivimos en clave de Bienaventuranza, fácilmente perderá su atractivo, tanto para nosotros como para los demás. Este Año Sacerdotal es una oportunidad para ir a la raíz de nuestro sacerdocio: a Cristo, el Sacerdote Eterno, y poder así renovar a toda la Iglesia en el marco de la Misión Continental.
Concluyo con las palabras finales de la Carta que nos ha dirigido el Santo Padre para esta ocasión:
“Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars. Con su ferviente vida de oración y su apasionado amor a Jesús Crucificado, Juan María Vianney alimentó su entrega cotidiana sin reservas a Dios y a la Iglesia. Que su ejemplo fomente en los sacerdotes el testimonio de unidad con el Obispo, entre ellos y con los laicos, tan necesario hoy como siempre. A pesar del mal que hay en el mundo, conservan siempre su actualidad las palabras de Cristo a sus discípulos en el Cenáculo: ‘En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo’ (Jn 16, 33). La fe en el Maestro Divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro.
Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz”.
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