5 de Febrero de 2012
Año XII
No. 783
| Editorial | Edición:

Navidad en tiempos de muerte

Publicado en web el 27 de Diciembre, 2009

¿Cuál es la mayor causa de muerte en México? No lo sabemos con precisión, porque los factores varían de edad en edad, incluso de Estado a Estado, y con otra variante, si la población es urbana o rural. Son diferentes los mayores índices de fallecimiento en los niños (según el Consejo Nacional de Población, CONAPO, la desigualdad social es más evidente entre los menores de cinco años de edad, segmento donde se contabilizan alrededor de 54 mil decesos por año), que en los jóvenes (los accidentes cobran el mayor número de víctimas en esta edad), y que en los adultos y en las personas de la tercera edad.
Pero de lo que estamos seguros es que, sin tener una medición numérica precisa, por lo difícil, metodológicamente hablando, que resultaría elaborar un porcentaje así, sin duda que la corrupción cobra un gran número de víctimas al año en nuestro país. De las miles de ejecuciones, asesinatos y muertos que ha arrojado esta guerra entre Gobierno y narco, y entre los delincuentes entre sí, por ajuste de cuentas, ¿en cuántas ha estado de por medio un acto de corrupción, directa o indirectamente? Sin duda que en la gran mayoría.
Habría muchos casos para ejemplificar. Sólo mencionamos dos recientes. La noche del jueves 17 de diciembre pasado, en Monterrey, elementos del Ejército dieron muerte a un jefe de los “Zetas”. En ese enfrentamiento murieron también dos policías de Zuazua, porque protegían al sicario, y enfrentaron a los militares. Sirviendo a la Seguridad de su Municipio, se corrompieron. ¿Cuántas muertes habría causado tal corrupción?
El otro ejemplo se refiere al conocido asesinato de Arturo BeltránLeyva. Después de su muerte se ha dado a conocer a varias autoridades, de diferente nivel que, corrompiéndose, brindaban protección al “Jefe de Jefes”, como el mismo Beltrán se denominaba. Todo había iniciado con la detención del que había sido Subprocurador, y cuatro colaboradores, hace un año, de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, que suministraban información al apodado como “El Barbas” Leyva. Anticipaban datos sobre operativos.
Además, éste, Arturo Beltrán, se encontraba en el Estado mexicano de Morelos, Entidad que ha sido, desde hace tiempo, relacionada con el narco. La presencia de diferentes narcotraficantes, dicen algunos, no se entendería sin la complacencia de las mismas autoridades. Los casos de corrupción inician desde el Gobernador Jorge Carrillo Olea (“New York Times”, 22 de enero de 1997), a quien también se le vincula con el asesinato del Cardenal Posadas Ocampo. Y otra: en octubre de 2004, la PGR delató la red de agentes ministeriales que daban protección al cártel de Juárez en Morelos. ¿Cuántas muertes ha ocasionado semejante corrupción?
Las consecuencias de este lastre nacional (la corrupción) han provocado, como en la operación contra Beltrán Leyva, que los militares ya no compartan información delicada con la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), y que la PGR quede al margen de las pesquisas, y se quede en algo semejante a una Oficialía de Partes. ¿Por qué? Por la temible corrupción, una de las causas con mayor índice de muertes provocadas en México.
Habíamos hablado, también, la semana pasada, del asesinato de testigos protegidos. La Magistrada Lilia Mónica Benítez López, quien hizo un estudio sobre el tema, señalóque al menos el 80% de ellos, que la Fiscalía de México tenía bajo custodia, en 2002, “desaparecieron”; la mayoría fue muerta violentamente. Si no estuviera algún corrupto de por medio, ellos estarían con vida. Alguien delatósu presencia o descuidó su protección (lo más probable que con intención) y los asesinaron. Gran parte de la solución para mejorar la vida de los mexicanos, entonces, está en establecer, también, una lucha contra la corrupción. Para combatir este mal, el Gobierno ha lanzado, desde octubre de 2008, la denominada “Operación Limpieza”, con el fin de depurar la infiltración del narcotráfico en el Gobierno. Esta iniciativa ya ha dado resultados favorables, y esperemos que no se detenga, que la corrupción no eche a perder este trabajo.
Volver a celebrar el Nacimiento de Jesús es la renovación de la confianza que tiene Dios en el hombre, y es, al mismo tiempo, la renovación que debe tener el hombre para superar todo mal, incluso la corrupción.

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